POR PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA
Recuerdo cuando pinchaba su música en mis tiempos de disc-jockey discotequero o cuando lanzaba a las ondas en mi etapa radiofónica. Era un auténtico deleite escuchar su temas, divulgarlos y expandirlos a los cuatro vientos con la firme seguridad de saber que nadie podía decir aquello de “esa música no me gusta”, porque la obra completa de David Bowie ha gustado y complacido nada más y nada menos que a cuatro generaciones y, seguro, las que vendrán. Sus canciones de bella factura, sus partituras de rock moderno, sinfónico o el mismo rhythm and blues, sus guiños al country y esas preciosas baladas, algunas con ritmo más alegre, que nos servían a los artesanos de las combinaciones sonoras, como “temas de cambio” que les llamábamos, para pasar del ritmo que protagonizaban las canciones que denominábamos lentas, esas con las que las parejas “se amarraban” y hasta “se cocían” de considerable manera, a los ritmos más bailables, como la música disco o el más puro pop con el que más notablemente se identificaba el fallecido que, en su último estertor, se hallaba rodeado de toda su familia.

POR PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA
Recuerdo cuando pinchaba su música en mis tiempos de disc-jockey discotequero o cuando lanzaba a las ondas en mi etapa radiofónica. Era un auténtico deleite escuchar su temas, divulgarlos y expandirlos a los cuatro vientos con la firme seguridad de saber que nadie podía decir aquello de “esa música no me gusta”, porque la obra completa de David Bowie ha gustado y complacido nada más y nada menos que a cuatro generaciones y, seguro, las que vendrán. Sus canciones de bella factura, sus partituras de rock moderno, sinfónico o el mismo rhythm and blues, sus guiños al country y esas preciosas David Bowiebaladas, algunas con ritmo más alegre, que nos servían a los artesanos de las combinaciones sonoras, como “temas de cambio” que les llamábamos, para pasar del ritmo que protagonizaban las canciones que denominábamos lentas, esas con las que las parejas “se amarraban” y hasta “se cocían” de considerable manera, a los ritmos más bailables, como la música disco o el más puro pop con el que más notablemente se identificaba el fallecido que, en su último estertor, se hallaba rodeado de toda su familia.

“The Platinum Collection”
Siempre nos proporcionó alegrías y nunca contratiempos, pero, ahora, nos ha traído el más serio disgusto a quienes nos hemos hartado de sumergirnos en sus canciones, incluso escuchando ese triple disco recopilatorio que lanzó el 22 de Febrero de 2008 y que lleva por título “The Platinum Collection”, un estuche del que lo mismo podías satisfacerte con el primero de sus discos, con el segundo, con el tercero, al revés o intercalarlos, repetirlos y no cansarte nunca. Música auténtica y canciones legendarias de las que elegir o seleccionar es tan arriesgado como temerario, ya que cada una tiene “su cosa” y cada cosa “su duende”. David Bowie nos resultará inolvidable porque ha sido un mago de las canciones y un auténtico alquimista de la interpretación. Y, ahora, logrando mantener su enfermedad en el más absoluto secreto, un cáncer de hígado, contra el que ha luchado durante 18 meses, nos lo ha robado como a tantos y tantos otros monstruos del panorama musical mundial, tras sufrir seis ataques al corazón en los últimos años. Y, por añadidura, ha desaparecido justo a los dos días del lanzamiento del que será considerado, para siempre, como su último disco, el titulado “Blackstar”, número 25 de su dilatada carrera, cuyo aparición en el mercado quiso hacer coincidir el artista con la celebración de su 69 cumpleaños, un plástico de siete canciones con el que podremos rememorar su inconfundible estilo y su magistral conocimiento de la interpretación musical y que ya se ha convertido, en tan pocos días, en un disco de talante experimental que protagoniza junto a un quinteto de jazz, trabajo que ha sido recibido con extraordinarias y muy favorables críticas.

