JENNIFER FUENTES

Ana de las Tejas Verdes es uno de los personajes infantiles más conocidos y universales pese a encontrarse en un tiempo y cultura específicos, del mismo modo que ocurre con Pipi Langstrum, Tom Sawyer, Heidi o la infancia de Lázaro de Tormes. Hay algo en esas historias que las hace atemporales, que consigue acompañar generación tras generación a niños y a adultos.

Por ello, Netflix y CBC (la radio televisión pública canadiense) quisieron otorgarles a los jóvenes de todo el mundo una versión propia y actual de las aventuras de Anne Shirley-Cuthbert, una niña huérfana que llega por equivocación a Avonlea y es adoptada por dos hermanos cierta edad a finales del XIX. Esta pelirroja y pecosa niña de armas tomar e imaginación incombustible vivirá (y nosotros con ella) decenas de aventuras llenas de diversión, creatividad y valentía junto al resto de habitantes del pequeño pueblo canadiense. Sin embargo, y esta es una de las claves de su éxito, Anne with an E es como la vida misma y para disfrutar de la felicidad has de pasar también por circunstancias difíciles y tristes.

La serie, que consta de tres temporadas y finalizó hace algunos meses, nos muestra el paso de Ana de la niñez a la adolescencia e incluso su llegada a la edad adulta en un pueblo pequeño y cerrado de miras, anclado en las costumbres y la tradición. Será este el leitmotiv durante su andadura junto con la pérdida de los seres queridos. Ana es, desde el primer momento en que pone un pie en Tejas Verdes, un revulsivo para la sociedad estática y aburrida, llena de prejuicios, que es Avonlea. Y lo consigue sin perder el espíritu de la obra original, aprovechando la libertad que transpira la naturaleza hermosa, salvaje y viva que envuelve al pequeño pueblo y la mente despierta y curiosa de la protagonista que, en cierto momento se declara la novia de la aventura. Ha vivido cosas muy duras desde su más tierna infancia y eso la ha ayudado a entender mejor el mundo, a buscar la justicia y a ser valiente, sin importarle lo más mínimo el color de la piel, el sexo, la edad o la orientación sexual de sus amigos. Sin importarle que algo no sea propio de una mujer o de una niña. Sin importarle lo que sabe que es injusto y que debe ser cambiado.

 De este modo, nos encontramos con personajes carismáticos y humanos que nos trasladarán a un tiempo ya pasado pero con reminiscencias muy actuales como el sexismo, la importancia de una educación igualitaria y puesta en favor del alumnado y sus necesidades, los derechos LGTB, las convenciones sociales, el racismo y la xenofobia (que se verá desde el mismo inicio, cuando Ana es una forastera) e, incluso, la libertad de prensa y la censura. Todo ello sin olvidarnos de lo que todo adolescente cree es lo más importante en su vida, la amistad y los romances ―y el concepto de familia más allá de los lazos de sangre―.