PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

La canción que más popularidad le otorgó fue, sin duda alguna, su arrollador “A chi-li-pú” a la que diera vida en 1971, tema que compuso el fallecido Pepe Castellón, su primo y esposo, junto al reconocido pianista Felipe Campuzano. María Dolores Castellón Vargas, artísticamente conocida como Dolores Vargas “La Terremoto” (16-05-1936, Barcelona-Cataluña-España/07-08-2016, Hospital General-Valencia-Comunidad Valenciana-España), a la muerte de su esposo, pariente y fiel acompañante, ocurrida en Mayo de 1987, decidió retirarse irrevocablemente del mundo de la canción, porque no entraba en su mente el actuar sin tener detrás el apoyo, el acompañamiento y el duende de Pepe Castellón, del que tanto disfrutó en sus actuaciones con la guitarra a lo largo y ancho de su bien llevada y mejor compartida existencia, porque, no en vano, se hallaba profundamente enamorada del guitarrista. Tanto es así que, cuando se casó con él, el día 22 de Julio de 1958, se marcharon de luna de miel al vecino país de Francia, mientras que los periodistas de la época, seguro que en un alarde de auténtico sensacionalismo, publicaban que el novio la había secuestrado, lo que atizó el fuego de una familia que no aprobaba aquellas relaciones, dando lugar a que contrajeran matrimonio sin el consentimiento paterno, algo que representaba, en el mundillo “calé”, un desacato inadmisible al que los contrayentes se sobrepusieron como consecuencia de su indisimulado amor. Por añadidura, padecía una nada despreciable lesión de columna vertebral que le había acompañado durante tantas décadas de esfuerzo y trabajo por esos escenarios españoles y de toda Hispanoamérica, amén de esos europeos países en los que era tan codiciado y valorado su indiscutible arte, especialmente por parte de los numerosos emigrantes españoles que la reclamaban constantemente para que le hiciera más cómodo su trabajo y más español su particular ambiente.

PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

La canción que más popularidad le otorgó fue, sin duda alguna, su arrollador “A chi-li-pú” a la que diera vida en 1971, tema que compuso el fallecido Pepe Castellón, su primo y esposo, junto al reconocido pianista Felipe Campuzano. María Dolores Castellón Vargas, artísticamente conocida como Dolores Vargas “La Terremoto” (16-05-1936, Barcelona-Cataluña-España/07-08-2016, Hospital General-Valencia-Comunidad Valenciana-España), a la muerte de su esposo, pariente y fiel acompañante, ocurrida en Mayo de 1987, decidió retirarse irrevocablemente del mundo de la canción, porque no entraba en su mente el actuar sin tener detrás el apoyo, el acompañamiento y el duende de Pepe Castellón, del que tanto disfrutó en sus actuaciones con la guitarra a lo largo y ancho de su bien llevada y mejor compartida existencia, porque, no en vano, se hallaba profundamente enamorada del guitarrista. Tanto es así que, cuando se casó con él, el día 22 de Julio de 1958, se marcharon de luna de miel al vecino país de Francia, mientras que los periodistas de la época, seguro que en un alarde de auténtico sensacionalismo, publicaban que el novio la había secuestrado, lo que atizó el fuego de una familia que no aprobaba aquellas relaciones, dando lugar a que contrajeran matrimonio sin el consentimiento paterno, algo que representaba, en el mundillo “calé”, un desacato inadmisible al que los contrayentes se sobrepusieron como consecuencia de su indisimulado amor. Por añadidura, padecía una nada despreciable lesión de columna vertebral que le había acompañado durante tantas décadas de esfuerzo y trabajo por esos escenarios españoles y de toda Hispanoamérica, amén de esos europeos países en los que era tan codiciado y valorado su indiscutible arte, especialmente por parte de los numerosos emigrantes españoles que la reclamaban constantemente para que le hiciera más cómodo su trabajo y más español su particular ambiente.

Cantando en su parroquia de Xirivella
Se marchó, entonces, a vivir a Valencia, donde también habita su hija, y se ocupó de atender una tienda de ropa que le hiciera olvidar tantos años de éxito a los que renunció voluntariamente, como queda claro, fijando su última residencia en la localidad de Xirivella, perteneciente a la propia capital del Turia, en la que, según cuentan, cantaba, con cierta frecuencia, en determinados oficios religiosos de los que se celebraban en la iglesia parroquial de la mencionada ciudad levantina.

Con ella en el camerino
Todavía recordamos, con no poco cariño, cuando, en la década de los años ’70, nuestro paisano, querido y ya desaparecido amigo, de Ceutí, Juan Antonio Ayala Meseguer, propietario de la terraza de verbenas y espectáculos anunciada con su primer apellido, nos invitó a presentarle en la actuación que realizó en el escenario de sus ceutienses instalaciones, cuando revolucionó a unos asistentes entre los que no cabía ni un alfiler, porque “La Terremoto” atrapó con su dominio del escenario a su legión de seguidores que disfrutaban con su arte, su repertorio y su fuerza interpretativa, lo mismo que disfrutarán, ahora, quienes quieran hurgar en sus canciones, escucharlas en este nuevo siglo y observar que no han perdido vigencia en su forma, en su rabia, en su contenido y en su género, porque ella fue verdaderamente única. En el camerino, sin embargo, era sencilla, amable, cercana, comunicativa y humilde, aunque rezumaba arte a borbotones en su expresión, en sus rasgos y en esa raza gitana que lucía con orgullo y que no podía disimular, aunque nunca lo pretendiera.

