POR PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA
Un auténtico mazazo pPaco de Lucíaor lo que se le quería y un extraordinario bombazo por lo inesperado de su fallecimiento. Siempre es duro decir adiós a cualquier persona querida, respetada y valorada, pero hacerlo ante un maestro como Paco de Lucía es realmente desolador. Francisco Sánchez Gómez (21-12-1947, Algeciras-Cádiz-España/25-02-2014, Playa del Carmen-Quintana Roo-México) era sencillo hasta en su nombre completo y más cercano todavía cuando, artísticamente, adopta el sobrenombre de «Paco de Lucía» por ser conocido en su tierra como Paco «el de la Lucía», que era su madre, también conocida como «La portuguesa». Su padre era Antonio Sánchez Pecino, guitarrista, letrista y excelente aficionado, fallecido en Junio de 1994, cuando contaba 86 años de edad. Desde muy pequeñito, Paco de Lucía se sintió involucrado en el plan de vida trazado por su progenitor, quien preparó concienzudamente a sus hijos, Ramón, Antonio, Pepe y Paco, inculcándoles una marcada y seria disciplina, además de dotarles, a todos, de una muy reglada formación para afrontar la vida con garantías de éxito, hasta elevar a Paco a la más alta cima de la guitarra y convertirlo en el núcleo esencial de una familia siempre unida.
Cuando escuchamos la noticia, a los pocos minutos de conocerse, ciertamente, no podíamos dar crédito porque su salud no había pasado por dificultades aparentes recientes, por lo que tuvo que ser un fulminante infarto el que nos lo arrebatara para siempre cuando se hallaba en esa bonita Playa del Carmen mexicana, de cuya tranquilidad, sosiego y raíces artísticas podemos dar fe al haber tenido la oportunidad y la suerte de conocer el lugar, ubicado en la ruta de la Riviera Maya mexicana de la península de Yucatán. Y no nos extraña nada que a Paco le haya cogido allí porque sus aguas son cristalinas, el clima paradisiaco y la tranquilidad justo la que, él, buscaba siempre para componer e inspirarse con ese duende flamenco que le ha caracterizado siempre. Y su fallecimiento queda fechado en el día 25 de Febrero porque, por diferencia horaria, esa es la correcta en el lugar del óbito.

Su última actuación en Murcia
La última actuación que le vimos en directo tuvo lugar en el Auditorio y Centro de Congresos Víctor Villegas, de la capital del Segura, ese coliseo donde los artistas tienen que dar la cara, o se la juegan, por su impecable acústica y su visibilidad envidiable desde todos los ángulos, sobre todo cuando el público es respetuoso y no se pone de pie innecesariamente. También compareció Paco de Lucía, en alguna ocasión, en el emblemático y siempre comprometido «Festival del cante de las Minas», en La Unión. Tal como su carácter aconseja, él habla más con los dedos, punteando con intensa profundidad y rasgando las cuerdas con sentimiento y maestría, hasta tal punto que, en su actuación de Murcia, después de varios temas interpretados sin decir absolutamente nada, entre una composición y la siguiente, afina la guitarra cuando un espectador le grita emocionado «¡¡¡artista!!!», a lo que responde de inmediato con un «eso, no me lo dices en la calle» que levantó el aplauso colectivo por la simpatía con la que lo dijo, por la espontaneidad, por el sentimiento y por la forma tan cariñosa con que lo expresó. Un artista auténtico el que hemos perdido y con el que ha enmudecido su guitarra, su pellizco, su arte, su doctorado y tantos y tantos valores interpretativos que atesoraba el algecireño.
Y es que 66 años son muy pocos para despedirse para siempre, máxime cuando estaba jugando con sus nietos en una playa, en Tulum, lugar en el que era propietario de una casa. Se sintió repentinamente indispuesto, como informó un íntimo amigo del guitarrista, Victoriano Mera. Murió camino del hospital a causa de un infarto fulminante, tal como se ha certificado.

En compañía de los primeros artistas mundiales
Recibió el premio Príncipe de Asturias de las Artes, en 2004, donde se le reconoció su «honradez interpretativa», así como numerosos premios de flamenco y jazz, además de haber actuado en los escenarios más famosos y reputados del mundo en compañía de los primeros artistas mundiales como Carlos Santana, Tete Montoliú, Joan Manuel Serrat, Pedro Iturralde, Chick Corea, Bryan Adams, Al di Meola y John McLaughlin, así como otros grandes del panorama mundial que le consideraban como maestro de la guitarra y único en el arte de las seis cuerdas. Además de donde falleció, ha mantenido residencia propia en Toledo, Palma de Mallorca, Sevilla y su querida Algeciras, lugares en los que no se dejaba ver mucho, pero más por su marcada timidez que por «hacerse de rogar», pues su sencillez le ha acompañado toda la vida, pese a que no terminó de vencer esa condición de tímido en ningún momento.

La Habana y el amigo
Pero, en los últimos tiempos, estableció su residencia en Cuba. Un buen amigo nuestro, Javier Lorenzo Serra, no menos tímido y prudente que Paco de Lucía, realizó un viaje familiar a La Habana, hace unos años, se cruzó con el artista en la calle Obispo y superó sus dificultades de timidez para preguntarle si era él y, según nos contó, le atendió de maravilla, como si se conocieran de toda la vida, paseó con la familia un ratito y les ofreció volverse a ver, si lo precisaban, durante su estancia en la isla caribeña. «Un lujo de hombre y un artista sencillo», nos decía Javier a su regreso de las tierras del son y la guajira. Y es que las personas son más grandes cuanto más notable es su sencillez.
Excelente compositor, guitarrista dedicado, músico exigente y auténtico nexo entre la juventud y los puristas para compartir el flamenco y todos sus palos en una convivencia que, él, supo establecer como cercana y aceptada por unos y otros, favoreciendo, y de qué manera, el entendimiento en el flamenco de «payos» y gitanos. Ha acompañado con su guitarra a los mejores y más ilustres flamencos, pero merece especial mención su amistad, su colaboración y su forma de compartir el arte con José Monje Cruz, quien resultará más cercano si le recordamos como «Camarón de la Isla». Estos días se viene diciendo reiteradamente que, ahora, cuando se encuentren «allá arriba», seguro, montarán un auténtico «lío» con la inconfundible voz del de San Fernando y la guitarra del nacido en la mayor ciudad del Campo de Gibraltar.

