GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

No me la trajo el viento, como las melodías que me hacías repetir una y otra vez en tus clases de guitarra, tu la recuerdas por ser la inspiración (o la perdición) de Mahler, otros la reconocerán por ser la chica del famoso “beso”, otros por “la novia del viento”. Todas fueron una, que nunca fue de nadie: Alma Schindler, una mujer normal en un mundo de genios.

Alma Mahler

Alma Mahler

Tuvo la fortuna de nacer en Viena (1879), ser hija del pintor Emil Schindler y pasar suinfancia en un ambiente privilegiado, rodeada de los más renombrados artistas del ambiente cultural de la transición entre los siglos XIX y XX. El genio Gustav Klimt vino a retratar su primer “beso” en la que seria su obra más importante. Entre amante y amante vino a conocer a finales de 1901 al célebre Gustav Mahler, que se enamora perdidamente de ella.

Reúne todas las cualidades para el desastre: es judío, (ella antisemita), celoso, casi 20 años mayor y le exige que abandone todo, hasta su carrera de compositora (que tampoco era para matarse) para dedicarse a él. El caso es que dejo de componer sus partituras para arreglar las de su marido y se casan. Mahler odiaba la vida social, ella dedicada a cuidar casa e hijas, mientras él no para de hacerle sinfonías, la más famosa: Adagietto de la Sinfonía nº 5.Y como si escribiese su propia vida, él también hubo de sentir los tres golpes del destino, y el último le derribó totalmente. El primero su destitución, por judío, de la Opera; el segundo, la muerte de su primogénita. El tercero le vendría de manos de Alma.

Mientras el compositor andaba en su propio mundo y en la Octava sinfonía, Alma buscó refugio en un balneario donde se enamoró del arquitecto Walter Gropius, fundador de la Bauhaus. Algo más que alguna sinfonía debió de tocarle, porque abandona al músico, que muere poco después. Y como el muerto al hoyo, y el vivo al bollo, Alma se convierte en foco de la actividad social en Viena y hace más amantes que sinfonías su esposo. En una de esas reuniones y estando con Paul Kammerer, conoce al pintor Oscar Kokoschka. Entonces este era un joven pobre e inmaduro, mientras que ella era rica, guapa y dispuesta a la guerra. Kokoschka en su famoso cuadro «La novia del viento», plasmó plenamente el amor que llegó a sentir por Alma, un amor tormentoso. Queda embarazada y aborta, lo que trastorna al pintor, o quizás estaba ya trastornado, no es de recibo vivir el resto de tus días paseando una muñeca de trapo a imagen y semejanza de esa que te abandonó por otro.

Porque Alma lo abandonó para volver con Gropius con quien se casó en 1915 y tuvo una hija.

En 1917 conoce al escritor Franz Werfel 11 años menor que ella. El romance pasa a mayores y en 1918 mientras Alma aún está casada con Gropius queda embarazada de Werfel. Se casa con este, pero vuelve a serle infiel, esta vez, con un atractivo sacerdote de apenas 30 años.Cuando Hitler sube al poder, toma conciencia del peligro de su hija Anna, considerada “medio judia” y escapa a Estados Unidos. Trasvolver a quedarse viuda en 1945 (de Werfel, entiendo si os habéis perdido…) se instala en Nueva York, y publica sus memorias donde sostiene que los grandes hombres que la amaron desarrollaban una sexualidad enfermiza: Mahler sólo la poseía cuando dormía; Kokoschka estaba obsesionado con fantasías monstruosas y Werfel tenía que recurrir a escenas de enfermos y de minusválidos para excitarse.

Murió en 1964 siendo fiel a una sola cosa:el Bénédictine, su cognac favorito.