Fabiana Costa Souza/Responsable técnico de Aureum estética&salud

Es muy habitual que en determinadas épocas del año, muchas personas se pongan a la difícil y ardua tarea de perder peso.
En muchas ocasiones se debe a cuestiones de salud, pues se ha demostrado de manera fehaciente que el sobrepeso y la obesidad están íntimamente relacionadas con diversas dolencias (enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, apnea del sueño, ictus o algunos tipos de cáncer), mientras que en otras ocasiones, el motivo es puramente estético y la imagen personal es lo que preocupa.
Así, la combinación de ejercicio físico con dieta es un elemento clave para conseguir la ansiada reducción de grasa corporal y por tanto, de peso.
Sin duda, se requiere una motivación especial para mantener unos niveles de actividad física adecuados, prolongados en el tiempo, para que sean eficaces en el objetivo de reducción de peso y mejora general de la salud.
Hecho de esa forma, el ejercicio físico y la actividad deportiva nos proporcionan buenos resultados; en cambio, cuando se trata de la dieta, a veces los resultados no son satisfactorios.
En multitud de ocasiones, se comienzan dietas que bien por su fuerte restricción calórica, por los desequilibrios en la ingestión de los distintos principios inmediatos o simplemente por no haber considerado los gustos culinarios de las personas, están abocadas al fracaso y lo que es más grave, a agudizar problemas de salud previos o crear nuevos.
Una parte de la ineficacia en las dietas dirigidas a la pérdida de peso o a la mejora de ciertos problemas de salud, se centra en nuestra secuencia genética. La determinación de la alimentación más adecuada en función de nuestra herencia genética es uno de los campos más prometedores y en el que se han logrado avances importantes en los últimos años.
Existen numerosos estudios que vinculan nutrientes y genes; nuestra herencia genética determina nuestro estado nutricional y metabólico.
Así, el conocimiento de nuestra herencia genética es fundamental a la hora de planificar una dieta, tanto con fines preventivos como terapéuticos.
Existen ya en el mercado diversos test genéticos relacionados con la nutrición y que estudian variantes genéticas o polimorfismos, responsables de nuestra respuesta a los diversos nutrientes de los alimentos.
Un análisis genético riguroso puede ayudar de manera notable a personalizar la dieta, de forma que nos indicaría qué tipos de alimentos están indicados en función de nuestro perfil genético, además de considerar el necesario estudio de características físicas, antropométricas y perfil bioquímico.
No menos importante es el seguimiento de la dieta por parte del nutricionista, profesional que evalúa en su conjunto todos los datos obtenidos del paciente, además de su perfil genético.
En definitiva, la nutrigenética es un campo en el que se han realizado numerosos progresos y que es una herramienta de futuro en la personalización de las dietas, siempre con el seguimiento y participación de los profesionales de la salud adecuados.