PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Cuando veamos el próximo concierto de año nuevo en la televisión pública, desde la vienesa “Sala Dorada” del “Musikverein”, sede permanente de la “Orquesta Filarmónica de Viena” y recinto habitual de la “Orquesta Mozart de Viena”, seguro que la música sonará con la misma dimensión, intensidad y sonoridad con que lo hace cada año, que los aplausos para los extraordinarios músicos que allí interpretan no se harán de rogar, ya que brindan lujo, virtuosismo y elegancia, que las instalaciones mencionadas continuarán representando, a perpetuidad, esa obra maestra de la arquitectura que son, así como una combinación de elementos acústicos sin parangón en el mundo, pero la locución de la retransmisión, seguro, no gozará del brillo, documentación y prestigio que le ha otorgado, durante muchos años, José Luis Pérez de Arteaga, quien era tan discreto que, salvo el año, no ha dejado huella alguna de su fecha exacta de nacimiento, tras fallecer, la pasada semana, a la temprana edad de 66 años (1950, Madrid-España/08-02-2017, Ibídem), una persona de una extraordinaria formación que atesoraba un bagaje cultural y una especialización en el mundo musical verdaderamente envidiables. Pero, por añadidura, nunca hizo alardes, jamás se mostró superior, no exhibió pedantería alguna y siempre se manifestó sencillo, discreto, educado, de impecable corrección y ofreciendo datos de lo más recóndito, curioso e interesante, pero buscando el momento de naturalidad adecuado para no aparentar, nunca, altanería o arrogancia, ya que esos adversos factores jamás fueron practicados por este hombre, cuya cultura musical ha sido verdaderamente envidiable. Precisamente, él, sí podía haberse permitido esa licencia, que no usó en ningún momento, con esa privilegiada voz con la que captaba la confianza inmediata de todo oyente cuando adornaba cualquier detalle mediante la luz de sus inigualables conocimientos.
Reconociendo nuestra ignorancia
Cuando se conoce con reiteración o se sigue de cerca la trayectoria profesional de este musicólogo tan preparado, es justo en ese momento en el que nos damos cuenta que, de verdad, no sabemos nada, por mucho que pensemos que manejamos una disciplina tan variada, amplia y compleja como es la que se halla en torno al pentagrama. Ejercía como locutor radiofónico, en Radio Nacional de España, crítico musical y contaba, además, con la vitola de musicólogo, porque, si alguien la merece y le corresponde, ese, sin duda alguna, es Pérez de Arteaga, gran persona, incuestionable profesional y hombre que llevaba las altas dosis de documentación e información más refinadas a la forma más noble y humilde de comunicar como si, él, tampoco conociera los importantes datos, curiosidades, anécdotas y vivencias que siempre nos ofrecía, trasladándolo todo al terreno de la sencillez. Y no como otros que, nada más que conocen un dato, parecen erigirse en académicos o doctores de enorme relevancia. ¡¡¡Cómo cambian las posturas!!!. Y todo en función de la humildad o prepotencia, según los casos, de las personas que las manejan, pronuncian o comunican. Y, esa, es la grandeza de muchas personas que ofrecen sus conocimientos como si nos estuvieran dando algo tan sencillo como la hora, la temperatura o el resultado del encuentro deportivo de anoche.
Sencillo, bondadoso y humano
Ya su rostro destilaba sencillez, su mirada bondad y su espíritu humanidad, algunos de los muchos valores añadidos que lucía este licenciado en derecho y en ciencias empresariales que estudió esas carreras en las aulas de “Icade”, mientras mantenía una incuestionable pasión por la música que acabó convirtiendo en su profesión y en su medio de vida. Corría 1985 cuando comenzó a dirigir y presentar, en Radio Clásica, de Radio Nacional de España, “El mundo de la fonografía”, un espacio especializado en las grabaciones musicales y sus novedades, producciones destacadas de esa naturaleza, efemérides, anécdotas y todo lo que tuviera relación directa con los registros fonográficos a cualquier nivel, pero, eso sí, buscando, por encima de todo, la calidad, los grandes intérpretes y los valores más relevantes de ese mundillo, programa en el que ha permanecido más de una treintena de años y a través del que ha formado a miles y miles de melómanos de diferentes generaciones.

Capacidad de trabajo
Igualmente, ejercía como colaborador en el programa “El ojo crítico”, de “Radio 1” y en “Clave de 5”, de “Radio Exterior”. Narraba, para radio y televisión, las retransmisiones de los acontecimientos musicales de mayor relevancia, incluyendo las intervenciones de Orquesta y Coro Nacionales de España, siendo, al mismo tiempo, un entusiasta de la música de Gustav Mahler, sobre el que escribió varios libros y estudió a fondo su inventario discográfico, hasta tal punto que era considerado como uno de los biógrafos españoles más distinguidos del compositor austriaco nacido en Bohemia, de pertenencia actual a la República Checa.
Músico de conservatorio
Inició sus estudios musicales en Madrid y los acabó en la capital británica, concretamente en la “Guildhall School of Music and Drama”. Andrés Sopeña fue su gran mentor musical. Cursó estudios de piano y tomó parte activa en las revistas “Ritmo”, como redactor; coordinador en “Reseña”; redactor y componente del consejo de dirección de “Scherzo”; miembro del jurado internacional del “Premio Mundial del Disco” y colaborador, durante muchos años, en los diarios “El País”, “La Razón”, “ABC” y “El Independiente”. Y director de la “Enciclopedia Salvat de la Música”, así como numerosos cargos y responsabilidades en las más destacadas entidades musicales. Iniciado en el mundo de la radio por Rafael Taibo. Animador de la vida musical madrileña y creador de diversos movimientos tendentes a la promoción de este sonoro arte.
Inesperado desenlace
Una enfermedad le ha mantenido distante de la comunicación algún tiempo, razón por la que perdió peso de forma notoria, aunque se recuperaba y parecía volver a la normalidad. Pero, al final, le ha costado la vida cuando no se esperaba tan fatal desenlace. Su programa, con más de 30 años en antena, ha abierto sus micrófonos para recoger las voces de sus seguidores, opiniones que pueden resumirse en ese sentido “Gracias por todo lo que nos has enseñado”.
En la brecha hasta el último concierto de año nuevo
A su intensa formación, cabe añadir su prodigiosa memoria, lo que le facilitaba el comentario preciso y la información puntual. Siempre, sin hacer ninguna excepción, indicaba las fuentes en las que se documentaba, de tal manera que jamás se adjudicaba conocimientos que no fueran suyos. Debido a esa sabiduría que atesoraba y a su habilidad periodística, obtenía de sus entrevistados el mejor rendimiento informativo. El día 1 de Enero último, hace ahora mes y medio, le escuchamos en el concierto de año nuevo, en el que puso su opinión, muy favorable, por cierto, sobre el joven venezolano Gustavo Dudamel, quien se ocupó de la dirección en la edición del nuevo año 2017 y que brilló con intensa luz.
Se nos va un ejemplo de sencillez, un lujo de persona y un documentado y muy valioso comunicador musical que, seguro, hubiera brillado en cualquier otra tarea que hubiera asumido, como no nos cabe la menor duda. Descanse en paz. Buenos días.