ANA MARÍA VACAS

Para intentar ser justa y coherente al hablar del músico Ara Malikian , hay que utilizar sus propios medios de convicción, quitarse la chistera ante él y utilizar con medida y sentido las palabras. Daré unas pinceladas históricas que considero esenciales para continuar. Ara nació en el seno de una familia Armenia, en Beirut, Líbano en 1968, se inició en el violín a muy corta edad de la mano de su padre, parte primordial en su formación como músico, el cual le ayudo a entender que con esfuerzo y dedicación podría cambiar su destino, para ello sólo necesitaría su violín y voluntad para conseguir que se abrieran enormes posibilidades fuera de su país, ya que las dificultades aumentaban en su tierra natal por el conflicto civil que acontecía. Su talento fue reconocido tempranamente dando su primer concierto a la edad de 12 años donde ya ponía de manifiesto su genialidad.; dos años más tarde consigue una beca del gobierno alemán encauzando profesionalmente como músico de manera definitiva.

Yo no quiero que este artículo sea uno más de los redactados en los que se muestra un recordatorio de cada uno de los meritos adquiridos durante su carrera, puedo asegurarles que son muchos entre premios, conciertos, discos, colaboraciones, gestos altruistas, una impresionante e interminable lista; sin embargo me encantaría que me permitieran describir a la persona que pude sentir, percibir claramente durante su actuación, dicho sea de paso la mejor de todas las que he presenciado en directo. Amante de su variado público con el que se muestra cercano y para el que no diferencia edad, teniendo la aptitud de regalar a cada uno lo que necesita. Genio, contador de cuentos e historias, mago, comunicador, cualquiera de estas palabras e incluso todas ellas juntas no llegan a tener la precisión de definir lo que los espectadores pudieron presenciar el día 29 de Junio en su concierto titulado “La historia de mi violín”, en la explanada del Santuario de la Santísima Cruz en Caravaca.
Enriquece su espectáculo con las vivencias sufridas en su infancia, que moldean su personalidad mostrándonos a una persona de interior humanista, reflejando en cada una de las palabras pronunciadas con acierto, en cada una de las intervenciones magistrales a modo de preámbulo de cada obra musical, que desarrolla a lo largo de las dos horas y media que dura la puesta en escena y que pasan como un suspiro al presenciar tan sencillo y complejo personaje. Persona sensible adornada con un vestuario original, que solo con observarlo te transporta a diferentes espacios de tiempo, donde transcurre cada uno de los capítulos narrados, acompañados individualmente por una música adaptada u original hecha a medida del momento; intensa, cómica o a su vez dulce, sentida, rodeada de danza y sueño, suavemente relatada con su voz, nos embruja sin remedio hasta su infancia y música Armenia, en su adolescencia y música de rock, entre percebes y raíces gallegas, tantas y tantas etnias musicales, que puedes sentir cualquier parte del mundo escuchando los sonidos que produce su violín y de cada uno de los instrumentos que lo acompañan acariciados por sus compañeros de aventuras tan afines y complementarios que suenan como uno solo. Es honesto reconocer la valía de la percusión, guitarra, chelo, contrabajo, violín y viola, imprescindibles para transmitir intensamente, intención conseguida desde que aparecen sus figuras ante el espectador mostrándonos un espectáculo lleno de emoción y energía. Señores, se prodiga magia por todo el escenario, músico de músicas, narrando con su voz y su alma, la admirable historia de su violín. ¿Usted que sintió?