Sema Fdez

Adiós al Juan de los Carrascos. Esta frase no quería que llegase nunca, pero al final, a todos nos llega ese día en que tenemos que partir. A mi abuelo, le llegó hace un par de meses, pero consiguió llegar a la edad de 102 años, aunque claro, si hubieran sido 120 tampoco habría pasado nada. Por muchos años que tuviera, pocos son para su familia y sus amigos. Y es que todo el mundo quería al tío Juan “de los carrascos”.

Este apodo le vino por el tiempo que estuvo viviendo y trabajando en la finca de los carrascos, en el término municipal de Cehegín. Allí pasó muchos años y por tanto empezaron a conocerlo de esa manera.

Como he dicho antes, cumplió los 102 años, por lo que, si hacemos cuentas, nació en 1920. Imaginaos todo lo que ha vivido. Todas las diferentes etapas por las que pasó España desde ese año hasta ahora, incluida la guerra civil, en la cual estuvo, como tantos otros españoles de la época.

Él siempre nos contaba sus historias, sus batallas (literales) y momentos vividos. Tenía grabado en la memoria esos malos momentos durante la guerra, y aunque le preguntases sobre otros momentos de su vida, al final acababa contándote esos recuerdos, supongo que fueron tan duros que su mente no podía ni olvidarlos.

Juan ha sido una persona luchadora, valiente y fuerte. Porque tras la guerra, se casó y tuvo 4 hijos, pero tras pasar un año del nacimiento de la última hija, perdió a su mujer. Por lo que tuvo que criar a los 4 hijos solo, en una época difícil, donde se trabajaba de sol a sol, casi sin descansos.

Pero no todo en la vida de mi abuelo ha sido situaciones difíciles, también ha disfrutado de momentos felices, gracias a algo que todos disfrutamos: la música.

“La música ha sido mi mayor divertimiento”, decía él siempre. Juan tocaba la guitarra, era compositor y amante de la música. Con solo 7 años le compraron una pequeña guitarra con la que empezó a tocar, la cual dice que le duró poco, porque no paraba de tocar todos los días hasta que se rompió.

Aprendió solo, viendo y escuchando canciones: jotas, malagueñas, pasodobles, flamenco… Llegó a componer diferentes canciones, entre ellas un pasodoble, que, transcrito a partitura con la ayuda de un director de música de Bullas; fue tocado por una de las bandas del pueblo, algo que le hizo muchísima ilusión.

Con quién más disfrutó fue con su grupo musical “Los lingos”, un grupo con el que iba a tocar a diferentes fiestas de pueblo de la región, así como en Bullas, La copa, El Chaparral y en el Arroyo Hurtado, conocido como “el royo”. Con estos tocaba música popular, jotas, malagueñas, y otros estilos que por desgracia cada vez son menos conocidos y se van perdiendo.

Aunque si tuviera que decir que era lo que más disfrutaba con ellos, eran con sus “francachelas”. Y es que, todos los sábados durante quizás más de 20 años se juntaban en la casa de uno de ellos a pasar la tarde tocando, cantando, comiendo y bebiendo vino o mistela, hasta que se hacían altas horas de la madrugada. Esas fiestas, eran las que él recordaba, las que le daban la vida y le hacía olvidarse de todo.

Mi abuelo, como he dicho al principio, era una persona muy querida, todo aquel que lo conocía hablaba bien de él. Era una persona serena, con humor y con bondad. Nunca se metía en discusiones, sino al revés, intentaba poner paz cuando alguno de sus amigos discutía con otro. Y así fue con su familia, un gran padre que, pese a todo, logró cuidar de sus 4 hijos. Un grandísimo abuelo y bisabuelo, con el que nos llevamos un montón de recuerdos e historias. Y, sobre todo, con todo lo que nos ha enseñado.

Siempre nos daba consejos, que teníamos que llevarnos bien con todo el mundo, que fuésemos trabajadores y valientes, que no fuésemos con la cabeza debajo del ala ya que solo nosotros mismos podemos afrontar nuestros problemas.

Sin duda, una persona digna de una película de superación y yo, como el resto de familiares y amigos, pudimos disfrutar de él durante tantos años, y hasta su último día hablar con él, disfrutando de sus bromas y aprendiendo de los consejos.

Inevitablemente llegó el día de su partida, pero él, será eterno por su música y sus recuerdos, deja un gran legado y un amor por la vida y las personas.

Hasta siempre abuelo y ¡que viva, el Juan de los Carrascos!