CARLOS MARTÍNEZ SOLER

El apocalipsis probablemente sea uno de los temas más recurrentes dentro del audiovisual. Hablando mal y pronto, el mundo se ha ido a la mierda en múltiples ocasiones por variadas razones: un meteorito, una tragedia nuclear, la llegada de los zombies, etc. Teniendo esto en cuenta, que Netflix se lance a realizar otra serie postapocalíptica parece cuanto menos una decisión cuestionable, pues yo creo que el gran público ya está un poco harto de ver siempre lo mismo.

Dicho esto, me acerco a Daybreak con cautela. No espero nada nuevo, ni sorprendente en este nuevo producto creado por la citada plataforma televisiva. De hecho, vistos sus cuatro primeros episodios, no puedo decir que esta serie sea una obra de arte, de hecho, ni se le acerca. Sin embargo, Daybreak, relato creado para el público adolescente es una obra graciosa, entretenida y por momentos un poco macarra. Una serie muy en la onda de la generación MTV, ésa que consume vídeos de corta duración, donde destacan el montaje acelerado, el uso reiterado de voz en off, la ruptura de la cuarta pared…, y un sinfín más de recursos técnicos cuyo único propósito es ocultar sus vacíos y poco trabajados guiones.

Daybreak se mueve en esa línea, pero lo hace con honestidad, sin ocultar sus cartas. Uno cuando ve su primer capítulo ya sabe lo que se va a encontrar, más que nada, porque su protagonista dirigiéndose a cámara te lo va a contar, relatándonos que el mundo ha sido devastado por lo que parece ser una bomba nuclear, tragedia que ha traído consigo la desaparición de los adultos, los cuales se han convertido en una especie de zombies que deambulan por las calles balbuceando sus últimas palabras. Al frente de la sociedad han quedado los adolescentes que, tras haber vivido en un mundo individualista durante toda su existencia, aquí han decidido formar bandas urbanas que luchan por el liderazgo, por el poder. Al margen de estos grupos, se encuentra nuestro protagonista (Josh Wheeler), un Peter Parker de manual, al que el apocalipsis ha brindado la ocasión para hacerse notar. En este mundo de ruinas, él se siente como pez en el agua, siendo su única misión encontrar a su novia desaparecida.

Daybreak, para que nos entendamos, es una mezcla entre Mad Max y Zombieland, todo en un mismo pack. Dicho de otro modo, una auténtica bomba de relojería donde la autoparodia es su principal seña de identidad.