PASCUAL GARCÍA

Así, con este título tan contundente y ambiguo a un tiempo, encara el novelista Antonio Soler, sin duda uno de los escritores más importantes de este principio de milenio en español, una aproximación histórica, una excelente y rigurosa crónica sobre los movimientos anarquistas españoles de finales del siglo XIX y primera mitad del XX, encarnados sobre todo en la figura sobresaliente de Salvador Seguí, el Noi del Sucre, pero a la que se suman otras figuras preponderantes del ambiente sindical y político de los años a los que va referido el relato.

PASCUAL GARCÍA

Así, con este título tan contundente y ambiguo a un tiempo, encara el novelista Antonio Soler, sin duda uno de los escritores más importantes de este principio de milenio en español, una aproximación histórica, una excelente y rigurosa crónica sobre los movimientos anarquistas españoles de finales del siglo XIX y primera mitad del XX, encarnados sobre todo en la figura sobresaliente de Salvador Seguí, el Noi del Sucre, pero a la que se suman otras figuras preponderantes del ambiente sindical y político de los años a los que va referido el relato.
Debo decir que, a diferencia de otras muchas novelas de este corte, la de Antonio Soler destaca por un trabajo exhaustivo de documentación que le permite seguir muy de cerca cada uno de los movimientos y de las estrategias del conocido anarquista catalán, entreverando en ocasiones con buen juicio y una pluma estupenda lo personal y lo sindical, lo íntimo y lo común a quien desee acercarse a a los años más convulsos del movimiento obrero en España y que habrían de desembocar en la Segunda República.
Existe una corriente que se queja del exceso de novela sobre el conflicto político en España por excelencia y que en esta novela viene polarizado por la patronal, los principales sindicatos del momento y por el gobierno. Yo creo que los acontecimientos históricos, sociales y políticos de la segunda mitad del siglo XIX y de todo el siglo XX deben ocupar todavía muchos libros de ficción o de ensayo, porque por ambos camino es posible llegar, si no a la verdad absoluta, a sus prolegómenos, a sus causas, a sus meandros y despejar infinidad de incógnitas que, al parecer, solo a unos cuantos, no les interesa compartir con todos nosotros.
Antonio Soler hace una apuesta valiente en esta novela, sobre todo, porque se centra en la degeneración de algunas iniciativas anarquistas y sindicalistas que, en algún momento de nuestra historia y por desgracia, devienen pura delincuencia y crimen. El Noi del Sucre es un ejemplo paradigmático y el escritor malagueño, con una inteligencia incisiva y valerosa, scierta en todo momento en la aproximación narrativa a unos personajes y a unos hechos y dota a la obra de un ritmo vibrante y sugestivo que no empece en absoluto ni la verosimilitud ni la intensidad histórica. Y, aunque se trata de un relato con final anunciado, como todos los de carácter histórico, la trama mos mantiene en vilo a lo largo de toda la lectura, con el añadido de esa crítica imprescindible en casi todas las grandes fábulas históricas, pues un gran escritor no revisa el pasado para darle la razón, sino todo lo contrario: “España, neutral y siempre colocada de perfil, está podrida. Eso es lo que siente el hormiguero. Eso es lo que estremece el edificio entero del país.”
Tampoco el título, como indicábamos al principio, parece en vano, y tal vez aquí resida la clave narrativa del relato, pues al cabo, Salvado Seguí padece, al final, la traición de los suyos, como di estuviéramos ante el símbolo histórico de nuestra propia patria, engañada por los suyos y por los otros y naltratada, al fin, por todos. Frente a la división, nuestro protagonista mantiene una idea clara durante toda su lucha: “El Noi del Sucre entiende que todas esas cuestiones, anarquistas puros, sindicalistas y probolcheviques, son secundarias y que el movimiento obrero sólo tendrá una opción de triunfo si permanece unido.”
Ésta es pues la historia apasionante, minuciosa y lúcida de un soñador abocado a un fracaso y de un sueño que nunca llegó a cumplirse del todo. El final de la historia parece una parábola de la propia España: “El cuerpo de Seguí quedó en medio de la calle. Durante unos momentos un espasmo eléctrico le convulsionó una pierna. Luego nada. Todo quedó como un maniquí que hubiera caído de un camión de mudanza. Un objeto olvidado y raro sobre un charco espeso, no demasiado abundante.”
La aventura de acabar una novela de Antonio Soler solo puede afrontarse por la esperanza de que muy pronto publique otra más.

EDITORIAL: GALAXIA GUTEMBERG