José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la vera Cruz.

Ni antes ni después de él, ha habido nadie en Caravaca ocupado en esa profesión para la que Antonio Sánchez Martínez había nacido y en la que la vida profesional le deparó tantos éxitos en Caravaca y en Madrid, lugares donde ejerció como tal, siendo admirado humana y profesionalmente hasta extremos inusitados.

Antonio, el Modisto, como cariñosamente era conocido en la sociedad local,vino al mundo en 1928, siendo el tercer fruto del matrimonio integrado por Manuel Sánchez Ruiz y Presentación Martínez Martínez, quienes tras vivir en Espinardo, regresaron a Caravaca instalándose, primero en la C. de Canalejas y, con posterioridad y definitivamente, en la Cuesta de D. Álvaro donde, desde muy pequeño, sus juegos infantiles apuntaron a lo que con el tiempo le daría de comer, diseñando modelos para las muñecas de su hermana Lola, que ella cosía posteriormente.

Dada la prematura afición al mundo de la costura, su madre lo colocó en el taller de su tía Trini, modista profesional, desde donde pasó, como aprendiz, a la sastrería del acreditado sastre local Juan Sánchez Alemán, en la C. Canalejas, donde aprendió los entresijos del oficio. Su afición e interés motivó el que sus padres, al cumplir los 18 años, le enviaran a Madrid, a una academia de modelaje artístico en la C. Calenque, muy cerca de la Puerta del Sol, de donde pasó de nuevo al taller familiar de su tía Trini, ya establecida en Madrid, con taller propio en la C. Vallehermoso, 50.

El servicio militar obligatorio, que llevó a cabo en un regimiento de infantería de Ibiza, no apartó a Antonio del mundo de la moda femenina pues, en sus  viajes a Madrid, frecuentaba el ambiente de la creatividad y el diseño, asistía a pases de modelos y dibujaba continuamente modelos y patrones para su tía.

Al terminar la mili se establece por su cuenta en Caravaca, en la Cuesta de D. Álvaro y comienza su actividad como modisto, a la que responde una numerosa y elitista clientela que no le deja apenas tiempo para el descanso.

Recuerda que, quien primeramente confió en él, convirtiéndose en su primera clienta, fue Dª. Marinette Augüy, esposa de Gonzalo López, el Francés, a quien confeccionó un traje de chaqueta blanco. Con posterioridad llegaron a su taller  Las de Ajote, Cruz Guerrero y su hija Aurita Marín-Espinosa, Lucrecia Sánchez y su hija Crucita Orrico. María Gloria Ureña, mi propia madre, la esposa del Gobernador de Murcia Soler Bans, y una larga nómina de señoras de Caravaca y pueblos limítrofes, cuya relación no viene al caso. Su taller, a cuyo frente siempre estuvo su hermana Lola, fue lugar donde se formaron modistas como Anita Ortiz, la Conola,Carmen la Pesquera y Carmen la Rines entre otras, y de allí salían abrigos (que se cobraban a 150 pts) y trajes de chaqueta (entre 98 y 100 pts), además de muchos vestidos en la década de los cincuenta pasados.

Entre los vestidos de novia fabricados, recuerda, entre otros, los de Antoñita Torres, Mari Carmen Piqueras, María Gloria Ureña, Crucita Orrico, Menchu, Caridad García Esteller, Caridad y Ester Castillo; y María Encarna y María Teresa Robles Oñate

También fabricó, durante sus últimos años en Caravaca la primera indumentaria para la cábila mora de Los Rifeños, así como la de su madrina Crucita Orrico.

La presión laboral y social de Caravaca, donde no tenía libres ni sábados ni domingos, la falta de intimidad personal y las posibilidades que la Capital ofrecía, motivaron su partida a Madrid, donde se estableció en el nº 17 de la C. Fernando el Católico, junto a la Pl. de Quevedo y el mercado de Vallehermoso, en pleno barrio de Chamberí, en piso en el que inicialmente pagaba 5.000 pts, donde vivió y trabajó durante 46 años, y por el que acabó pagando un alquiler de 200.000 pts.

Su tía Trini le derivó clientela al principio, y su buen hacer se dejó sentir de inmediato entre la sociedad madrileña, contando con una nómina de clientas entre las que se encontraba una prima de la esposa del Jefe del Estado, General Franco, y gentes de la alta sociedad capitalina, junto a otras llegadas de Baleares, siendo la mayoría de Madrid, muchos de cuyos nombres recuerda con cariño.

De formación artística autodidacta, dibujaba sus propios modelos sin fijarse en revistas ni figurines de moda, convirtiendo en imágenes los gustos personales de sus clientas. Contaba con un gran fichero, de más de 5.000 fichas, donde además de otros datos figuraban las medidas corporales; y con un grupo de oficialas, siempre dirigido por su hermana Lola, quien en todo momento fue su más leal y eficaz colaboradora.

Desde Madrid siguió trabajando a clientas puntuales de Caravaca, destacándose entre sus recuerdos la indumentaria que fabricó para la sultana Carmen Rosa Robles Robles, reina mora festera durante el bienio 1981-1982.

En 1980 contrajo matrimonio con Amparo Ferrer Simón, de Guadalajara aunque afincada en Madrid, con quien trajo al mundo a su única hija Presen, quien ha preferido la teoría a la práctica en el mundo del arte.

En diciembre de 2004, tras una intervención quirúrgica en las vértebras cervicales y no pudiendo mantener el ritmo de trabajo que se exigía a sí mismo, decidió jubilarse y regresar a Caravaca al encuentro con la familia y con sus recuerdos y vivencias de adolescencia y juventud.

En la actualidad vive el otoño de la vida rodeado de sus seres queridos, al pie físicamente de la Cruz, en la Pl. del escultor José Carrilero, entre cientos de dibujos que él mismo creó y después transformó en vestidos de mujer.

La fama no le enturbió el espíritu ni le cambió la vida. Su mente siempre estuvo despierta para que la inspiración le llegara mientras trabajaba. Apenas tuvo vida social por culpa del trabajo. El cine y el teatro fueron sus únicas distracciones. Hoy Antonio, el Modisto, ensimismado en sus recuerdos, contempla el acontecer caravaqueño desde la terraza de la vida, y es feliz entre los suyos y entre quienes motivó la ilusión por sacarle el mejor partido posible a su cuerpo, con indumentarias, siempre originales, que realzaban la personalidad y los encantos físicos de quienes a él acudían para vestirse.