MICAELA FERNÁNDEZ

Uno de los puntos del convenio para la puesta en valor del yacimiento de La Almoloya entre el Ayuntamiento de Pliego y la empresa propietaria de los terrenos, incluía habilitar un camino de acceso hasta el yacimiento argárico de La Almoloya que permitirá la subida de vehículos hasta los pies del espacio donde se encuentran los restos arqueológicos.

Las actuaciones se encuentran sin concluir, ya que se realizarán en breve diferentes cuestiones de acabado y señalización, pero se trata de un paso fundamental en la estrategia de promocionar esta joya arqueológica con objetivos académicos y turísticos.

Desde el consistorio pleguero afirman, que, “sin lugar a dudas, la apertura del nuevo camino, es un valor añadido a este enclave de gran valor arqueológico y permitirá un acceso fácil a todos aquellos que estén interesados conocer este importante yacimiento”.

Limitado por los términos municipales de Pliego y Mula, La Almoloya fue uno de los enclaves más importantes de la cultura argárica. Sus restos están situados sobre una colina aplanada que domina un extenso terreno de monte bajo.

Se trata de un emplazamiento estratégico privilegiado que favoreció su empleo durante más de 600 años. El yacimiento se dio a conocer en 1944 por Emeterio Cuadrado y Juan de la Cierva y puesto en valor por un equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Los descubrimientos realizados en el lugar, desde el inicio de las intervenciones en 2013, dentro del marco del ‘Proyecto Bastida’, del grupo de investigación ASOME, indican que La Almoloya era un centro político y administrativo de concentración de riqueza de primer orden dentro del territorio político argárico. Los resultados, sin lugar a dudas, aportan nueva luz sobre la política y las relaciones de género en una de las primeras sociedades urbanas de Occidente.

Entre sus restos se ha podido documentar una trama urbana excepcional y sin precedentes durante su fase de apogeo. El lugar estuvo densamente ocupado por varios complejos residenciales de unos 300 metros cuadrados, con entre ocho y doce habitaciones cada uno, distribuidos entre estrechas calles y drenajes. Entre los diferentes ámbitos destaca una amplia sala de reuniones o audiencias de unos 70 metros cuadrados, en el interior de la cual, entre otros, se recuperó, durante las excavaciones de 2014, la tumba argárica con el ajuar funerario más rico conocido hasta el día de hoy, con objetos de plata, oro, cobre, ámbar.