POR PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

John Rober Cocker, popular, artística y cariñosamente conocido entre su familia, amigos, su comunidad y toda su legión de fans mundiales como Joe Cocker, nos abandonó el pasado día 22 de Diciembre, mientras algunos recibían la afortunada noticia del «premJoe Cockerio gordo» de nuestra Lotería Nacional. Era conocido, igualmente, como la voz grave y volcánica del «soul blanco» que, el citado día, quedó apagada para siempre porque el ínclito artista, en su caprichoso destino, seguramente, decidió no acabar el año entre nosotros. Y tuvo que ser un cáncer de pulmón, el órgano que le proporcionaba el aire que le venía alimentando últimamente, el que acabó con la vida del británico intérprete cuando contaba con 70 años de edad. Terminaba así una carrera que empezó entre vapores de alcohol en los años sesenta en los clubes de Sheffield, ciudad del centro de Inglaterra donde nació en un suburbio, aunque vivía, desde hace años, en Estados Unidos, en un rancho de Colorado, junto a su segunda esposa (20-05-1944, Sheffield-Inglaterra/22-12-2014, Crawford-Colorado-Estados Unidos). Su agente, Berrie Marshall, confirmó, a su fallecimiento, la desaparición de un artista «sencillamente único». «Será imposible llenar el espacio que deja en nuestros corazones», sentenció. «Fue, sin duda alguna, la mayor voz de rock y soul que nunca dio el Reino Unido. También fue el mismo hombre durante toda su vida. Tenía verdadero talento, era una auténtica estrella, pero, al mismo tiempo, un hombre amable y humilde que amaba estar sobre el escenario. Cualquiera que le haya visto alguna vez en directo no podrá olvidarle». Y, precisamente, quien esto firma, le pudo ver hace unos años en el pabellón municipal deportivo de San Javier, concretamente el día 26 de Mayo de 2000, con su característica barba roja y su indumentaria negra, nos dio la impresión, y así lo certificamos con otros espectadores muy observadores que nos parecieron tremendamente documentados, que padecía un problema prostático, pues se ausentó del escenario en varias ocasiones, durante espacios que rondaban los cinco minutos y, cuando esperábamos que volviera con diferente indumentaria, regresaba exactamente igual que se había marchado y parecía que sus «ir y venir» estaban basados, esencialmente, en un problema de necesidades fisiológicas tan intransferibles como inevitables. Y es que, aunque eran 14 años menos, es decir 56, se hallaba en la edad propicia para ser víctima de esos problemas renales y prostáticos que acuden en semejantes momentos de la vida humana. Mientras se ausentaba, un prodigioso bajista, como nunca hemos podido ver a ninguno, realizaba «solos» tan espectaculares como difíciles, ya que no es un instrumento muy propicio para exhibirse con él en solitario, pero, en aquella ocasión, la puesta en escena del guitarrista de cuatro cuerdas era realmente magistral. A todo eso, cerca del centenar y medio de personas conformaban un equipo técnico que se afanó en la preparación de un concierto en el que el británico se hizo acompañar de nueve músicos excelentes y a quienes precedió la actuación de los murcianos «Los Bluesfalos», quienes tuvieron la distinción de convertirse en teloneros del británico a lo largo y ancho de su gira española. Y, allí, en el pabellón municipal deportivo de San Javier, Cocker nos deleitó con sus grandes canciones de siempre, pero, además, nos presentó su, entonces, último trabajo titulado «No ordinary World», producido por Steve Power, un plástico en el que, con un total de doce canciones, se incluían temas originales y nuevas interpretaciones, en algunos casos, de legendarias y muy conocidas canciones que, en su voz, cobraban una especial espectacularidad.
La gratitud de Paul McCartney
Dueño de esa voz rota y potente, pero incombustible e indestructible, que se caracterizaba por un timbre inconfundible, puede calificarse como artista de voz única y protagonista de movimientos espasmódicos ante ese micrófono que siempre mantenía en la abrazadera de su vertical pie, unos movimientos que han quedado plasmados a perpetuidad en su singular y dramática interpretación de «With a little help from my friends», un incontestable éxito de The Beatles, interpretado por él sobre un escenario de Woodstock, cuando el cantante solo tenía 25 años, recogida, entonces, en la película del legendario festival local de música y arte. Hablamos de una versión tan inconfundible como irrepetible por la que le felicitaron los propios autores, lo que le llevó a disfrutar de su primer número uno, en el año 1968. Reveló, ahí, su gran gusto y acierto al reinterpretar, o, mejor dicho, reinventar composiciones ajenas que más que versiones parecían canciones encumbradas a una dimensión diferente en la potente y siempre rota voz del intérprete británico. Al conocer la noticia, nada más producirse, el propio Paul McCartney, autor de la composición, junto a John Lennon, dijo que «estará para siempre agradecido a Cocker por convertir aquella canción del disco titulado Sgt. Pepper’s en un himno del soul». De origen proletario, Joe Cocker sucumbió a todas las tentaciones de la bohemia rockera.
