José Marqué

Tiempo antes de que el dichoso virus copara las portadas de los periódicos, un amigo me recomendó la novela (o nivola) Niebla de Miguel de Unamuno. Era una de mis lecturas pendientes, pero, por algún motivo, me resistía a darle una oportunidad. Creía que me resultaría terriblemente pesada y cargante. No podía estar más equivocado. Es divertida, es graciosa, es emocionante y, ante todo, curiosa. Tanto que, tras acabarla, me he puesto manos a la obra con Amor y pedagogía, del mismo autor. Esta última cuenta la historia de Avito Carrascal, un hombre de ciencia con una gran empresa por delante: aplicar la pedagogía sociológica con un niño para crear un genio. Comenta don Avito que las abejas «toman el huevecillo de cualquier hembra […] y mediante un trato especial […] y una acertada pedagogía abejil, sacan de él la reina». Del mismo modo, asegura, tomando un niño cualquiera y aplicando sus teorías, saldrá un genio. «¡Qué teorías! ¡Oh, qué teorías!» responde incesantemente Sinforiano ante la grandilocuencia de un alucinado que bien nos recuerda a los pedagogos de hoy.