PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Pocos referentes nos quedan que puedan vestir de lujo la copla como la fallecida que abandonó este mundo la pasada semana y que supo triunfar con sencillez, con elegancia, con maestría y, al mismo tiempo, con tronío y brillo propio. De sus apodos artísticos destaca, por su verdad, el de “La voz de cristal de la copla”, debido a su finura interpretativa. Engrandecía las canciones propias y llenaba de categoría las ajenas, ofreciendo una capacidad de interpretación que acariciaba los sentidos, generaba esa escenificación artística que otorgaba realismo a los contenidos de las letras y le hacía merecedora de la consideración profesional que siempre ostentó. Igualmente, se codeaba con los mejor posicionados en el mundo artístico y se ganó el respeto que le concedió la legión de seguidores que siempre mantuvo. Por añadidura, se hizo presente en los programas de televisión más destacados y subió a los más relevantes escenarios relacionados con la copla y los géneros próximos a ella. Gracia Cabrera Gómez (01-03-1936, Lora del Río-Sevilla-España/02-06-2022, Sevilla-España), conocida, artísticamente, como Gracia Montes, cantante de copla y actriz que intervino con éxito en numerosas cintas cinematográficas, aunque siempre amparada en lo que más se esperaba de ella, es decir su arte coplero.

El novio millonario que la retiró de los escenarios.- Tenía 86 años, se retiró en 2002, pero, así y todo, dedicó medio siglo a la actividad artística. Recogió éxitos constantemente, hasta que le llegó el amor. Nunca se casó, pero sí tuvo un novio catalán, distinguido millonario, que la retiró de los escenarios. Años más tarde, la relación sentimental se deterioró y, entonces, volvió a la copla. Quienes le conocían personalmente, no se limitaban a catalogarle como artista excepcional, sino que, adicionalmente, la consideraban elegante, con clase, refinada, cuidadosa de las formas, de inimitable voz, artista de insuperable predicamento, talentosa y, sobre todo, buena persona. Con su fallecimiento, la copla se queda sin otro de sus grandes exponentes. La artista sufrió un aneurisma en 2006, contratiempo del que se recuperó a plena satisfacción. Pero, ahora, acumulaba dos años de enfermedad a consecuencia de un ictus que ha dado paso a su sepultura en el cementerio de la localidad que le vio nacer, como era su deseo.

Una voz prodigiosa.- Ya, de pequeñita, apuntaba maneras, por lo que sus padres, al observar su claro potencial artístico, iniciaron un periplo de suerte por el mundillo de la canción para darla a conocer y otorgarle la oportunidad de poder exhibir su vena artística. Era la mayor de cuatro hermanos, siendo el resto Encarnación, Juan y Manuel. Realizó su debut teatral, en 1953, en Madrid, con el espectáculo “La copla por bandera”. Pero, además, con nada más que 17 años, se presentó a las “Galas Juveniles” celebradas en el “Teatro Cervantes”, de Sevilla, tomando parte en los espectáculos de diversas compañías de prestigio: Pepe Pinto o Pastora Pavón, así como en las variedades de Mercedes Vecino y “Los Gaditanos”. Como clara maestra del cante jondo, Pastora fue la primera artista que Gracia Montes tuvo la suerte de escuchar. Por ese motivo, ciertos críticos del momento manifestaban que la velocidad de su voz rememoraba a la de la cantaora. También la dolencia en su pellizco flamenco que siempre predominó en sus actuaciones y grabaciones discográficas.

Amplísimo repertorio.- Podemos perdernos en sus canciones, porque son muchísimas, como lo son sus compañías discográficas, recintos artísticos visitados y esos escenarios de privilegio en los que compareció con honores. Mediados los años ’50, cuando se le conocía como Gracita Montes, se produjo su primera grabación para la discográfica “Columbia”, “plástico” en el que figuraban las bulerías “La luna y el río” y “¿Será una rosa?”, piezas, ambas, escritas por Francisco de Val. Programas radiofónicos de los años ’50 le abrieron sus puertas y sus micrófonos, como “Conozca usted a sus vecinos”, con Rafael Santisteban, o “Cabalgata fin de semana”, bajo la batuta del inolvidable Bobby Deglané.

Codiciada por notables directores del celuloide.- Fue contratada por el director Juan Antonio Bardem para formar parte del reparto de un largometraje que ya es pieza integrante de la gran filmografía española, “Muerte de un ciclista” (1955), película en la que interpreta el fandango “Amor, ¿por qué no viniste, amor?”, incorporando versos de “Yo quisiera ser vaquero”, fandango de Pepe Pinto, para lo que grabó, en directo, para la película, una versión diferente a la inmortalizada en el disco original. Sería, después, el también director José Luis Sáenz de Heredia el que le llamara para su película “Historias de la radio” (1955), proponiéndole a Gracia Montes interpretar “¿Será una rosa?”, pero su autor exigió a la productora una cantidad que se alejaba de lo presupuestado y tal exigencia fue rechazada. Por ello, finalmente, la diva de la copla interpreta unos cantos de Almonte que, igualmente, obtuvieron una magnífica aceptación.

Éxitos más notables.- Para las ondas, se produjo su descubrimiento gracias al cazatalentos José Brageli, “fichajes” que practicaba con figuras del espectáculo como Curro Romero, Paquita Rico o Mikaela. Su lanzamiento artístico, bajo el nombre de Gracia Montes, dio paso a su presentación ante el público andaluz con “La Rosa de Andalucía”, un espectáculo con libreto de Ochaíta, Valerio y Solano que, además, contó, en las butacas del sevillano “Teatro San Fernando”, lleno hasta la bandera, con Rafael Gómez “El Gallo”, Juan Belmonte, La Malena o Pastora Pavón y su esposo, Pepe Pinto. Todos concluyeron que la artista ofrecía una voz diferente. Luego, vino el espectáculo “Coplas al viento”, obra artística con la que recorrió España, íntegramente. Compartía escenario, en este caso, con la recitadora Gabriela Ortega, brindando creaciones de Ochaíta, Valerio y Solano.

Éxitos más notables.- En 1968, graba Gracia Montes sus más exitosos temas, destacando “Maruja Limón”, la rumba flamenca escrita por Quintero, León y Quiroga. También cabe mencionar las bulerías dedicadas a su Lora del Río, que se titularon “De Lora, ¡y olé!”, creadas por el mítico trío de compositores ya mencionados. Siguió “Me da miedo de la luna”, ese romance andaluz que, anteriormente, grabaron Concha Piquer, Estrellita Castro o Miguel de Molina. Podríamos seguir con ese “Moscatel”, dedicado a Chipiona, la localidad gaditana en la que veraneaba, sus triunfos televisivos, lo más relevante de la copla y numerosos éxitos más. Pero, cuando el espacio avisa con sus limitaciones, nosotros no podemos rebelarnos. Por lo tanto, solamente nos queda decir que perdemos a una de las grandes, con un repertorio interminable y una discografía que valdrá mucho la pena conservar para siempre. Descanse en paz. Buenos días.