José Antonio Melgares Guerrero/ Cronista Oficial de la región de Murcia, de Caravaca y de la Vera Cruz.

Uno de los de la UCD, y por tanto uno de los que, desinteresadamente colaboraron a que fuera posible de manera modélica la transición política de la dictadura a la democracia, no sólo a nivel nacional sino en todas las tierras de España, sin otro interés que el deseo del bien común, es Antonio Aznar Martínez, quien para nada se valió de la política para prosperar ni profesional ni económica ni socialmente, abandonándola voluntariamente cuando pensó que su aportación a la misma había sido suficiente.


Vino al mundo en Barranda, en octubre de 1939, en el seno de la familia compuesta por Antonio Aznar Martínez y Encarnación Martínez Martínez, siendo el segundo de los tres hijos a los que aquellos dieron vida. El padre, agricultor de profesión, puso en manos de la maestra Antonia la enseñanza de las primeras letras, completando la formación primaria en la escuela instalada en un viejo caserón que el Ayuntamiento alquiló a Antonio Torrecilla en la calle de la Pedrera, donde impartía la docencia D. Eduardo Flores Ruiz.
Los primeros cursos del bachiller los hizo como alumno libre, con un maestro interino que abrió academia para ello en la localidad, de nombre Liborio, terminando el mismo en el Instituto Alfonso X el Sabio de Murcia, alojándose en una pensión en la C. Pascual, donde también se alojaban sus amigos Ignacio Ramos y Fernando Sola. De aquella época recuerda con afecto a profesores como D. Rafael Verdú, D. José Cos y D. Francisco Morote, entre otros.
Concluido el bachiller cursó los estudios de Magisterio en la Escuela Normal de la capital, ubicada entonces en la Pl. de Fontes, junto a la Confederación Hidrográfica del Segura, donde marcaron su vida profesores como D. Isidoro Reverte y Dª. Isabel Villena y, concluidos aquellos y ganada la oposición en 1961, obtuvo su primer destino en la localidad granadina de Venta Micena y, posteriormente en Almaciles, donde a diario se encontraba con cuarenta alumnos de diferentes edades y niveles, ganando 16.920 pts. En esta última localidad, y junto al párroco D. Andrés Gea Arias, consiguió la construcción de un colegio de nueva planta, dotado de cuatro unidades.
En el curso académico 1966-67 obtuvo plaza en Caravaca, mediante concurso de traslados, incorporándose a la escuela graduada El Salvador, ubicada en la entonces C. del general Queipo de Llano (hoy Dr. Alfonso Zamora), donde ocupó la plaza que, por jubilación, acababa de dejar D. Juan San Martín, y donde formó equipo con el resto de maestros allí destinados, al frente del cual estaba Juan José Giménez como director, Maruja Moreno (parvulista), Juan Sarabia y Luís Moya Puerta.
Tras pasar por los colegios de San Francisco y la santa cruz, lideró un proyecto de integración de alumnos mayores de EGB, a partir del curso 1973-74, en el colegio Cervantes, siendo alcalde Mariano Rigabert Girón, que aglutinó en aquel centro a los estudiantes de todas las pedanías, época que recuerda de mucho trabajo y no sólo en el centro sino por las salidas continuas a todos los lugares del campo.
En agosto de 1964 contrajo matrimonio con Maruja Fernández Marín, en Barranda y en ceremonia religiosa en la que Antonio, uno de los hermanos sacerdotes de la novia, cantó su primera misa, y en la que predicó Juan, el otro hermano sacerdote, entonces misionero en Ecuador. El acontecimiento fue noticia en el diario La Verdad de Murcia, gracias a la información facilitada por el corresponsal en Caravaca Antonio Pozo Romero. De aquel matrimonio fueron naciendo paulatinamente sus cuatro hijos: Encarna, Lourdes, Antonio y Juan.
En 1979 se incorporó al equipo que formó en Caravaca la recordada UCD (Unión de Centro Democrático), que a nivel nacional lideró Adolfo Suárez y a escala local Pedro García-Esteller Guerrero. Aquel equipo ganó las primeras elecciones municipales de la recién conseguida democracia, con once concejales que permitieron tener la mayoría absoluta pero que, lejos de hacerla valer, fue ofrecida la integración en el equipo de gobierno al resto de los grupos municipales.
El resultado de aquellas primeras elecciones permitió que Antonio Aznar se incorporase simultáneamente, como diputado por la Comarca Noroeste, a la Diputación Provincial y, posteriormente como Consejero de Educación en el Consejo Preautonómico que, tras la aprobación del Estatuto de Autonomía, en 1981, se convertiría en el Consejo de Gobierno de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.
Fue Consejero de Educación con los presidentes preautonómicos Antonio Pérez Crespo y Andrés Hernández Ros, asistiendo a la desaparición de la Diputación Provincial y a la asumpción de sus competencias por el Ente Autonómico, así como a la redacción del Estatuto de Autonomía, formando parte del grupo a cuyos integrantes se les considera los Padres de la Autonomía Murciana.
En las segundas elecciones municipales, celebradas en 1983, aquel equipo inicial de la UCD caravaqueña participó como independiente, ganando las mismas con catorce concejales, a partir de cuya celebración Antonio ocupó la tenencia de alcalde de Pedanías, a la vez que abandonaba la política regional y se incorporaba a su puesto de trabajo en el colegio Cervantes.
En las elecciones municipales de mayo de 1987, el equipo político al que pertenecía optó voluntariamente por no concurrir, pensando que su aportación a la vida política local debía dejar paso a otras opciones con nuevas ideas y nuevos proyectos. Fue entonces cuando ganó las mismas el PSOE liderado por Antonio García Martínez-Reina.
A partir de entonces Antonio Aznar compatibilizó su trabajo en el Cervantes con la Asociación de Minusválidos (ASCOM), incorporándose en el año 2000 al claustro de profesores del Instituto San Juan de la Cruz, en donde le sobrevino la jubilación laboral en 2008.
Desde entonces y hasta hoy, reparte su tiempo entre Barranda, Murcia y Caravaca, cuida de sus cuatro nietos y viaja y lee todo cuanto no pudo viajar ni leer en el pasado. La publicación en 2010 del libro Barranda en la Historia, en colaboración con su amigo y paisano Ignacio Ramos, le ha introducido con fuerza inusitada en el mundo de la investigación histórica, formando parte de un equipo que en el presente motiva y dinamiza la vida cultural de Barranda, devolviendo a la sociedad, con creces, cuanto ésta invirtió en su formación intelectual, política y humana.