José Francisco García. Portavoz del Grupo Municipal Popular
Estamos padeciendo en este país en el que vivimos una mal denominada Ley de Memoria Histórica que tiene como objetivo precisamente impedir la memoria de la historia y lo que ésta supuso, con sus luces y sus sombras. En la historia hay ciclos políticos con diferentes formas de gobierno y cualquier ciudadano en cualquier época se identifica más con unas fases que con otras. ¿Acaso no ocurre con el presente? En mi modesta opinión una ley empeñada en borrar una parte de la Historia es una ley amputada y nociva.


Existe un afán denodado por quitar nombres de calles, derribar estatuas y mandar cuadros al trastero. Lo estamos viviendo también en Caravaca. ¿Acaso nuestra generación y las venideras no pueden tener una visión completa de lo que fue la trágica historia de la España del siglo XX?. Entiendo que la Ley de Memoria Histórica está hecha precisamente para marginar una parte de la historia y que nuestra generación, la de nuestros hijos y nietos no puedan tener una visión completa de la misma.
Me sorprende que aún hoy el análisis de aquel conflicto trace una frontera de hierro entre buenos y malos.
Mi abuelo militó en el bando republicano porque allí le pilló, como al 90% de combatientes de la Guerra Civil. Y me contó la brutal represión franquista y cómo sufrió un campo de concentración cuando la plaza cayó y cómo salió de allí. Pero también la brutal represión miliciana anterior. Yo no establecería esa frontera entre buenos y malos, creo que más bien había dos tensiones políticas potentes y mucha gente en medio.
En España se había conseguido un pacto tácito de mirar hacia delante y lo estamos dinamitando. Eso es triste. Porque contemplar el conflicto de 1936/39 y la represión posterior como un elemento aislado y estanco de nuestra historia es erróneo, porque el comportamiento del pueblo español sólo se puede entender en un contexto mucho más amplio, y la memoria histórica se remonta a varios siglos antes. Y no me malinterpreten, porque claro que estoy de acuerdo en que un familiar entierre a sus muertos con dignidad y memoria, ¡cómo no lo voy a estar! El problema está en cuando se convierte en un argumento político para convertirlo en votos, buscando fantasmas debajo de las alfombras por rentabilidad política.
Cuando un tema tan complejo como el de la Guerra Civil lo eliminamos de los planes de estudio en lugar de explicarlo con objetividad, lo que conseguimos es que no se recuerden los graves errores que llevaron a este país a esa tragedia y evitar en lo posible que se repitan. En mi opinión estamos borrando de la memoria de los jóvenes las lecciones que ese periodo de la historia de España da, lecciones de vida, de política, de sociedad…. No entiendo cómo todavía hay quien quiere que haya otra generación tan intoxicada como la que creció en los años 50 y 60 del pasado siglo, pero una intoxicación al revés, claro.