JAIME PARRA

«Nuestro mayor temor era traer algo aquí [a Apcom] de casa».

En esto coinciden Clara Fernández y Teresa Guirao; la primera, responsable de la residencia Nova y del piso tutelado; la segunda, de la residencia El Copa y de la vivienda Mi Casa.

Ambas aseguran que, gracias a la supervisión y el asesoramiento del Área IV, en Apcom se trabaja con mucha seguridad, a pesar de que es una institución psicosocial y no médica.

La residencia Nova es un servicio destinado a la atención de personas con discapacidad intelectual con necesidades de apoyo intermitente o continuado y con poca autonomía personal, que por distintas razones tengan dificultad para la integración familiar normalizada. En ella viven diez personas con discapacidad intelectual y ocho trabajadores “que durante toda la pandemia han estado dando el do de pecho en la vivienda”, apunta Clara Fernández. Y en el piso tutelado residen ocho personas con cuatro o cinco trabajadores de atención directa a turno, la psicóloga y el trabajador social.

Mientras que en la residencia El Copo, cuya finalidad es dar acogida a aquellas personas con discapacidad y grandes necesidades de apoyo que, por diferentes motivos, no pueden residir habitualmente con su familia, viven veintiséis personas y allí trabajan unos treinta trabajadores. Por su parte en la Vivienda Mi Casa, que se encuentra en la Gran Vía de Caravaca, residen cuatro mujeres.

También convienen Clara y Teresa en que la primera ola de coronavirus resultó más estresante a pesar de que la segunda ha afectado con mayor virulencia a la Región de Murcia. La diferencia, una mayor formación y la supervisión del Área IV.

Sin embargo, y a pesar de que físicamente los usuarios se encuentran bien, Clara Fernández teme las secuelas que deje este encierro tan restrictivo al que se les ha sometido: “han estado tremendamente confinados con medidas muy estrictas. Ahora pueden recibir alguna visita familiar. Pero todas las restricciones que se han tomado para protegerlos han acarreado otros problemas que en el futuro serán bastante graves”.

Abunda en las privaciones a las que se les somete: “Las personas con discapacidad no suben al centro de día, no se relacionan con gente, no ven seres queridos con la frecuencia que quisieran, no disfrutan del entorno al aire libre en comunidad. Si nosotros lo tenemos restringido, imagínate ellos”.

Una situación injusta, sostiene Teresa Guirao, y que ha vulnerado los derechos de las personas con discapacidad, ya que se ha considerado a todas las personas con discapacidad como una población frágil, “pero no es así. Simplemente tienen una discapacidad intelectual y no se les permite salir de estas cuatro paredes”.

Apcom, gracias al compromiso de trabajadores como Teresa y Guirao, se ha convertido en estos meses en un ambiente totalmente seguro.