Ana María VACAS

La primera vez que oí hablar de Alejandro fue por medio de Orencio Caparrós; me hablo de él  y su trabajo con  afecto y admiración. En ese mismo instante me puse en marcha para conocer su trayectoria y la historia que le acompañaba, embaucada por cada una de sus palabras y su manera tan fresca y sencilla de relatarla aún quedé más impresionada. Ahora después de realizar esta entrevista, entiendo sin ninguna duda esa admiración que ahora comparto.

Alejandro es un artista puro de los no se encuentran fácilmente,  nada ni nadie lo derivan de su camino, no hay nada que pueda condicionar su trabajo; tiene las ideas tan claras que llega a renunciar al Bachiller de Artes por no entender el sistema educativo, para él las normativas establecidas nublan  la individualidad de cada persona, que en todo caso debería  ser una prioridad. Necesitaba con urgencia expresar, crear, pero no estaba establecido que los alumnos lo hicieran  hasta segundo de bachiller por ello renuncio a seguir las normas,   quería  por encima de todo la  libertad de elegir sus obras, porque la motivación depende  del deseo de realizar lo que te inspira en un momento determinado y renunciar a ello sería un desperdicio; fue una decisión coherente, la cual admiro, pues con su edad es algo tremendamente valeroso. La decisión de equivocarse será su fracaso o su triunfo, pero en si la experiencia que desarrollara en  un futuro  en otros procesos creativos estará influenciada por esa primera decisión… Luchar contra el condicionante de dejar los estudios, en una sociedad enmarcada en la competitividad,  además de querer que sus padres comprendieran la decisión, ya nos presenta una personalidad fuerte con unos principios consolidados desde la sencillez.

Cuando habla de su trabajo,  la obra que realiza la define como el reflejo de su persona, el papel o cualquier otro soporte sería el medio de comunicar lo que tiene en su mente, sus pensamientos y la manera de expresarlos, sin presiones exteriores; hacer lo que quiera sin que nadie interfiera en el proceso. Su capacidad le lleva a intentar distintas  especialidades dentro del Arte y sabe que tiene que pasar por diferentes disciplinas porque lo que interesa es aprender, sobre todo de manera artesana que es lo que verdadera admira. Esa pureza de espíritu le hace reconocer la pintura como su bienestar personal, que lo engrandece y empequeñece según las circunstancias, pero siempre enriqueciéndolo.

No es una dedicación desde pequeño, solía dibujar porque se aburría  en clase, hasta que hace unos años  se da cuenta que sentía un vacío existencial que sólo ve cubierto cuando se dedica a pintar. Como el mismo dice la manera de funcionar es absorber, visualizar y comprender, una vez que realiza este proceso ya no tiene secretos para él, porque lo entiende. No necesita  ver videos de pintores contemporáneos,  ni siquiera tiene conocimientos artísticos de grandes pintores, su obra surge de su interior. Lo que refleja es su progresión particular e individual,  totalmente autodidacta y realmente sorprendente por su valor para enfrentarse y respetarse a sí mismo. Presume de que le gustan los cambios, porque además de ser físicos terminan siendo mentales y reconoce que cuando estos cambios se producen, la riqueza de su trabajo mejora, yo diría se convierte en extraordinaria,  a pesar de que el aún no se dé cuenta de su pureza.

El mismo crea una estructura mental que le sirva de base donde comenzar un diseño o dibujo preámbulo de la obra iniciada; en clase, en la vida se sentía diferente a los demás, era como vivir en mundos opuestos, pero enseguida encontró el camino para desprenderse de las presiones mentales que lo liberaran, dándose cuenta que su camino estaba trazado y no renunciaría a este por nada del mundo.

Empezó a pintar en su casa, después necesitó más espacio saliéndose al balcón donde podía encontrarse más aislado, donde concentrarse; pero no encontró el lugar acertado hasta que comenzó  a pintar  en el campo, al aire libre se encontraba cómodo y sentía que las obras despegaban solas, de manera fácil. Preparaba sus pinturas, desarrollaba patrones, y disfrutaba sin impedimentos de espacio, sintiendo la libertad que es su bandera.  Es una necesidad  dedicar parte de sus días dando pinceladas para mostrar sus historias proyectadas consecuentes con su expresión. Todos y cada uno de sus trabajos nos permiten observar su imaginación, su abstracción o su perfección clásica. Pinta instantáneo, inconsciente, explosivo, pero siempre dedica casi el mismo tiempo a pintar la obra que a mirarla porque necesita analizar cada figura, cada abstracción para entenderla y analizándola consigue crear una historia sobre ella, que siempre ha estado presente pero hasta que no la mira no llega a comprender su significado.

Cuando observe su primera exposición me sentí arropada por cada una de las palabras no medidas que salían de su boca, libres de prejuicios, y que mostraban su carácter como en un libro abierto. La variedad de cuadros presentados nos aportaba ya una enorme información, muy distintos mostraban una evolución más madura que no correspondía a su imagen, aún de adolescente, pero que claramente a nivel pictórico ha sorprendido por su calidad y por su presentación.

Siente que hay mucha gente que utiliza la pintura, pero que en realidad ni son ni se sientes pintores, como realmente podríamos describir ese concepto; están vacíos porque no reflejan su propio ser e intentan copiar de los demás, ideas, procesos, etc.,  La mente es la que decide el camino y si no eres fiel a ti mismo, no reflejaras nada que interese a los demás. Por ello  se siente capaz ha de hacer lo que quiera, no porque tenga diecinueve años, sino porque tiene una fe absoluta en sí mismo y es una persona positiva, que desea literalmente comerse la vida a bocados, y les aseguro que lo conseguirá.

Felicidades Alejandro ya estas dentro del mundo del arte.