Ejercicio de síntesis necesario y obligado
David Robert Jones, popular y artísticamente conocido como David Bowie, nombre que se cambió, en principio, para evitar la posible confusión con el líder de “The Monkees”, Davy Jones (08-01-1947, Brixton-Londres-Reino Unido/10-01-2016, Nueva York-Estados Unidos), participó en la creación de numerosas bandas y agrupaciones musicales de éxito a lo largo y ancho de su vida. Para su nombre artístico señaló haberse inspirado en el del creador de un cuchillo, Jim Bowie, cuyo instrumento de corte desarrolló en el siglo XIX. Pero nunca se consideró un artista de grupos y, por esa clara razón, decidió convertirse en solista al tiempo que editaba sus primeros discos, incluyendo en tal línea divisoria su álbum de debut titulado “The world of David Bowie”. Ciertamente, necesitaríamos varias páginas para ofrecer, solamente, algunas pinceladas de la variada, apasionante y nunca exenta deinterés trayectoria de este legendario artista. Pero solamente disponemos del espacio de esta plana que nos ofrece “El Noroeste” y, por ello, tenemos que recurrir al ejercicio de síntesis más agudo.

Su sexualidad, sus motes, Lennon y Jagger
Se retiró a un monasterio budista de Escocia, en 1967, decisión que le aportó una extraordinaria fama a nivel mundial. Un año después se unió a la banda “Feathers” y, nada más separarse de la formación, colaboró en la creación del colectivo “Beckhenham Art Lab”, en 1969. En Julio de ese mismo año, logró el número uno de las prestigiosas listas de ventas inglesas con su trabajo titulado “Space Oddity”. Y tuvo que llegar 1975 para que el carismático británico conquistara el mercado estadounidense con el sencillo “Fame”, un tema que coescribió con el entonces ya ex-componente de “The Beatles”, John Lennon. Eran muchos los cariñosos y simpáticos motes que se le atribuían, como el “Rey del glam”, “Ziggy Stardust”, “Extraño objeto de museo”, “Legendaria estrella del rock”, “Icono estético y artístico”, “Duque blanco” y, además de muchas más denominaciones, para otros, era simplemente Bowie, un inconmensurable y genial artista que nos ha dejado un proverbial legado del que ha disfrutado la sociedad civil de los siglos XX y XXI. Ofreció su último concierto en 2006, consistente en tres canciones que conformaron un bolo caritativo en Nueva York, ya que, desde entonces, militaba en el silencio y en el enigma de Manhattan, lugar donde residía habitualmente junto a su esposa, la modelo somalí Imán, con quien protagonizó un exitoso matrimonio que duró 23 años y que confirma plenamente que la bisexualidad glam fue otro de los atributos personales del músico que manifestó “Declararme homosexual fue el mayor error de mi vida. Siempre fui un heterosexual cerrado”, tal como declaró a la internacional y musical revista “Rolling Stone”. Pero no olvidemos que anteriormente, en Marzo de 1970, contrajo matrimonio con Ángela, la que fuera la famosa “Angie” que hiciera popular la voz de Mick Jagger, el mítico líder de “The Rolling Stones”, quien, según la leyenda, también tuvo algún escarceo “bi” con el propio David. El matrimonio se divorció en Suiza, en 1970,no sin antes convertirse en padres del que hoy es prestigioso cineasta, Duncan Jones. Sin embargo, Bowie inició su relación con Imán, saludada como un capricho y que, no obstante, ha supuesto un matrimonio largo, feliz y con el importante fruto de una hija, Alexandra. En 1977, comienza el alboroto londinense del punk, mientras él, muy sigilosamente, toma rumbo a Berlín para instalarse allí por no interesarle ese movimiento musical.

Grandes canciones
Y no acabamos sin recomendar la escucha de “The Next Day”, un nuevo disco publicado en 2013 y del que se hizo eco la crítica más especializada, convirtiéndose en número uno en el Reino Unido. Pero son también discos inolvidables e imprescindibles “The man who sold the world”, “Space oddity”, “The rise and fall of Ziggy Stardust and the spiders from Mars”, o “Starman”, auténticos sonidos mágicos y canciones quepasarána la historia como emblemáticas de este artista al que siempre recordaremos. Descanse en paz. Buenos días.