Pedro Antonio Hurtado García

La vida está, no llena, sino repleta de coincidencias y casualidades. Fue el pasado día 16 de Agosto cuando falleció la “Reina del soul” (“Queen of soul”), también apodada la “Dama del soul” (“Lady soul”), el mismo día que, hace, ahora, 41 años, nos abandonara para siempre otro “monstruo” apodado con sobrenombre “monárquico”, el “Rey del rock and roll”, “El Rey del rock», “El Rey” o, sencillamente, Elvis, 41 años de diferencia que, sumados a los 42 que tenía el de Tupelo, nos ponen en situación sobre los 83 que ahora luciría el rockero que también interpretaba baladas inolvidables con prodigiosa voz. Siete años, pues, era mayor que la ahora fallecida: Aretha Franklin, una edad perfecta para haber podido convivir “palaciegamente”, al ostentar categoría de “Reina y Rey”.

Enfermedad pancreática desde 2010.-Lo cierto es que, casualidades al margen, Aretha Louise Franklin (25-03-1942, MemphisTennessee-EE.UU./16-08-2018,DetroitMíchigan-EE.UU.) deja una imborrable huella en el mundo del soul, pero también del jazz, blues, rhythm and blues, góspel, del que fue una auténtica defensora y transmisora, así como los más selectos géneros musicales que cultivó y practicó con inusitada elegancia, insuperable maestría e irrepetible genialidad, convirtiéndose en una de las intérpretes más influyentes de la llamada música contemporánea. Líder y claro exponente o referente en todo lo protagonizaba, trabajadora incansable que ha estado “al pie del cañón” hasta los últimos estertores de su vida, cuando, en su última etapa, luchó contra una dolencia cancerígena en el páncreas que no ha podido vencer y de la que poco o nada se divulgó hasta materializado su óbito, pese a que la enfermedad la arrastraba desde su inicial diagnóstico, en 2010.

Turbulenta vida.-Sacerdote baptista, su padre, y cantante de góspel, su progenitora, con quienes convivió hasta los seis años, en Memphis, además de con sus dos hermanas. Su madre abandonó, luego, a Aretha y a la familia, lo que aconsejó al padre trasladarse a Detroit, donde alcanzó una muy reputada consideración, merced a sus magníficamente estructurados sermones, henchidos de brillantes contenidos. Aretha Franklin fue formándose y creciendo como cantante y pianista, ayudada por importantes músicos de la ciudad. Con doce años, comenzó a cantar en la iglesia donde predicaba su padre.

Se bastó para tocar el piano.-Nos genera verdadero sentimiento su desaparición, tanto como el que nos produce el saber que no tenemos espacio, una vez más, para poder referirnos a lo mucho y bueno que encierra la carrera artística de esta mujer, de la que siempre nos interesaron sus relevantes virtudes, viéndonos obligados a tratarlas de modo necesariamente telegráfico. Llenaba los más importantes recintos del mundo, dejaba a los taquilleros sin localidades nada más ponerse a la venta, disfrutaba de asistentes de todas las edades, condición social, racial, religiosa y de todo orden y, además, sin ninguna distinción y gozando, siempre, del máximo respeto colectivo. Aprendió solita a tocar el piano, sin saber leer música, pero con una afición indestructiblemente sólida. En su adolescencia, viajó junto al reverendo Martin Luther King Jr. y emocionó a todos los presentes, y a quienes le vieron posteriormente, en su presentación durante el funeral del activista, en 1968.

Una voz muy especial.-Defensora de la mujer y sus libertades, gozaba de un inusual registro vocal de cuatro-octavas, lo que se entiende como el gran secreto que se escondía detrás de su poderosa presencia escénica. Primera mujer en figurar en el “Salón de la Fama del Rock and Roll”, en 1987. “Nadie canta una canción como tú lo haces. ¿Cuál es tu secreto?”, le interrogó un afamado presentador en un importante marco escénico, a lo que ella respondió: “No hay secreto. Únicamente, lo hago. A mi manera. Y espero que a la gente le guste”. En 2005, Aretha Franklin recibió la medalla presidencial de la libertad, como reconocimiento por sus aportes a las artes. Y, como nadie ha conseguido, tuvo la gloria de actuar, en tres ocasiones, en distintos actos de “tomas de posesión” presidenciales, en EE.UU.

Historia de una canción.-Su tema “Respect”, grabado en 1967, creación del también malogrado Otis Redding, quien abandonó este mundo con unos jóvenes 26 años, aunque tuviera tiempo, en tan corta existencia, de componer canciones tan emblemáticas que han pasado a la historia de la música contemporánea, como la inolvidable “Sentado en el muelle de la bahía”, que le valió para lucir, igualmente, otro monárquico mote: el “Rey de los cantantes del alma”. Pues bien, en “Respect”, con una sociedad permisiva y descaradamente machista, Redding pedía respeto a la esposa cuando el marido llega a casa cansado de trabajar, problemas laborales soportados y vejaciones de la vida, además de aportar el dinero al hogar familiar. Otis Redding la compuso con entusiasmo, pero no se le ocurría más letra, después de reprochar a la esposa todo lo mencionado, y repitió estribillo, oportunidad que aprovechó Aretha para “darle la vuelta” al sentido de su contenido, ponerse en la piel de la esposa que espera en casa, ampliar esa letra, arreglar la música, prolongar la canción y exigir ese respeto para la mujer. Y es ella la que proclama, con vehemente fuerza, que, si el marido reclama su admiración y sus favores, se los tendrá que ganar, canción, por cierto, que también cantaba con genio, profundidad y soberbia intensidad, lo que se percibía como una consecuencia del problemático matrimonio de la intérprete.

Inspiradora de divas.-Amplísima colección de canciones, discográficas “rifándosela” siempre, éxitos incontables y numerosas grabaciones convertidas en eternas joyas del vinilo. Biografía salpicada de anécdotas e incansable trabajo. Admiración colectiva y mundial. Ganadora de 18 premios Emmy y más de 75 millones de álbumes vendidos en todo el mundo. Inspiradora de grandes divas como Whitney Houston, Mariah Carey, Christina Aguilera, Beyoncé, Alicia Keys o Amy Winehouse. Protagonista, igualmente, de la música afroamericana, intérprete de voz prodigiosa, potente y brillante y muy temerosa a los vuelos de avión, especialmente los intercontinentales.

Un título respetuosamente modificado.-Acabamos concediéndonos la licencia, con permiso de “La Reina” y máximo respeto hacia ella, de alterar el título de su brillantísima “I say a little prayer” (“Rezo una pequeña oración”) por algo que ella merece como nadie y que le dedicamos y practicamos de corazón, como admiradores añadidos a su mundial legión de partidarios: “I say a heartfelt, deep and prolonged prayer” (“Rezo una sentida, profunda y prolongada oración”). Va por ti, Aretha. Buenos días.