Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Aunque en algunos lugares tuvieron su inicio en la Edad Media, fue en el siglo XVI, especialmente a partir del Concilio de Trento, celebrado entre 1545 y 1563, cuando las procesiones de Semana Santa comenzaron a generalizarse, siguiendo algunos de los preceptos doctrinarios que en él se ajustaron, coincidentes igualmente con el espíritu contrarreformista promovido y defendido por la monarquía española. Fue precisamente en esta época cuando parece ser que también tuvieron su inicio en nuestra población, concretamente el año 1547, siendo el caso de Caravaca, en opinión del investigador Vicente Montojo, uno de los primeros de la región: “Las primeras procesiones penitenciales del reino de Murcia se celebraron en Caravaca de la Cruz y después en Lorca y Murcia; aún más tarde en Al¬hama, Totana y Cartagena”.

La primera procesión de que tenemos noticia fue la decretada por el concejo de la villa el viernes 6 de marzo de 1547, fijándose su realización para el día de Jueves Santo a las ocho de la noche. El texto del acuerdo sugiere su novedad, ya que se recurre al ejemplo de otras poblaciones para indicar el modo en que habría de realizarse: “que enella vayan los penitentes por orden como en otras çibdades se suele haçer”. Para su celebración el concejo convocó a las Cofradías del Santísimo Sacramento y de Nuestra Señora de la Concepción y de Gracia, además de los fieles que voluntariamente quisieran, disponiéndose asimismo la recolección de limosnas entre los vecinos para costear la cera que se gastase en la procesión, pasando el correspondiente aviso “al reverendo señor predicador para que lo conçierte como convenga al serviçio de dios nuestro señor e bien publico desta villa”.
Aunque no existe constancia de su ejecución, todo parece indicar que el 7 de abril, Jueves Santo, la procesión se desarrolló sin incidencias, en la manera indicada, “con toda la horden posible”, aunque se desconoce el itinerario seguido y las imágenes que participaron en ella. Esta ocasión supone un caso único y excepcional, ya que en lo sucesivo la convocatoria y organización de las procesiones pasaría a las distintas cofradías existentes en la entonces villa de Caravaca, por lo que desconocemos su continuidad durante los años 1548 y 1549.
No ocurre lo mismo en el caso de 1550 ya que ese año, según consta en su libro de acuerdos, la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción y San Juan de Letrán, tuvo la iniciativa de organizar una procesión para la noche del 3 de abril, Jueves Santo, disponiendo asimismo su prosecución en años posteriores: “porque de aquí adelante se haga la dicha procesión”.
A diferencia del anterior, en esta ocasión se puede intuir el itinerario, ya que el acuerdo indica su inicio en la entonces ermita de la Concepción, para posteriormente dirigirse a recorrer las estaciones, es decir, a la antigua parroquial de El Salvador (aproximadamente donde está ahora ubicada al Iglesia de la Soledad) y tal vez a alguna de las ermitas existentes en esa época (San Bartolomé, San Sebastián y Nuestra Señora de Gracia), aunque esto es poco probable: “Hordenaron e mandaron que la procesión que se a de hazer el Jueves Santo de la Cena la Cofradía de Nuestra Señora e señor San Juan de Letrán con la otra gente que a ella quisieren venir sea en esta manera: que el Jueves Santo en la noche después de aver acabado las tinieblas se an de juntar toda la Cofradía y la otra gente e penitentes en Nuestra Señora de la Concepción e de allí an de salir en procesión y andar las estaciones”. Como refleja el documento, la participación estaba abierta a todos los fieles que quisieran tomar parte en ella, juntamente con los miembros de la cofradía, procurando con ello que “se haga con la mayor solemnidad que se pueda” para que “Dios Nuestro Señor y su bendita madre sea servido dello”.
Precisamente, contamos con el testimonio de la celebración de los oficios religiosos del jueves santo en la primitiva parroquial de El Salvador referido al año 1557, que detalla el monumento o altar especial que se dispone durante la Semana Santa: “abiendo dicho la yglesia mayor y ofiçios dibinos que se suelen y acostunbran dezir, en procesion se llebo el santisimo sacramento desde un altar questa en la dicha yglesia a la parte de la callejuela que suben hazia la fortaleza y aconpañado delos muy magnificos señores concejo, justiçia y regimiento que alli se hallaron e por el muy reverendo señor don Francisco de la Flor vicario desta villa lo subieron a un monumento que en la dicha iglesia estaba hecho en el altar mayor della en el qual encima delo alto estaba un arca”.
De la continuidad de la procesión del Jueves Santo da noticia José Antonio Melgares en uno de sus artículos dedicados a la Semana Santa caravaqueña, en el que detalla que en 1587 era de disciplina y participaban en ella una imagen de Jesús Nazareno y otra de la Virgen Dolorosa. Según recoge el informe sobre las cofradías y mayordomías ordenado redactar por el Conde de Aranda en 1771, todavía continuaba celebrándose esta procesión en esa fecha, a la que sus organizadores destinaban 640 reales para “la zera y las demas”, desconociéndose cuando dejó de realizarse.
A lo largo del siglo XVI irían apareciendo otras cofradías, organizando sus propias procesiones, ampliando al Viernes Santo el calendario de celebraciones. Así, en 1564, se fundó la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, promotora de la procesión del santo entierro en la tarde del Viernes Santo, que en la centuria siguiente incluiría su paso por las ermitas del Vía Crucis y la ceremonia del “Desenclavamiento de Cristo” en las inmediaciones de la Ermita Reja, y en 1596 la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, con la procesión de la mañana de Viernes Santo a partir de la edificación de la ermita del mismo nombre en el primer cuarto del siglo siguiente y con la imagen de su titular, inventariada por primera vez en 1631: “La ymaxen de Jesús de naçareno con dos camisas, una de Ruan y otra de mengala y dos tunicas de tafetán morado”, reseñándose asimismo “doze tornillos de hierro para poner las imagenes en las andas y dos clauixas con sus aldavas”, lo que indica la utilización en procesiones, tanto de esta imagen como de otras existentes en dicha ermita.
No sabemos si durante esta época llegaba alguna de las procesiones al castillo, como si sucedía en el siglo XVIII según testimonia el texto de la Visita de la Orden de Santiago de 1766: “que las procesiones de Semana Santa que pasan por fuera y dentro de el lo puedan hazer sin riesgo alguno”, en cualquier caso estos cortejos debían de ofrecer una imagen impresionante a su paso por las antiguas calles de Caravaca, especialmente aquellas por donde se accedía a la iglesia y capilla de la Stma. y Vera Cruz, con las imágenes alumbradas con velas y antorchas y los penitentes marchando en silencio. En este sentido, podemos citar una misteriosa procesión, llamada de los nazarenos, de la que existe un único testimonio, aunque es posible que se realizara de manera continuada durante algunos años. La información corresponde al año 1610 y se refiere a la autorización del concejo para que el capellán de la Cruz mostrase la sagrada reliquia desde la ventana de una de las torres a la llegada de los penitentes al castillo, lo que solía ser habitual en esta época en las frecuentes rogativas que se realizaban a causa de epidemias, sequías, plagas, etc. Esta procesión tuvo lugar el 21 de diciembre: “mañana dia del bienabenturado santo Tome se haze la prozesion de los nazarenos rogando a dios nuestro señor por su mysericordia se sirba de ynbiar el agua atento la esterilidad deel tiempo y que an pedido se les muestre la santa reliquia desde la ventana por el capellan. Se le diga que la muestre”.