Huía de la adulación buscando gente sencilla, como él
Huía de su propia leyenda y, en Mallorca, dejó de tocar la guitarra durante un tiempo, alegando cierta «alergia» al instrumento, aunque la realidad no era otra que las ganas de compartir espacios de tiempo amplios con gentes sencillas, retirado de los ambientes artísticos e intelectuales y alejado de la adulación y el piropo fácil para, por añadidura, dedicarse a sus dos hijos, entonces de corta edad. Fue su esposa Casilda Varela, de la que se separó para unirse, posteriormente, a Gabriela Carrasco, siendo padre de Casilda, Lucía, Curro, Antonia y Diego.

Tiene una amplísima discografía, pero hay que detenerse, necesariamente, en su celebérrima rumba titulada «Entre dos aguas». ¿Por qué?. Sencillamente porque cuando preparaba ese disco no estaba muy convencido de incluír, en él, esa composición que le parece «escasita», mientras que, luego, fue millonaria en ventas y un inconfundible sello identificador en toda su carrera artística. Existe en el mercado un estuche con todas sus grabaciones oficiales (25 CD’s, libretos, rarezas y otras grabaciones complementarias muy curiosas) al que solamente le faltan las composiciones editadas posteriormente a su publicación, tales como «Cositas buenas», como disco más relevante y completo después de ese estuche magistral. Todo el mundo se aficionó a la música de Paco de Lucía por dos de sus más populares interpretaciones, la ya citada «Entre dos aguas» y «Aires choqueros», pero, como decía el propio artista, no eran sus mejores trabajos, toda vez que su discografía encierra auténticas obras maestras que, seguro, ahora, cobrarán más vigencia y, como ha ocurrido con tantos otros artistas, habrá sido necesaria su desaparición para que su obra completa se valore en la dimensión adecuada y con el respeto que el artista siempre ha merecido. Se da la coincidencia, además, de que no se ha lanzado, todavía, su último disco, titulado «Canción andaluza», un plástico que tenía prevista su salida al mercado a finales de Abril próximo, pero que estaba «atrancado en un cajón», mientras se decidía la portada que debía lucir.

Era la guitarra la que lo hacía todo
El propio José Fernández Torres «Tomatito», lujoso guitarrista de enorme prestigio que acompañó a «Camarón de la Isla» durante sus últimos 18 años de vida, es un admirador del algecireño, como también lo son otros «primeros espadas» del instrumento de las seis cuerdas, ya que Paco de Lucía ha sido un virtuoso, un maestro y un verdadero artista que fruncía el ceño cuando tocaba, como queriendo decir que era la guitarra la que lo hacía todo. Y es que interpretaba con tal soltura que, siendo complejo, difícil y «de libro» lo que hacía, lo convertía en algo sencillo y le restaba toda importancia por la destreza de la que gozaba.
Ingresará, seguro, en las enciclopedias de la música popular, porque fusionó el flamenco con el jazz e hizo lo mismo con el blues, la salsa, la bossa nova, la música hindú o la árabe e hizo que se confundieran los límites fronterizos entre la música culta y la popular, con memorables actuaciones e inigualables registros dejados sobre el escenario del mismísimo Teatro Real. También fue nombrado Doctor honoris causa por la Universidad de Cádiz y se le llegó a catalogar como «un músico de dimensión universal», porque todo lo que pueda pensarse, suponerse, imaginarse y realizarse con las múltiples combinaciones de las seis cuerdas estaba en sus manos, algo que pocos, o nadie, pueden decir.
Tres días de luto ha decretado el ayuntamiento de su ciudad natal y muchos corazones se tiñen de negro ante esta irreparable pérdida. Seguro que, ahora, cuando leamos, estudiemos o trabajemos escuchando el sonido de su guitarra, correrán escalofríos por nuestro cuerpo, teniendo ya que admitir su triste desaparición e irreemplazable existencia y recordando el enorme legado musical que nos dejó alternando las brillantes notas que arrancaba de su legendaria y española guitarra a la que, como dicen los buenos aficionados, supo «educar» para arrancarle las notas más brillantes y esos virtuosismos que nadie exhibía como él. Y, siempre, en un clima de humildad y sencillez irrepetible. Sus restos fueron inmediatamente repatriados para darles sepultura en el cementerio viejo de Algeciras.

«Entre dos aguas»: cristalina y turbia

Ahora, otorgaremos mucho más valor que él mismo le concedía a su obra más popular, «Entre dos aguas», porque nos debatiremos entre el agua cristalina del recuerdo de su maestría y genialidad y el agua turbia de la resistencia a admitir su desaparición. Descanse en paz Paco de Lucía que, indefectiblemente, no demorará ni un instante el gran «tablao flamenco» que, a buen seguro, instalará en «El Paraíso» con su magnífico compadre e inmejorable amigo «Camarón de la Isla». Buenos, pero tristes días.

Pedro Antonio Hurtado García
es Director de Zona de CAJAMURCIA-BMN
en el Noroeste murciano