RAQUEL LÓPEZ ABELLÁN

O al menos eso pareció el pasado 21 de Julio, Sábado, en la Plaza de Toros de Caravaca de la Cruz, durante su concierto.

Eso parecía a juzgar por la explosión emocional que brotaba en forma de ondas, desde el escenario hacia un público entregado y conmovido.

ARA MALIKIAN

ARA MALIKIAN

Eso parecía si atendías a la cantidad de gente que, desde la grada, bailaba al son de la música en movimientos “woodstocknianos”.

Y, sobre todo, eso parecía, magia parecía su sola presencia, a juzgar por las caras de los niños y niñas de las enseñanzas Suzuki del Conservatorio y Escuela de Música Leandro Martínez Romero, mientras tocaban para Ara. Para él, tal como días antes habían soñado.

Y esta historia merece ser contada, precisamente por su belleza y su magia, y en modesto agradecimiento a quién jamás deja de inventar, de organizar, de preparar, de pensar y repensar, con el fin de hacer de nuestros niños, de nuestros hijos, cuanto menos, amantes de la música y, con ello, mejores personas.

Sirva este profano artículo como homenaje para ella, para Mabel, Profesora de violín y método Suzuki en la Escuela de Música y Conservatorio de Caravaca de la Cruz.

A Mabel, como le suele suceder (es un fenómeno que acontece dentro de su ser de forma irrefrenable, ¿qué le va a hacer?) se le ocurre una idea. Se ha hecho con un cartón a tamaño real de la figura del gran violinista Ara Malikian y quiere que los alumnos preparen, durante el mes de Julio (ella no le tiene miedo a nada) un pequeño concierto ante la figura de cartón del Sr. Malikian para que, una vez grabado, pueda ser difundido por redes sociales hasta que alcance a su flamante protagonista. A su versión de carne y hueso. Con el objetivo, en principio poco accesible, de que éste enternezca su corazón y se avenga a un encuentro con los pequeños.

Y se alinearon la inagotable motivación de Mabel y la deslumbrante y manifiesta ternura del Sr. Malikian, que contestó, emocionado, con un sí.

Y el resto, es historia:

Ara recibió a los niños (y a sus padres), se fotografió con ellos, firmó violines y grababa con su móvil, como si no fuera una estrella, el mini concierto que éstos le ofrecieron. Y los niños y niñas nos miraban aturdidos, contándonos con las chispas de sus ojos que se había cumplido el sueño. Que estaban allí, tocando para Ara Malikian. Y nosotros, los papás, no podíamos sino sentirnos agradecidos por sus miradas incrédulas y la alegría de sus risas, sabiéndose atendidos, reconocidos y valorados por un gran mago.

Después, sobre el escenario, regaló a todos los presentes su arte y su encanto. Relató, en melodías y danzas, entre risas y anécdotas, su historia y su lucha, su enseñanza y su vida. Y nos dejó la sensación de que también con un violín se puede hacer magia.