PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Alguien puede sentirse extrañado porque siempre hablamos de músicos y, al ver nuestro titular, entenderán al finado como un humorista, pero sus comienzos artísticos, lo que le valió para llegar a la cima y presentarse en los escenarios del mundo, con fama, éxito y gloria, fueron sus inicios como “cantaor flamenco”, que así se reconocía, él mismo, cuando explicaba sus comienzos en el mundo del espectáculo. Por eso, cuando hablamos de Gregorio Esteban Sánchez Fernández​ (28-05-1932, Málaga-Andalucía-España/11-11-2017, en el mismo lugar), nos estamos refiriendo, igualmente, al actor cómico, cantaor flamenco y humorista, conocido artísticamente como “Chiquito de la Calzada”, hombre con el que se creó una escuela del humor que también con él acaba, porque nadie ha sido capaz de practicar sus virtudes comunicadoras en el difícil arte de hacer reír a la gente. Su denominación artística no tiene más secreto que el de pertenencia, ya que nació en el malagueño barrio de La Trinidad, concretamente en la calle Calzada de la Trinidad. Y, por eso, es “Chiquito de la Calzada”, siendo lo primero por lo menudo que inició su actividad artística, pues a los 8 años ya se encaramaba a los escenarios para integrarse, muy pronto, en la compañía de su ciudad natal, denominada “Capullitos Malagueños”, donde comenzó a consagrarse como cantaor flamenco.


A Japón en busca de éxito
Probó surte hasta en Japón, donde llegó a vivir dos años, tratando de promocionar su vena artística. Cuando ya optó por el humor, donde el triunfo le sonrió con más de 62 años cumplidos, llegando a hablar, en su habitual tono humorístico, de la “mala pata” de no haberle favorecido la suerte muchos años antes, acuñó un nuevo diccionario de términos, que calaron en nuestro “idioma ambiental”, en ese tono de broma que se creaba cuando alguien pronunciaba sus giros lingüísticos tan personales y se sabía que procedían de su propia cosecha.

Su diccionario particular
Nos ha regalado frases, términos y expresiones como “Por la gloria de mi madre…”, “Está la cosa m’u malamente…”, “¿Te da cuén…?”, “Tus muelas…”, “Doltor, doltor…”, “Hasta luego, Lúcar…”, “No puédol, no puédol…”, “Diodenal”, “Jande mor…”, “Cobarde”, “Cuidadín”, “Hamatoma”, “¿Cómooorrr…?”, “Fistro sexual”, “Al atáquel…”, “Físicamente, moralmente, diplomáticamente…” o “Pecador de la pradera”, entre otras muchas ocurrencias, que hizo tan populares que, en sus mejores momentos, corrían de boca en boca en los ambientes sociales de todo tipo y condición, creando esa chispa que él poseía de forma natural y espontánea, “fabricando” un humor que le hacía aderezar los chistes de manera muy singular, hasta no contarlos nunca de la misma manera que en la ocasión anterior, porque los vestía de movimientos muy personales, gesticulaciones tan especiales como particulares y toda esa sal y esa pimienta que, en ocasiones, hacían el chiste más gracioso y atractivo por los adornos que por los propios contenidos.

Fenómeno sociológico
La revolución de su éxito llegó a través de la televisión y fue, entonces, cuando las diferentes cadenas, públicas y privadas, “se lo rifaban” para cubrir emisiones clave como la noche de fin de año, otros programas de variedades, musicales y espacios de entretenimiento, porque “Chiquito de la Calzada” llegó a estar de moda con marcada fuerza y no poca intensidad, reflejándose en emisiones que rondaron los cinco millones de espectadores simultáneamente, lo que le valió el calificativo de “fenómeno sociológico”. Sus expresiones se colaban en el lenguaje coloquial, en los corrillos de amigos, en los supermercados, peluquerías y en todo tipo de ambientes. Y quizás fue, eso, lo que dio lugar a que también las emisoras de radio compitieran por tenerle ante sus micrófonos para ofrecer programas de humor aderezado con la presencia de quien ya era una indiscutible estrella.

Su Pepita del alma
Fue Pepita su esposa de toda la vida (Josefa García Gómez), con la que contrajo matrimonio en 1950, conviviendo en tal situación durante la nada despreciable cifra de 62 años, permaneciendo 5 como viudo, lo que nos deja deducir que se casó con 18 años que son los que sumamos a su vida matrimonial y de viudedad para alcanzar los 85 con los que nos ha abandonado para siempre. Y es que Pepita falleció en 2012, repentinamente, a causa de una arritmia cardiaca. El matrimonio no tuvo hijos. Chiquito sufrió una caída en su domicilio a mediados del pasado mes de Octubre, recibió ingreso hospitalario, pero se recuperó pronto. No obstante, al final del citado mes pasado padecía un dolor en el tórax que, una vez estudiado en el malagueño Hospital Carlos Haya, resultó ser una angina de pecho. Se le practicó un cateterismo, pero ninguno de los cuidados aplicados gozó de capacidad suficiente para evitar su fallecimiento el pasado sábado.
Hay que significar que, desde que se produjo el óbito de su esposa, compañera de toda la vida y con quien formaba una pareja estupendamente compenetrada y llena de complicidad, nunca volvió a ser el mismo y, aunque su mundo era el del humor, el suyo particular quedó mutilado, maltrecho y deteriorado con la ausencia de “su Pepita del alma”.
Descanse en paz este rey de la carcajada, mago del humor, artesano del chiste y trabajador incansable que no detuvo sus ilusionados impulsos artísticos hasta lograr el éxito que siempre mereció y que la vida no le puso delante hasta bien avanzada su edad. Buenos días.