ANTONIO F. JIMÉNEZ

Antonio Lara, más conocido comTonoo Tono, fue un humorista perteneciente a esa otra generación del 27, la de Jardiel Poncela, Miguel Mihura, etcétera. Tono tiene un libro que se llama Diario de un niño tonto donde al lector le brota una risa bobalicona pensando que todos los críos que se va a cruzar ahora por la calle tendrán el ingenio y el donaire del niño de Tono. En una caseta de la Feria del Libro Antiguo en el Paseo de Recoletos de Madrid hay un pilar lleno de Tonos, Poncelas y Cambas a precio de chatarra. También hay muchos árboles empingorotados, como los de la entrada a Caravaca, que estos días nievan con sus pólenes y sus mocos herbáceos todas las calles y todas las cabelleras. Igual que las matas meonas hieden a orín gatuno, estas motas inasibles como copos, algunas muy bonitas, son inodoras, como los mosquitos, pero tienen algo de cardo que comienza raspando y luego te hinca el aguijón. Este desprendimiento parsimonioso desde los cansados ramales no les hace ninguna gracia a los alérgicos, que van todo el día de Dios con la queja gangosa y constante mirando a la gente con la diabólica irritación ocular. Ya advirtió Gustavo, el niño tonto de Tono, que le daba la sensación de que las personas mayores son menos serias de lo que él pensaba. Ahora la gente ya no usa la palabra alergia, sino astenia. Astenia primaveral. Una especie de existencialismo, o nostalgia inverniza, que bloquea la voluntad del sujeto. Ni amores, ni sangre, ni primaveras. Astenia. Un andaluz la definió de forma más hiperbólica y no por ello menos exacta: es como llevar a un tío enganchado a mis hombros todo el santo día. Tono también era de Andalucía, posiblemente igual que su niño tonto, del que podemos aprender muchas cosas aunque el crío solo sepa decir ta-ta.