ANA VACAS

A veces la vida escoge tu camino para que encuentres a personas con las que llenar tu alma; son compañeros de camino transitoriamente pero que sin lugar a duda cambian tu vida y la concepción de esta en un efímero segundo. Conocí a Adelina porque alguien insistió en la necesidad de que nuestros destinos se cruzaran irremediablemente. No sé en realidad de que dependía, si en primera instancia de una cuestión cultural o que realmente existía una necesidad irrechazable para esta unión, en mi caso tan inmerecida que hace que me sienta tremendamente agradecida por ello. La vida para ella ha sido mucho más dura que para el resto de los mortales, pero tengo que explicar que, con la salvedad, de que en tan difíciles circunstancias ella se siente y es una persona feliz. No la felicidad que entendemos los demás, sino la verdadera felicidad plena y consciente de abrazar la vida con un corazón tan puro que es imposible describir. Talento e inteligencia le sobran para estar en este proyecto en el cual he creído intensamente desde su inicio, por ello y con el más grande de los respetos, me inclino ante la sabiduría que desprende desde su interior y que te hace sentir diminuta a su lado. Nada de lo que cualquiera de nosotros poseemos es más necesario e importante que la transparencia de sentirse querida y cuidada por su familia, consiguiendo qué hasta una persona ajena a su entorno, en su primera visita, sintiera una paz inmensa en su habitación, donde reflexionas sin escapatoria desde el minuto que atraviesas el dintel de la puerta. Estos pensamientos son etéreos mientras se cruzan nuestras miradas, y conversamos más con nuestros ojos que con el sonido de nuestras voces, pero en el momento que te despides y te vas alejando de ella, el aire se vuelve denso y apenas puedes exhalarlo de lo que te duele el pecho.  Ese dolor no es por ella sino por ti, por lo incomprensible e inesperado de su persona y en contraposición lo extraña que te sientes en ese momento, como si existiera un abismo palpable y todos tus logros desaparecieran ante la valentía de un ser tan luminoso y especial. No es mi intención en ningún momento presentar a Adelina como una persona enferma incapaz de vivir una vida normal, o alejada de sus sueños e ilusiones, todo lo contrario, su capacidad es tan inmensa que no ha encontrado limites en su mente, más aireada y fresca que la de cualquiera.

Este encuentro me permite conocer de primera mano sus pensamientos, sus emociones y como utiliza el mundo de la poesía para poner una hermosa voz a su silencio. Generosa hasta el extremo, necesita comunicarse para ayudar a personas que se encuentren en su misma situación y que no les quepa ninguna duda que hay diferentes maneras de vivir la vida y una salida a la soledad. Sus poemas llenos de dulzura, de comprensión y porque no decirlo de dolor, transmiten con la honestidad trabajada de cada una de sus palabras, un lenguaje sencillo pero hondo como una profundidad marina.  Sus ojos nos invitan a adentrarnos en la mente de quien se encuentra en cada gesto como un ave, con un vuelo tan ligero y liviano que no podemos más que sumergirnos sin cautela, sin prejuicios y disfrutar con ella de lo sublime de la vida. Es poeta sincera y libre, honesta y consciente de que sus poemas son un canto hermoso, digno, valiente y arriesgado, los cuales solo pueden surgir de quien ha caminado tan cerca del abismo durante interminables días, por ello mide los segundos con anhelo y los disfruta como nadie hiciera.

Su primer poemario editado por Raspabook y titulado “Ave Fénix”, nos impregna de poemas frescos que nos embriagan y sonríen en una etapa inicial de “Fuego”, vida, alegría y emoción para arrastrarnos en contraposición al “Vuelo”, su segunda parte en la que nos acercamos a la profundidad de la soledad, del dolor, de la decepción. Su parte final, “Meditación” es un dialogo intenso con ella misma, mostrándonos su desnudez, sus reflexiones y su inherente arrojo para enfrentar el día a día.

En ocasiones es difícil reconocer cuando la vida nos da una lección magistral, pero en este caso Adelina ha sabido ser un gran docente y convirtiéndonos a todos los lectores en los alumnos que nunca hubiéramos creído ser.

Bienvenida a Icon Talents en su tercera edición.