Reinventándose una y otra vez
Y, cuando parecía tocar fondo en su creatividad escénica, se reinventaba, una vez más, para ser capaz de cosechar éxitos planetarios y universales. Su voz, que ya ha quedado íntimamente ligada, para siempre, al cine de «los ochenta», gracias a «Up where I belong», su inimitable dueto con Jennifer Warnes en «Oficial y caballero», aquel que le valió un Grammy y un Oscar, en 1983. Pero, sobre todo, por su versión de «You can leave your hat on», de Randy Newman, que puso ritmo al mítico y nunca olvidado «strip tease» de Kim Bassinger, ante Mickey Rourke, en la cinta titulada «Nueve semanas y media», lo que se convirtió en el himno erótico de toda una generación. En los ’70 protagonizó otro éxito con ‘You’re so beautiful’, escrita por el inefable Billy Preston, con la colaboración de Dennis Wilson, de los inolvidables The Beach Boys. Publicada, originalmente, en su disco de 1974 «I Can Stand a Little Rain», se convirtió, desde entonces, en un clásico de su repertorio. Sin olvidarnos de los memorables «You are so Beautiful», la ya citada «You can leave your hat on», «Feels like forever» y «Up where we belong», entre otras muchas de sus grandes interpretaciones. Nosotros, en particular, no podemos olvidarnos de su genialmente concebida «Don’t let me be misunderstood», ese precioso tema que escribieran Bennie Benjamin, Gloria Caldwell y Sol Marcus para su interpretación, en el mundo jazzístico, por la sensacional Nina Simone, pero que popularizaran, en versión pop, los legendarios The Animals y que interpretaran, adicionalmente, monstruos de la canción como Santa Esmeralda, Camelia Jordana y otros grandes, aunque también, en ámbito más local español, lo hicieran los afamados del soul Conexion, con Luis Cobos como líder, y los catalanes Lone Star, liderados por Pedro Gené, en una versión en castellano que conocíamos como «Comprensión». Cuentan las crónicas que Joe Cocker se lanzó a cantar ante un micrófono, por vez primera, a los 12 años, precisamente en la banda de su propio hermano. Pero ya, desde que «se instaló» en las 15 primaveras, lo comenzó a hacer en bandas propias formadas con tal fin.
Los comienzos de una trepidante y brillante carrera musical
Con el nombre de Vance Arnold, protagonizó sus comienzos artísticos en la música profesional. Ya con su banda, «The Avengers», y su poderosa voz, versionaban éxitos de Chuck Berry y Ray Charles, entre otros grandes, consiguiendo «confundir» a los consumidores musicales que, en ocasiones, llegaban a creer que las canciones, al gozar de un toque tan personal y especial, eran del propio Cocker. En 1963 fueron teloneros de The Rolling Stones, en el lugar de nacimiento del pelirrojo solista, es decir en Sheffield. Y, un año después, estampaba su firma en el primero de sus contratos para el que sería el primero de su veintena de álbumes en solitario. Hombre de caótica imagen y desaliñado estilo, tal como se apreciaba en sus apariciones escénicas, pero que, quienes le conocían en la corta distancia, aseveran que era idéntico en su vida personal. Reticente a prodigarse en las actuaciones en directo, fue tomándole el gustillo a las apariciones en el escenario y, en 1970, «se enganchó» en una interminable y monumental gira por nada más y nada menos que 48 ciudades de Estados Unidos, acompañándole la friolera de cuarenta músicos, una gira que titularon con el atractivo nombre de «Mad dogs & Englishmen» (perros locos y hombres ingleses). El acierto de la aventura, recogida en un álbum en directo y en una película con indiscutible éxito, forjó y cimentó su leyenda americana, pero aquella larguísima fiesta casi acaba con su salud física y mental. La reina de Inglaterra le entregó, en 2007, la medalla que le acreditaba como «Oficial del Imperio Británico» por sus múltiples y acertados servicios a la música. En 2012 aparece «Fire It Up», un álbum de estudio que vendría a convertirse en el último de su dilatada y brillante carrera artística. El año pasado, emprendió una triunfal gira por diversas ciudades Europas que vino a terminar en Junio, en el «Hammersmith Apollo» londinense, en el que, por mor del destino, se convirtió en su último concierto en directo, tras cinco décadas encumbrado en el éxito mundial. Descanse en paz alguien a quien nunca olvidaremos por lo mucho que aportó a la música mundial: Joe Cocker. Buenos días.
Pedro Antonio Hurtado García
es Director de Zona de CAJAMURCIA-BMN
en el Noroeste murciano