Mónica Sánchez, Ana Belén Martínez y Mª Huertas Amador, concejales del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Caravaca

La persistencia y creciente violencia contra la mujer hacenecesaria que, un año más, el 25 de noviembre alcemos nuestra vozpara reivindicar su erradicación. No hay acto más deleznable que laagresión a una mujer por el simple hecho de serlo. Por ello, debe serenérgico nuestro grito de condena y rechazo contra quienes agreden,denigran, maltratan y, en algunos casos, asesinan a las mujeres.

En la conmemoración de este Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra laMujer, nos hacemos eco deaquellas mujeres que llevan años sometidas a la violencia física, y aaquellas otras que son víctimas de un maltrato sutil que las va minandopor dentro y atenta cruelmente contra su dignidad.

También queremos tener presentes, a los niños y niñas expuestos almaltrato que soportan sus madres. Se trata de otras víctimas directasde la violencia de género que sufren graves secuelas y, durante muchotiempo, han sido los grandes olvidados.

Detrás de estas cifras, en nuestra Región hemos sufrido losasesinatos de tres mujeres de los municipios de Molina de Segura,Lorca y Cartagena. Cada víctima no sólo es una pérdida lamentable eirreparable: es una vergüenza que recae sobre la conciencia de lasociedad y de los poderes públicos.

El 25 de noviembre no es solo un día para la reflexión; tambiénpara la acción. También para el reconocimiento yla esperanza. Reconocimiento para todos los profesionales quetrabajan cada día con un objetivo común: poner fin a la violencia degénero.  

Sabemos que una de las causas por las que la mujer no “denuncia” su situación de maltrato, es el miedo. No sólo el miedo a la persona maltratadora… es miedo, incluso, a los demás; al qué dirán, a perder a sus hijos e hijas, a no saber cómo sobrevivir cuando acabe con su relación de pareja, a la estigmatización que supone contar todo lo que ha tolerado… De ahí la importancia de implicar al entorno social de la víctima de una forma inclusiva, ante un problema que es de todos.

En este sentido, el Centro de Atención a las Mujeres Víctimas de Violencia (CAVI) de Caravaca de la Cruz fue el primer centro de sus características en toda la Región y pionero en la atención personalizada a estas mujeres. Hace más de una década que su puesta en marcha fue una apuesta de la Comunidad Autónoma, dando cobertura a todo el Noroeste. Su buen funcionamiento y resultados posibilitaron que esta experiencia piloto se fuera extendiendo a otros municipios de la Región de Murcia.

La labor del CAVI no se ha ceñido exclusivamente a la atención a las víctimas directas, sino que ha llegado a las aulas, ofreciendo charlas y cursos de prevención de la violencia entre los adolescentes, educando en valores de igualdad y desterrando los clichés machistas. Inculcar y fomentar durante la infancia y la adolescencia unaeducación basada en valores de igualdad es, sin lugar a dudas, lamejor manera para prevenir la violencia de género en las relacionesadultas y generar una actitud de rechazo a cualquier tipo de maltrato.

La violencia de género es la máxima expresión de la desigualdadentre hombres y mujeres y la peor de las humillaciones; acabar conella, es nuestro deber y compromiso. Es un reto realista yesperanzador.Ante la violencia contra la mujer, ante cualquier tipo de violencia de género, de ti también depende ayudar a la solución.