PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Seguramente, nuestros lectores esperarían este obituario la pasada semana, pero teníamos la entrevista, a doble página, con Curro Piñana que, además de formar parte “de lo nuestro”, ha sido nombrado pregonero en la Tierra Santa de Caravaca de la Cruz y, además, con dos actuaciones musicales programadas dentro del “Año Santo Jubilar”, por lo que, por razón de oportunidad y calendario, no podíamos demorar esa entrega, amén de que el espacio no daba para, simultáneamente, incluír el fallecimiento que, ahora, les traemos. Y, además, con la nueva presentación y diseño de nuestras páginas, también se nos queda más escaso nuestro espacio. Así que… ¡¡¡al grano!!!.


Hablar de Chuck Berry y tener que hacerlo ajustados resulta, si no imposible, sí bastante complicado. Su verdadero nombre era Charles Edward Anderson Berry (18-10-1926, Saint Louis-Misuri-Estados Unidos/18-03-2017, Wentzville-Saint Charles-Misuri-Estados Unidos), un hombre de gran prestigio musical, a nivel mundial, por su vinculación al rock, al rock and roll y a los más trepidantes ritmos de la historia. Todos le hemos querido y admirado como Chuck Berry, quien, además de intérprete reputado, era compositor, mago de la guitarra eléctrica e influyente personaje del que dijo John Lennon que “si el rock and roll no hubiera tenido nombre, necesariamente, habría que haberlo bautizado como Chuck Berry”, pues, él, fue el propulsor, impulsor, pionero y padre de ese género musical, lo que propicia, al mismo tiempo, que no nos olvidemos de legendarias canciones como “Johnny B. Good”, con su inimitable, pero electrizante “riff” de guitarra, convertido en santo y seña de todos los “rocanroleros” desde mediados del siglo XX. Pero también “Roll over Beethoven”, “Maybellene” o “Rock and roll music”, todas ellas de la década de los años ’50, con vigencia permanente y con las que el americano estableció las bases del rhythm and blues, para darle cuerpo, posteriormente, al rock and roll.
Una fama que pasará a la historia de la música
El artista creó un lenguaje comunicador de la música, un método que entendíamos todos los aficionados y que, además, lo disfrutábamos con cada uno de sus discos. Se ha marchado con 90 años cumplidos y pudiendo sentirse plenamente satisfecho de haber sido un de los creadores del género y un pilar del mismo, condiciones que le han proporcionado un respeto incuestionable y merecido, una fama que pasará a la historia de la música y unos valores que no cabrían en nuestra página, pues se le considera en el mundo del rock and roll muy por encima del mismísimo y siempre prestigioso Elvis Presley.
La cultura de las seis cuerdas
El de Saint Louis nunca manejó bien la cultura de la escritura ni de la lectura, pero, en materia del instrumento de seis cuerdas, no solamente era culto, sino que, además, ha demostrado siempre ser virtuoso, creativo, suelto y de manejo sencillo, hasta hacer fácil lo complejo. De inconfundible voz, tratando de imitar la de su ídolo Nat King Cole y prolífico en gestos escénicos muy valorados, como el inolvidable “baile del pato”, el famoso “duckwalk”, con el que, finalmente, contagió a los más distinguidos artistas del género, quienes hicieron su icono personal de ese divertido movimiento.
Goza de “su” estrella en el “Paseo de la Fama”, de Hollywood
Se paseó, como quiso, por las mejores discográficas del mundo y sus lanzamientos se tradujeron en auténticos triunfos. Aficionado a la fotografía, los automóviles, las bellas mujeres y el más amplio espectro del rock and roll, al que dio y del que recibió muchísimo, como, por ejemplo, situarse entre los mejores cinco intérpretes del mundo en su carrera musical, junto a “The Beatles”, Bod Dylan, Elvis Presley y “The Rolling Stones”, todo un lujo artístico prácticamente imposible de superar, además de que su legendaria “Johnny B. Goode” haya recibido la consideración de la mejor canción de guitarra de toda la historia del rock and roll y, él, haya sido reconocido entre la media docena de mejores guitarristas de todos los tiempos, bloque en el que figuran los Jimi Hendrix, Eric Clapton, Jimmy Page o B.B. King. Por añadidura, existe una distinción que goza de la consideración del “Nobel de la música”, denominada “Premio Polar”, que recibió Berry en 2014. Resumimos sus inacabables reconocimientos destacando que fue premiado con una estrella en el “Paseo de la Fama”, de Hollywood, en octubre de 1987.
Su fallecimiento se ha producido por causas naturales. Martha, su madre, era profesora, mientras que Henry, su padre, era contratista y diácono baptista. El músico estudió en el mismo colegio que la no menos valorada Tina Turner, en la “Summer High School”, que era la primera escuela de secundaria para afroamericanos, localizada en el oeste de Mississippi, donde tuvo lugar su presentación musical inicial, a través de una versión de “Confessin’ the blues”, canción de Jay McShann. Era, el guitarrista, el tercero de seis hermanos. Pero acabamos diciendo que necesitaríamos todo un número de “El Noroeste” para poder ofrecer, al menos, una parte relevante de su dilatada trayectoria artística. Descanse en paz uno de los músicos más influyentes de la historia y al que no olvidaremos nunca. Buenos días.