Pedro Antonio Hurtado García

No es la pandemia una protagonista sencilla de la actualidad, sino compleja, que salpica a numerosos sectores y colectivos, prácticamente sin dejar nada libre de su sombra y sus efectos.

Por ejemplo, los vinculados a la hostelería están inquietos, impacientes, inseguros y al borde de una ruina irreversible. Adaptaron sus instalaciones, tal como se les indicó, con considerables inversiones. Ahora, no pueden abrir. Es lógico y es normal, para evitar contagios.

Pero, esas ayudas prometidas, que no les llegan, deben considerarse, ponerse en marcha y asignárselas, como hacen otros países. De nada tienen culpa y, socialmente, no hay por qué convertirles en damnificados de algo que no han creado. Necesitan amparo, protección, ayuda y esa cobertura que les amortigüe una caída irremediable.

Siendo la hostelería uno de los sectores más señalados, existen otros menos ruidosos, pero tienen detrás personas respetables, trabajadores incansables que levantaron sus negocios o sus actividades para ganarse la vida y, ahora, hace meses que no ingresan ni un céntimo, como es el caso de los músicos. Y no queremos referirnos a los de éxito, que, ciertamente, se supone que pueden gozar de “colchón” económico, sino a los de las charangas, bandas de música, conjuntos, orquestas de animación y todos esos artesanos del pentagrama que han consumido sus ahorros y se han quedado más tiesos que la mojama. ¿No hay ayudas para ellos?.

Y no digamos nada de los feriantes, que siendo poquitos, son personas, familias y, en definitiva, colectivos que merecen atención, apoyo y consideración. Y, así, podríamos seguir reseñando otros muchos sectores. Es injusto que los políticos, por ejemplo, sigan percibiendo sus honorarios completos, con actividad o sin ella, mientras, otros, cultivan miseria. Buenos días.