Pedro Antonio Muñoz Pérez

Seguro que lo saben, pero no está de más recordarlo: Archivel contiene en el subsuelo un auténtico tesoro arqueológico. Y no lo digo por las viejas leyendas sobre ollas repletas de monedas de oro y el castillo fabuloso debajo del cerro, sino por la cantidad y calidad de los vestigios encontrados después de muchos años de paciente intervención arqueológica. En los alrededores y en el mismo asentamiento donde ahora se encuentra el pueblo, cualquier cata o remoción en el terreno deja al descubierto los restos de quienes nos precedieron. Y esta riqueza histórica y patrimonial, a pesar de los inconvenientes para los propietarios que, por ejemplo, se ven obligados de vez en cuando a soportar cómo se paraliza una obra, merece ser estudiada con rigor, difundida para su conocimiento y, en algunos casos, conservada, como así se está haciendo con las ruinas del castillo romano del Cerro de las Fuentes. Vaya desde aquí mi reconocimiento a la labor de los numerosos arqueólogos, arqueólogas y técnicos que han participado en las excavaciones, en especial para Paco Brotóns, arqueólogo municipal, cuyos informes exhaustivos y rigurosos arrojan luz sobre la vida en Archivel en esos períodos remotos e inciertos de los que no tenemos noticia escrita.

Trabajos en El Cerro de las Fuentes (La Verdad, 27 julio 2001)

Trabajos en El Cerro de las Fuentes (La Verdad, 27 julio 2001)

El núcleo habitado de Archivel (aunque entonces no se llamara así, claro) tiene una antigüedad probada de alrededor de 5.000 años.  Sin duda, la abundancia de agua y la disponibilidad de tierras de cultivo en su entorno fue el principal motivo de atracción para la llegada de sus pobladores primitivos. El primer asentamiento estuvo en Casa Noguera y se trata de un poblado de chozas circulares del Calcolítico (la llamada Edad del Cobre). No se conoce su extensión, pero se han encontrado restos de este poblado no solo en el solar donde se ubica el Salón Social, sino también en las faldas del montículo donde está la iglesia y hasta las inmediaciones de las cuevas. De ahí, los habitantes se desplazaron al cerro, en un momento en el que las condiciones históricas les obligaron a defenderse construyendo poblados fortificados en cotas elevadas. Se trata de la llamada Cultura del Argar, en torno al año 1.800 a.C (Edad del Bronce). Los arqueólogos han hallado lienzos de murallas de esa época convulsa y apasionante en la cima del Cerro del Santo.

Para no perderse en estos saltos cronológicos, hay que comprender que nos movemos en amplios períodos de tiempo (siglos e incluso milenios). De nuevo nos bajamos de las alturas, para encontrarnos con los restos de la civilización ibérica (entre los siglos VII y I a.C.), también en Casa Noguera y en la importante necrópolis (cementerio) hallada en las inmediaciones de El Villar. Los expertos no se ponen muy de acuerdo, pero manejan la hipótesis de que el poblado ibérico pudiera encontrarse justo debajo de las casas actuales del pueblo, donde las obras de conducción de agua potable o de alcantarillado han dejado con frecuencia al descubierto restos de vasijas, enterramientos, túneles incluso y toda clase de indicios sobre la presencia de esta civilización protohistórica. En el entorno del Castillico, tenemos señales de la existencia de un santuario de esta época, con sus correspondientes exvotos (depositados en el Museo Arqueológico de Murcia) y con parte de una columna que actualmente se halla en el Museo de la Soledad de Caravaca.

Los romanos contribuyeron con su presencia a dar relevancia a esta humilde población (como a toda la zona, por supuesto, cuyo epicentro administrativo se encontraba en los oppida, poblados amurallados, del Estrecho de La Encarnación). Las guerras civiles entre César y Pompeyo (siglo I a.C.) se libraron también en Hispania y con este motivo se levantaron dos instalaciones militares para controlar el territorio y asegurar la intendencia al paso de los ejércitos. Para ello, aprovecharon la situación estratégica del Cerro de la Cabezuela de Barranda (donde hay una turris) y del Cerro de las Fuentes de Archivel, en cuya cima levantaron un castellum, que debería de ser el orgullo de los archiveleros. En ambos casos, se trata de unas de las escasas muestras de la arquitectura militar romana de época republicana en toda España. La extensión de un artículo de estas características no da para describir la espectacularidad del yacimiento en el que se encuentra el castillo romano de Archivel. El recinto amurallado cuenta en su acceso norte con dos imponentes torres, así como una curiosa estructura defensiva, llamada titulum, para proteger la puerta principal de los ataques con maquinaria de guerra artillada. Los hallazgos materiales, si bien no demasiado abundantes ni extraordinarios, permiten un análisis muy interesante sobre la evolución del conflicto en ese momento histórico crucial para la expansión de la civilización romana y su incidencia en la romanización de estos remotos lugares.

Una de las últimas intervenciones alumbró un nuevo período de ocupación en la cima del Cerro de las Fuentes. Justo dentro del recinto del castillo romano (en su esquina sureste) y aprovechando las mismas murallas, en el siglo IX, durante la denominada “época emiral” de la presencia musulmana, se habilitó un barrio de probable factura muladí. Esta aldea encastillada (posiblemente un hisn), tuvo también sus torres de defensa y, aparte de los restos de las viviendas y patios, han aparecido los hoyos de los silos de almacenaje y trazas de una fundición.

Los descubrimientos no han finalizado. Queda aún mucho material bajo tierra a la espera de ser desvelado. En sucesivas campañas de excavación, habrá nuevos hallazgos que complementarán la ya notable cantidad de información disponible sobre el pasado archivelero. Esperemos que sea posible continuar el trabajo científico y permanezcamos atentos a sus resultados. Los archiveleros y archiveleras (toda la ciudadanía del municipio y de la región por extensión) tienen que conocer su pasado para ser capaces de valorar y respetar su patrimonio (y viceversa). Sería interesante abordar diferentes iniciativas al respecto: la creación de un “centro de interpretación” que ofrezca recursos para divulgar el conocimiento de lo que estoy apuntando sumariamente, tanto a propios como a extraños. Podría estar situado en las dependencias del Salón Social y disponer de paneles explicativos, montajes audiovisuales, planos, fotografías de los trabajos realizados y de los hallazgos, etc., de manera que se tuviera una idea previa antes de visitar los yacimientos y demás parajes de interés arqueológico. De igual manera, se podría exponer periódicamente las piezas más representativas encontradas en Archivel, aparte de celebrar conferencias y actos culturales relacionados con esta temática. Todo ello promovido por el área de cultura del ayuntamiento, bajo la supervisión del personal responsable y cualificado del Museo Arqueológico Municipal de La Soledad y con el objetivo principal de que la gente aprecie la verdadera trascendencia de esta riqueza patrimonial en la reconstrucción de un pasado que a todos nos concierne.

(Toda la información, ampliamente desarrollada, estará disponible cuando se publique el libro “Testimonios para la historia de Archivel”. Email de contacto: pedroamupe@gmail.com)

Ilustración: Recorte de prensa. La Verdad, 27 julio 2001