GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

Con permiso de Carmen Martínez Maricó, hoy le voy a robar el título de su libro destinado a familiares de enfermos terminales para mi artículo, porque creo que le viene bien.

Esta semana se ha conmemorado el Día Mundial de los Cuidados paliativos, y poca gente, sin contar los que los hemos vivido, sabe en qué consisten.

Tenemos tantas ideas preconcebidas sobre este tema, tan tabú en nuestra sociedad, que nos gusta muy poco hablar de él y desconocemos el alcance de su labor. 

Los paliativos están definidos como la serie de tratamientos destinados a una enfermedad irreversible. El objetivo es aliviar el dolor y mejorar la calidad de vida del paciente, durante semanas, meses o años. Abarca tanto la parte física como emocional e incluso la espiritual, y por supuesto, incluye dentro del procedimiento a la familia, cuyo sufrimiento es muchas veces mayor que el del enfermo. Estos cuidados están reconocidos expresamente en el contexto del derecho humano a la salud. Deben proporcionarse a través de servicios de salud integrados y centrados en la persona que presten especial atención a las necesidades y preferencias del individuo

Pensamos que la medicina siempre debe curar, pero hay veces que también se dedica a aliviar. Es necesario que la persona que llega el momento de marcharse se vaya tranquila y sin dolor.

Y no estamos hablando de sedar para morir, no, estamos hablando de mucho más.

Hablamos de acompañar. Acompañar a la familia, que nunca está preparada para despedirse.

Acompañar al enfermo, que tiene que aceptar una situación inaceptable . Acompañar, en definitiva, en el camino hacia la muerte.

Un camino que debe ser asumido por todos, enfermos y familiares. Y que debemos convertir, no en un lecho de muerte, sino en una lenta despedida.

Aceptar la muerte como parte de la vida y disfrutar de esta lo más que se pueda. Lo más importante es siempre conseguir que el enfermo no deje de ser esa persona que era, el abuelo que juega a las cartas, la amiga que tomaba café, incorporar la situación a tu rutina diaria para asumir lo que está por venir y no convertirlos en enfermos moribundos. Porque eso es matarlos antes de tiempo y para eso no necesitan paliativos. Y como pasa con todo, el devenir de los días estará lleno de toda clase de momentos: más buenos y menos buenos, risa y llantos, miedos y silencios…

No se pueden alargar los días, pero sí que se puede disfrutar más de los que nos quedan.

Todos los que hemos convivido con esto entendemos el cómo y el porqué de la situación, pero en España nos queda mucho para asumir los cuidados paliativos como una parte más de la medicina; de la vida.  Y como tal, hay que tener una buena calidad hasta ese momento de abandonarla.

Pensar en el final solo impide disfrutar del camino.