FRANCISCO SANDOVAL

La comarca del Noroeste tiene tres castillos de especial importancia: el de Moratalla, el de Mula y el de Caravaca de la Cruz. Indagaremos a continuación en algunos aspectos que me parecen interesantes desde el punto de vista constructivo. Por supuesto, hablar de su extensa historia excedería estas líneas, por lo que me voy a centrar en comprender por qué presentan la imagen que vemos hoy a través de su evolución en el tiempo.

TAPIAL O MAMPOSTERÍA

Nuestros castillos heredaron la técnica constructiva musulmana: el tapial. Esto no es más que tierra húmeda apisonada y compactada entre tablas de madera que sirven de encofrado. Como la tierra empuja al tablero hacia afuera, se introducen unas agujas o listones cada cierta distancia que dan estabilidad. Cuando la composición seca se retiran los tableros de madera. Si se retiran también las agujas quedarán unos agujeros (caso de Moratalla en sus murallas a norte) y si se dejan se obtiene un alzado como el de la torre Chacona (caso de Caravaca).

Con la conquista cristiana, las Torres del Homenaje se fueron rehaciendo con otras técnicas que emplean la piedra, como la mampostería y la sillería. Así sucedió en la de Moratalla, que ya en 1507 se describe “de cal y canto” y en la de Mula, inserta en un castillo reconstruido enel siglo XVI sobre otro anterior de origen islámico. Sin embargo, no pasó lo mismo con la Torre Chacona de Caravaca. Entrado el siglo XVI se siguen describiendo obras de arreglo de los muros de tapial en dicha torre hasta tal punto que, en fotos de principios del siglo XX aún se aprecia una torre construida en tierra. Pero un desastre pronto daría a pie a su transformación.

En abril de 1946 unas fuertes lluvias provocaron el derrumbe del muro norte de la Torre Chacona. Desde luego, debió de ser un evento excepcional, y es que según los datos de la serie de lluvias de Caravaca (1933-2018) aquel abril de 1946 ostenta el récord de precipitación mensual. El caso es que para la reparación de tal desastre la Dirección de Patrimonio Artístico Nacional rehízo el muro con la obra de mampostería que hoy vemos. Afortunadamente, en los muros sur y este de la torre aún hoy se conserva en gran parte la obra de tapial, técnica original del edificio que resulta más fácil de comprender tras la restauración de 2003 realizada por el arquitecto Joaquín Pozo, una intervención en la que se destaca la inclusión de las agujas permanentes, lo que facilita la lectura del proceso constructivo.

En el castillo de Mula, por ejemplo, es fácil percibir cuál es la estructura islámica y cual la renacentista, puesto que la primera es de tapial y la segunda de mampostería y sillería. Desafortunadamente, en algunas partes se complica su interpretación porque también este monumento sufrió una descaminada intervención el pasado siglo con la sustitución de paños de tapial por otros de mampostería sin criterio alguno.

ALMENAS

Los visitadores de la Orden de Santiago describen en 1468 las torres de Moratalla y Caravaca como “pretiladas y almenadas”. No estamos seguros de la forma exacta de las almenas de la Chacona y de si coincidían con las que vemos hoy, pero sabemos que existían. Caso distinto sucedió en la Torre del Espolón de Lorca. Con el terremoto de 2011 gran parte de esta torre se vino abajo, incluyendo las almenas de la coronación. Tras la restauración efectuada por el arquitecto Francisco Jurado la torre ya no las luce, pues fotos antiguas confirmaban que la torre no tenía almenas hasta 1970, año en que una desafortunada restauración (como tantas otras en aquella época) se las inventó como reinterpretación historicista. Además, una investigación concluyó que ante una sacudida sísmica como aquella de 2011 no se podría garantizar la estabilidad de las mismas.

EL PASO DE RONDA

Junto al pretil o parte superior de la muralla se dispone el adarve o paso de ronda, el lugar desde el que se defendía más activamente la fortaleza. Aunque puede estar en el mismo plano vertical de la muralla, una práctica muy común era realizarlo en saledizo, es decir, colocar en la coronación de la torre o muralla unas ménsulas de piedra y sobre ellas el paso de ronda protegido por el pretil y/o almenas. De esta forma se dificultaba al enemigo trepar por el muro. Así, como testimonio de ese paso de ronda saliente vemos hoy aún las ménsulas que lo soportaban (llamados también canes) en lo más alto de la torre del homenaje de Mula. La Chacona de Caravaca lo tuvo, pero lo perdió en el siglo XVI, mientras que en Moratalla esos salientes no eran un paso continuo, sino unas garitas en las esquinas y en el centro de cada muro, en total ocho garitas, de las que al igual que en Mula solo se conservan los soportes.

Por eso, cabría la siguiente reflexión: ¿hasta qué punto se puede reconstruir un castillo? Queda claro que si se rehicieran estos pretiles en saliente la imagen que tenemos de esas torres cambiaría mucho.

LA RESTAURACIÓN OBJETIVA

Quiero concluir recordando, como he hecho en algunos artículos anteriores, la importancia de la corriente actual en restauración de monumentos. Hoy día conocemos estos edificios mejor que nunca gracias a las investigaciones científicas y los trabajos arqueológicos. La restauración de la Torre Chacona empleando la misma técnica que quienes la levantaron hace ocho siglos fue posible debido al conocimiento de la obra, de los archivos históricos y sobretodo a los datos que arrojaron las excavaciones arqueológicas de 1994, como por ejemplo, la distanciaentre agujas o la altura de cada cajón o “tongada” de tapial. No podemos exigir, por tanto, el rigor necesario a aquellas restauraciones de los ’50, ’60 o ’70 del siglo XX porque carecían de estos estudios previos que permiten, hoy, restaurar e interpretar de la forma más objetiva posible.