PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Hablar de Jóhann Jóhannsson puede llegar a confundirnos entre música y cine, porque este reputado compositor ha creado bandas sonoras importantísimas para el mundo del celuloide, poniendo compases a películas como “La Llegada”, “Sicario” o “La teoría del todo”, por la que obtuvo un “Globo de Oro”. Estuvo, además, nominado a un Oscar en dos ocasiones diferentes, a los premios “BAFTA”, así como a los “Grammy”. Pero, no obstante, la banda sonora que le catapultó mundialmente fue la de la película titulada “Prisioneros”. Su nivel de colaboración musical en el mundo del cine estaba íntimamente ligado a la lealtad profesional con directores muy concretos, siendo todas las películas mencionadas del canadiense Denis Villeneuve, mientras que la de su “Globo de Oro” la dirigió el británico James Marsh. También fue recientemente reconocido como “Mejor Compositor de Bandas Sonoras”, distinción concedida por la prestigiosa “World Soundtrack Awards Academy”. Es autor, al mismo tiempo, de diversas canciones creadas para artistas de la talla del rockero inglés Barry Adamson o del también británico y popular cantante Marc Almond.


Jóhann Jóhannsson (19-09-1969, Reikiavik-Islandia/09-02-2018, Berlín-Alemania), hombre que estudió idiomas en el lugar en el que vio su luz primera, también literatura y, posteriormente, enfocó su vida al mundo de la música. Profesional de muy sólida cultura que, con solamente 48 años, ha aparecido muerto en su apartamento berlinés por causas que todavía están pendientes de esclarecer y que, de momento, no han sido reveladas.
Lamento compartido
En “Facebook” podía leerse, el pasado fin de semana, momento en que se conoció la luctuosa y triste noticia de su muerte, lo siguiente: “Con profunda tristeza confirmamos el fallecimiento de nuestro querido amigo Jóhann. Hemos perdido a una de las personas más talentosas y brillantes que tuvimos el privilegio de conocer y trabajar. Que su música nos siga inspirando”, una reflexión compartida, seguro, por su legión de seguidores que se asomaban a su trayectoria con el respeto que supo ganarse, la calidad de sus partituras, el éxito de las películas por él musicalizadas y su profundo nivel de autoexigencia en su musical trabajo, por el que apostó como medio de vida y al que se dedicó en cuerpo y alma.
Comprometido con “Deutsche Grammophon Records” desde 2016
El islandés nació, se crió, estudió y se desarrolló en la capital de su país, Reikiavik, donde también comenzó carrera como guitarrista, porque, en plena juventud, se integró en diversos grupos musicales de notable éxito en el género indie rock. Y se inició componiendo obras que acompañaban a diversas representaciones teatrales, en Islandia, en los años noventa y como preludio a su incursión en la música cinematográfica, que es la que realmente le ha otorgado prestigio internacional y desbordada fama desde los comienzos del presente siglo XXI. Su último “plástico” en solitario, “Orphée”, se lanzó en 2016, justo cuando firmó compromiso comercial con el internacionalmente prestigioso sello discográfico alemán “Deutsche Grammophon Records”.
Programado en el festival barcelonés “Primavera Sound”,
La prestigiosa organización “Primavera Sound”, impulsora del festival musical que precede al estío y que, con la misma denominación, se celebra en Barcelona, no se demoró en “tuitear” el siguiente sentimiento: “Tristísima noticia: profundamente impactados y apenados ante la muerte inesperada de Jóhann Jóhannsson, que justo hace una semana estuvo en Barcelona tocando y al cual esperábamos en “Primavera Sound” 2018. Todo nuestro cariño para sus familiares, colaboradores y allegados”.
Orquestación clásica pura con mezclas electrónicas
El compositor estaba considerado como uno de los más valorados y respetado del mundo contemporáneo. Se ha caracterizado, en sus trabajos, por su notable orquestación clásica pura, pero añadiendo intensas mezclas electrónicas y sin gustar de ser encasillado, porque se sentía creativo, moderno, avanzado, estudioso y permanentemente cambiante, para adaptarse a la realidad, los avances y descubrimientos de cada momento, aunque siempre prefirió verse inmerso en los movimientos minimalistas más notables del pasado siglo XX.
Sus obras plasman, perfectamente, su profunda obsesión por lo que, él, denominaba “textura del sonido”, animado a cuidar esas formas necesarias que le permitían adentrarse en el más minúsculo núcleo creativo para conseguir la esencia rítmica a base de capas concéntricas de un sonido que se instalaba en lo sublime, pero siempre a través de largos, complicados y bastante complejos desarrollos orquestales en los que tenía muy en cuenta tanto el aspecto ambiental que debía crearse como esa electrónica experimental de la que prefería no prescindir, siempre que le resultase posible, ya que era su sello de identidad profesional. Una forma de hacer, crear y sentir que despertó enfervorizadas pasiones en la escena independiente, muy por encima de lo que suscitara en el “espectador clásico”.
Abundante y relevante trabajo
Su colección de obras discográficas en solitario, así como su participación en bandas sonoras de grandes películas, cortometrajes, trabajos para televisión, representaciones teatrales y danza contemporánea, gozan de una extensión amplísima y de una calidad de extraordinario relieve.
Una verdadera lástima que nos abandone tan pronto, y tan joven, un talento de un valor tan intenso. Descanse en paz el maestro, el músico, el creador, el artista y el hombre. Buenos días.
Pedro Antonio Hurtado García