CARLOS MARTÍNEZ SOLER
Las nuevas plataformas de vídeo bajo demanda (Netflix, HBO….) han cambiado el panorama de la televisión actual, y no solo por el amplio abanico de productos que ofertan, sino también por la forma de consumo, permitiéndonos disfrutar de sus servicios en tablets, teléfonos móviles, ordenadores, etc. Junto con esto, muchas de ellas han apostado por fomentar la producción nacional y, esto ha dado a lugar por ejemplo, a que Movistar+ vaya a estrenar en breve la serie La peste, dirigida ni más ni menos que por Alberto Rodríguez, ese realizador que lleva deleitándonos desde hace unos años con obras como Grupo 7, La isla mínima o, la reciente El hombre de las mil caras. Previamente a esta irrupción en el mundo de la ficción seriada, Netflix ya había sacado a la luz la que era su primera obra producida íntegramente en España: 7 Años.


7 años se trata de un notabilísimo trabajo llevado a cabo por Roger Gual, director de la excelente Smoking Room. Esta cinta se mueve en la línea de otros títulos como El método, Cube, Locke…, todas ellas obras que transcurren en muy pocos escenarios, en muchas ocasiones solo uno, en las que asistiremos atónitos al viaje emocional y físico que experimentan sus protagonistas. En el caso de 7 años la premisa es sencilla: una joven y prometedora empresa se ve envuelta en una trama de corrupción de la que sus 4 socios principales son partícipes. Avisados por las autoridades los protagonistas debatirán sobre quién de ellos asumirá el delito, la entrada en la cárcel, y la pena de 7 años de prisión.
La cinta de Roger Gual se articula en una puesta en escena sobria, contundente, en la que los diálogos y su excelente plantel de actores, entre ellos Paco León y Juana Acosta, son los motores que hacen funcionar la máquina. Aquí lo importante son los secretos, las envidias, la doble moral en la que se mueven los personajes, los cuales luchan todos ellos por salvar su culo. 7 años tiene el gran mérito de ser un filme que pese a ocurrir en un solo escenario fluye de forma ágil, natural, sin que el espectador pueda tomarse un segundo de respiro, de aliento, pues cualquier mínimo fallo, despiste…, supone hipotecar la vida de uno de sus 4 personajes, ésos con los que hemos convivido durante unos grandiosos 76 minutos de metraje.