Diego Boluda/Concejal de Cultura y Patrimonio Histórico en el Ayuntamiento de Mula

Aparecen los primeros rayos del sol proyectándose sobre los centenarios sillares del castillo de Mula. Se asoma la mañana, tiñendo lentamente de color los tejados, torres y campanarios. Amanecer de septiembre que trae una mañana fresca, dejando un rastro de rocío en las hojas de la albahaca y el naranjo.

Un profundo silencio inunda las callejas y los hogares. Descansa una ciudad y reposan los muleños tras una noche de verbena, bailes y barullo.

Todo es calma y quietud.

El sol, más alto ahora, llena de luz toda la ciudad. En algunas viviendas, mientras todos duermen y descansan, hay quienes ya están despiertos y se enfundan una falda o pantalón de uniforme combinados con una camisa blanca que se abrochan aún adormilados. Alguno de ellos se prepara con energía tras horas de descanso; otros apenas hace un rato brindaban y reían; los demás, directamente, solo han tenido una ducha rápida como breve parada tras exprimir hasta el último minuto la noche de feria y fiesta.

Una comitiva de saxofones, clarinetes, trompetas o platillos se lanza a la calle. Atriles de marcha, carpetas azules. Ahí van los músicos caminando hacia la plaza del Ayuntamiento. Un goteo de mujeres y hombres que se dirigen por las solitarias calles desde sus respectivos domicilios hacia el punto de encuentro. Unos suben cuestas adoquinadas, otros bajan escaleras y callejones, otros, escondidos tras unas gafas de sol, disimulan su trasnochar, caminando con paso rápido porque ya es la hora.

Alegre Diana de la Agrupación Musical Muleña, una centenaria tradición que desde finales del siglo XIX ya se encargaba de despertar a las muleñas y muleños anunciando y pregonando que hoy es día de fiesta municipal.

Jóvenes, mayores, todos en formación. Afinados y a punto, empieza el desfile matutino con un tambor tocando a marcha que resuena por toda la calle. Comienzan a sonar las primeras notas de “Segrelles”, pasodoble dianero, y los ánimos de los músicos cambian; se olvidan de la falta de sueño o el cansancio y se reactivan cuando la música suena. Y es que la música tiene ese poder renovador. Pasos ordenados y acompasados desfilan ya por las calles con alegres melodías como banda sonora del despertar de todo un pueblo.

Al paso de la agrupación, las gentes se despiertan y los músicos observan como algunas persianas se suben. Se asoman por las ventanas niños sonriendo, con el pelo alborotado y enfundados en pijamas que llaman con ilusión la atención de su madre para que mire el espectáculo callejero.  Mayores de pelo cano salen al portal de su modesta vivienda para ver el pasacalle. Bastones que marcan el ritmo en el suelo, perros que ladran al paso. La banda desfila con alegría la buena nueva de que hoy es día grande en el pueblo y todos han de saberlo.

La banda de música se encarga desde antiguo de poner ritmo a nuestras fiestas, despertar a los vecinos, deleitarles con conciertos y acompañarlos en sus procesiones. La música ha sido y es un elemento imprescindible y necesario en estos acontecimientos. En los tiempos pasados en los que no se contaba con el despliegue tecnológico actual, la escasez de grupos musicales o la accesibilidad a la música en directo como hoy en día ocurre hacía de la banda un elemento imprescindible.

En los primeros libros de fiestas que hay documentados, allá por principios del siglo XX, ya quedan reflejadas las dianas de la banda de música. Además, hasta hace escasos años, la actividad de la banda en las fiestas era abrumadora: dianas al amanecer, concierto al medio día y procesión por la noche, a los que había que sumar romería y corridas de toros. Este nivel de exigencia y sacrificio tan alto, sumado a la alta presencia de jóvenes que no podían dejar de asistir a sus estudios o su trabajo, desencadenó que algunas de las actuaciones fueran imposibles de realizar, perdiéndose en el tiempo.

Pero cuando hay ilusión y ganas todo es posible. En este 2021, tras el punto de inflexión que estamos viviendo, entre la Agrupación Musical Muleña y el Ayuntamiento de Mula se ha trabajado para recuperar la tradicional diana en el día del patrón de Mula, San Felipe, tras más de una década en la que desaparecieron de nuestras fiestas.

Después de años de silencio volverá a sonar la banda en las mañanas de las fiestas de Mula, volverán los músicos a desfilar por los bellos rincones de nuestra localidad.

Alegre diana, día de fiesta.