Manuel Gea Rovira

Las lágrimas siempre hermanadas con la emoción, la felicidad o el luto y el vivo recuerdo, con la incredulidad, ante la marcha al más allá cristiano, de un Paco Fernández Gallego, el veterano cofrade ceheginero. de soltero con los “MFrancisco Fernández Gallegooraos” de N.P.Jesús Nazareno y luego al fundarse los “Marrones” del Cristo de la Paz,, cuando Paco había sido Tesorero de la primitiva Comisión o Junta de la Semana Santa por el año 1974-75, duro quehacer del presidente Ángel Luís Peñalver. Años heróicos de sobreponerse para resucitar, entusiasmar a las hermandades de la Semana Santa ceheginera y Paco trabajador nato de la Semana Santa ceheginera, admirador de todo avance cofrade y semanasantero, divulgador de la Semana Santa. Fue presidente diez años del novedoso Club del “Molino Chico” y también administrador de varias fincas de Fidel González. En esa casa de doble fachada a dos emblemáticas calles, del Parador y el Cantón, con su esposa Josefa Sánchez García, eran adorados por sus hijos Diego, Mariano y María Demetrio, ya las voces infantiles de cinco nietas y un nieto. Sí, amigo Paco, no te dimos permiso para marcharte, pero nos da esperanza el designio divino. Tú que estudiabas hasta segundo curso de bachillerato conmigo en los franciscanos, y te llamó la agricultura de alto bordo. Aquellos profesores salidos de una guerra incivil, con la muerte de compañeros a cuestas, nos sembraron ciencia y educación franciscana para una cosecha del porvenir. Ciencias aprendiste con frenesí, y cultivaste otros conocimientos, que admiraban a  tu esposa. Y cuánta experiencia en la vida y cuantos amigos que te agradecían favores. Paco, persona de sinceridades y de bromas, provocador de diálogos amistosos e ironías de la vida, inteligente, amable con todo el mundo, Los “Marrones” fueron tu emblema permanente. Guardabas su túnica con el amor de tu esposa en el arca, con los aromáticos “peros” de alcuza. Claro, por eso tu amor al Cristo de la Paz, ha hecho que se cumplan, tus deseos de amortajamiento con esos colores marrones, en ceñida túnica de cordón blanco franciscano. No había fraile, que no te conociera y apreciara. Me decías en cada reencuentro, el número de compañeros que iban desapareciendo desde la infancia y te acordabas con especial énfasis del estudioso José Luís López Fajardo de Pedro Melgares y tantos que acortaban aquella lista de condiscípulos, en las aulas del Colegio del convento. No hace mucho, subiste al homenaje, del presidente de los “Coloraos”, Paco Corbalán y te fundiste en un abrazo con él. La amistad y la edad, los colores cofrades, las identidades de valores cívico-religiosos por en medio, recuerdos caminando con tu esposa, hacia la capilla de las Monjas. ¡Cuánto recordabas, aquellos cimientos de la primera Comisión de Semana Santa con Ángel Luís Peñalver, Pepe Martínez, Pilar Muñoz, Amancio Espín, Ramón Moreno, Diego Espín y Amancio Fernández. Lo que gozaste, cuando tuvimos una conversación cultural y de efemérides con el Cronista Oficial don Abraham Ruiz. En el cierre del Pregón de las Fiestas de Cehegín, tu alcalde Soria, lamentaba la ausencia de varios cehegineros, contigo. Tu personalidad, rica en matices y virtudes, rápido en reflexiones y de plurales introspecciones, motivaba la amena conversación, que enriquecía al interlocutor de turno. Comunicativo instantáneo, abrías tus sentimientos con naturalidad. Ahora descansas en la paz del Señor y eres capaz de rogar al Padre por nosotros. Eres un ilustre ceheginero, acariciando con tu voz cercana, a los que esperan el bien, con absolución en paz, de los errores humanos, que a todos nos acompañan.