JAIME PARRA

Salta a la vista la compenetración que han alcanzado nuestros infantes de Castilla, José Antonio Martínez-Iglesias y María Victoria Blanc, quienes representan las figuras históricas de Don Alfonso y Doña Violante del Bando cristiano. Preguntas y a veces responden a la vez o lo hace la uno por el otro.

También que a sus doce años los dos se han empapado de los Cristianos desde la cuna. Hija de templaria y de rey cristiano (además de Cristiano del Año), María Victoria lleva desfilando desde los 5 años.

Antonio, murciano, hijo de templario, nació un mes de febrero y para mayo ya estaba desfilando.

Dos auténticos cristianos, tanto que son los únicos a quien pregunto y no son o no muestran gran interés por ser caballistas.

“Nos lo pasamos muy bien juntos”, responden ambos cuando les preguntas si han hecho buenas migas desde que se conocieron. “También con la nueva sultana y la amazona”.

Ambos prefieren el desfile del día 4; el 3 también, explican, pero a las gradas les falta ambiente. Llueva o no llueva están convencidos de salir, así que no se preocupan por el tiempo. “para dos años que son habrá que aprovecharlos”, responde él. La única queja de ella es por la capa y su peso empapada. Pero quejarse se queja, poco. El año pasado estuvo todo el desfile del 3 dolorida por la corona mal puesta. Lo de él fue peor, un petardo asustó a su caballo, que echó a correr y a punto estuvieron caballo e infante de llevarse a los músicos por delante.

Él se ha vuelto un embajador de las Fiestas de Caravaca, aunque asegura que sus compañeros de clase no acaban de entenderlas bien. Eso sí, le acompañaron sus amigos Carlos y Pablo y su profesora. “Me llamaron después y me dijeron que lo hice muy bien”.

Para terminar desean al unísono que los caravaqueños se lo pasen tan bien como ellos, que el desfile del 3 tenga más público y, antes de terminar, estos dos cristianos de pura cepa dan las gracias a su modista, Patro, a la peluquera Mari Carmen Muñoz, a su diseñador, Sebastián Cayuela, y a Salvador, que les entrena a caballo.

Ellos, con o sin lluvia, con o sin público, con dolor o no, incluso a pesar de los petardos, están decididos a que estas fiestas sean inolvidables.