La decisiva ayuda de su hermano, Enrique, “El Príncipe Gitano”
Con 80 años cumplidos y víctima de una cruel leucemia, nos abandona una abanderada de su género, creadora de un estilo propio, con su genio particular, su garra inconfundible y una forma de expresarse con sus canciones que otras quisieron imitar sin conseguirlo. Fue decisiva y muy valiosa, en sus comienzos, la colaboración de su exitoso hermano, Enrique Castellón Vargas, artísticamente conocido como “El Príncipe Gitano”, quien le acompañaría en la interpretación de temas tan populares como “Málaga bella” o “Penas de la gorriona”. Tras su resonado éxito con el “A chi-li-pú”, brilló con el siempre bienvenido “Porom pompero”, que también popularizara Manolo Escobar, “La moto” o el aire rumbero que aplicó al grabar “A tu vera”, el tanguillo que también interpretara con fuerza “La Faraona”, Lola Flores, tema creado por Rafael de León, uno de los tres grandes compositores conocidos como Quintero, León y Quiroga, exhibiéndose la canción, inicialmente, en la voz de la siempre respetada Concha Piquer. Dolores Vargas, además, tuvo espectáculo propio, denominado “La Sangre Morena”, en el que era estrella incuestionable y que estrenó a principios de la década de los ’60, aunque, luego, pondría en escena otros proyectos no menos importantes, potenciando, siempre, eso que se dio en llamar “flamenco-pop” y que la gitana bordaba como nadie, dibujando con su cuerpo los reiterados sonidos, redobles y repiqueteos que “pronunciaba” la percusión tan notable que aderezaba esas composiciones, lo que daba lugar a que sus trepidantes ritmos corporales, su alocado estilo de bailar, su movimiento escénico y lo electrizante y “sísmico” de sus actuaciones, le proporcionara el sobrenombre artístico de “La Terremoto”. Extraordinaria cantaora, género del que le alejaban las discográficas por imperativos comerciales, y creadora de las seguiriyas con castañuelas o “postizas”. También le unía parentesco con la inolvidable y siempre genial Carmen Amaya, quien le llamó “La Pimienta” para resaltar el baile, el cante y arte de Dolores Vargas. Debutó en el teatro, en el año 1951, a través del espectáculo titulado “Ronda ya tiene un torero”, en el que era cabeza de cartel su hermano, Enrique Vargas “El Príncipe Gitano”. Con tal motivo, grabó “La Terremoto” sus primeras interpretaciones artísticas: “Chufliyas del tiquití” y “María Mercé”, no faltándole más aplausos, elogios y reconocimientos que los de los más puristas, quienes no concebían que su estilo se encuadrara en un flamenco en el que ella supo hacerse hueco y gozar del máximo respeto. “Tío, tío, tío”, “La Piragua”, “Macarrones” o “Se va a Covadonga”, son otras de las muchas canciones del amplio y variado repertorio de esta artista tan versátil que también supo imponerse en su acercamiento a la rumba catalana que tanto prestigiaba con su forma de bailarla. Y fue coetánea artística de otros “grandes” como Juanito Valderrama, Estrellita Castro, Antonio Molina, Manolo Escobar, Lola Flores o Peret, seguro que con quienes se encontrará, ahora, a su llegada al Paraíso, pudiendo limar las asperezas que pudieran quedar pendientes cuando su implacable éxito le llevó a competir con el rumbero catalán, Peret, para representar a España en el festival de Eurovisión, en 1974, año en el que nos defendió el gitano de Mataró con “Canta y sé feliz”, logrando un honroso décimo puesto clasificatorio.

Ed Sullivan, Robert Taylor, Dean Martin y hasta Aristóteles Onassis
Fue madre de una hija, en 1964, momento que eligió para emprender camino artístico al margen de su hermano, de tal manera que fue en la compañía de su esposo, Pepe Castellón, cuando actuó en el más destacado programa de variedades que, de costa a costa, se emitía en los Estados Unidos, bajo la denominación de “Show de Ed Sullivan”, donde la presentaría a los telespectadores, junto al mismísimo Ed Sullivan, nada más y nada menos que el celebérrimo galán cinematográfico Robert Taylor, un show en el que también coincidiría con el no menos importante actor y cantante Dean Martin. Pocos años después, mientras actuaba en el cabaré neoyorquino “Viennes Center”, recibió en su camerino a Aristóteles Onassis. El magnate naviero y multimillonario griego que le pretendía contratar una actuación para él solito, a lo que la artista se negó con la excusa de un cansancio extremo. El prepotente ricachón le exhibió la chequera indicándole que fijara la cantidad que quisiera para acceder a sus pretensiones. Intervino, entonces, su guitarrista y esposo, Pepe Castellón, para declinar la suculenta oferta. Fue, en ese momento, cuando el oferente, al parecer excedido en ingestión de rubio whisky, destrozó las botellas y vasos que se encontraba en las superficies colindantes, al estrellarlas contra los paramentos verticales del recinto artístico, haciendo lo mismo con espejos, sillas, mesas y cuanto encontraba a su paso, lo que le generó un cierto temor a la intérprete al verle tan violento e imparable, situación que, al final, le resultó hasta graciosa y divertidilla.

No concibió los escenarios sin el hombre de su vida
En cualquier caso, no es más que parte de la vida, personal y artística, de una gran estrella que se alejó de los escenarios cuando se ausentó para siempre el hombre al que más amó en su vida y al que se dedicó en cuerpo y alma: su primo, esposo y compañero de escenario, Pepe Castellón. Descanse en paz esta catalana, afincada en Madrid y retirada a tierras valencianas, donde su cuerpo sin vida ha recibido sepultura en el cementerio de Xirivella. Buenos días.