José María Ortega González.

Quien espere de esta humilde columna un linchamiento de Domingo Aranda por su imputación en una causa judicial, que no siga leyendo.

Quien espere un juego floral elogioso del buen médico y opinable alcalde, tampoco encontrará aquí el caldo que sacie su apetito.

Vaya por delante que yo no comparto la mayoría de las opiniones políticas de Domingo Aranda, lo cual no significa que encuentre algún consuelo en el mal que le ocurra.

Sería mejor para todos que la justicia no apreciara ningún tipo de delito en la actuación de Domingo Aranda. Por un lado necesitamos que la justicia sea efectiva, que haga, eso, justicia. Por otro, cuantos más casos de supuesta corrupción se destapan, más huele a cloaca esta sociedad. La sociedad necesita ejemplaridad en sus gestores, y ejemplaridad en las medidas judiciales contra quienes sean culpables.

Yo, no tengo ni idea de si Aranda es culpable o inocente, pero sí sé cómo ha terminado la fiesta de los que prometían el maná y lo han llenado todo de mierda! ¡Cuanto proyecto megalómano en agua de borrajas, cuanto fomentar en los pueblos de actitud de espera, ante la inminente lluvia de más ladrillos y más millones!

Todo en el ambiente sugería- No te formes, no te perfecciones, no hace falta. En Cehegín se va a construir la fantástica zona comercial conocida como Argostea, en Bullas, un complejo rural con 4000 viviendas y campo de Golf, otra gran urbanización del Roblecillo en Caravaca, otra aldea ecopija a la entrada de Bullas con más de un millón de metros, la superpromocion del Chaparral, las magnificas nuevas ciudades . Lo dicho, no te formes, no innoves, no titules, porque ellos nos traen un futuro lleno de empleo y, sobretodo muchas, muchas obras y pasta gansa per tutti.

Y al final todo escondía este erial en el que nos metieron. Ni estaban los clientes, ni se podían pagar las hipotecas por los terrenos comprados a precio de oro, ni había proyectos reales, factibles y serios, sólo un lodazal de especulación pilotada por cuatro listillos cuyo gran negocio consistía en recalificar, vender y correr sin haber puesto nunca un duro de su bolsillo.

La gran infamia del modelo resort ha terminado en absoluto desastre, en decenas y decenas de causas judiciales, en procesiones de mediocres que se vendieron por un chalet, un cochazo o un maletín. En equipos de fútbol hechos en aldeas con trazas de primera división.

Los planos de este modelo estaban manchados de gin tonics, olían a puticlub, y estaban perpetrados por fulanos con barrigas hinchadas compulsivamente con marisco para nuevos ricos.

A Domingo Aranda, antes de que la Guardia Civil llegara, con la orden judicial, a registrarle los cajones, le llegó una sentencia, relacionada con asuntos urbanísticos mal gestionados, en relación con el campo de fútbol del Morao, por la que el Ayuntamiento, es decir, el contribuyente caravaqueño, tendrá que pagar cerca de 10 millones de euros de compensación a una UTE.

Pues bien, tras tanto furgón policial, tantas imputaciones, unas de los que serán declarados culpables y otras de inocentes, tras tanta promesa de empleo y riqueza en agua de borrajas por la quiebra del modelo ¿dónde están las disculpas de quienes propiciaron la orgía?

Aznar hizo la ley del suelo que propiciaba este desastre, Valcárcel la adaptó a la región. alcaldes como el de Bullas lo son gracias a haber engañado a su pueblo asegurándoles bienestar ligado a proyectos que ellos favorecerían; y Domingo Aranda y su Concejal de Urbanismo, pudieron y no quisieron dejar pasar el carro de la especulación urbanística.

El fracaso descomunal del modelo ha dejado en la región decenas de proyectos abortados como el roblecillo, un aeropuerto sin aviones, autovías privadas inviables que pagaremos todos, miles de familias estafadas en Campos del Río, huertas que eran productivas y recién modernizadas con subvenciones públicas que han sido recalificadas como solares y hoy están abandonadas, palizas a los pocos concejales de algún pueblo que se oponían al disparate, persecución de personas que no creían en este modelo, un palacete protegido en Bullas cuyo siguiente estado será el de escombro…

Y ni una disculpa en todo este tiempo. En público, ni un rastro de propósito de enmendar los errores. Culpable o inocente –ojalá inocente- Domingo Aranda, como persona, debe varias disculpas a su pueblo, por haber apostado fuerte por un modelo podrido. Se pide algo a aquel de quien se espera algo, por eso lo escribo.

A Valcárcel o a Aznar, timoneles del modelo urbanístico naufragado, no hace falta pedirles nada. Ellos bastante tienen con su rencor infinito y la evidente preocupación por el tema de los sobres de Bárcenas, turbio asunto que podría acabar devorando cualquier resto de prestigio que les quede.