PEPE ABELLÁN CARRASCO

Me duelen todavía los dedos, en alguno sigo llevando esparadrapo que cubre las heridas provocadas por el roce de los palillos durante los días de la reciente Fiesta del Tambor. Es viernes, hace cinco días que terminó la Semana Santa y todavía no estoy recuperado del todo, pero toca ensayo y hay que ir. Subo las escaleras hasta el último piso de la Escuela de Música y al entrar a la sala de ensayos me doy cuenta que hoy empieza otra fiesta para los miembros de la Banda de Música de Moratalla. Hoy empieza la Fiesta de la Vaca. Nos toca cambiar de tercio. Hay que sacar de la carpeta de calle las marchas de procesión que usamos la semana anterior, y sustituirlas por las partituras que aparecen en la lista que el director ha escrito en la pizarra. Están las de siempre, las irremplazables La Gacela, Ragón Faléz, El Gato Montés, Amparito Roca, Tercio de Quites. Además, hay varias para solistas, unas cuantas nuevas y el Himno a Moratalla. Recuperamos de nuestros archivos particulares las que ya tenemos, y cogemos las nuevas de las carpetas que están sobre la mesa que hay junto al atril del director. Mientras lo hacemos, se escucha su voz pidiendo voluntarios y voluntarias, o designando directamente a los y las valientes que van a interpretar los solos en la puerta del casino. Comienza el ensayo y repasamos los pasodobles de siempre, corregimos algunos vicios arrastrados de años anteriores y le damos la primera vuelta a las piezas nuevas. Los y las solistas ya saben que en el próximo ensayo les toca y que tienen estudiar los solos esa semana.

PEPE ABELLÁN CARRASCO

Me duelen todavía los dedos, en alguno sigo llevando esparadrapo que cubre las heridas provocadas por el roce de los palillos durante los días de la reciente Fiesta del Tambor. Es viernes, hace cinco días que terminó la Semana Santa y todavía no estoy recuperado del todo, pero toca ensayo y hay que ir. Subo las escaleras hasta el último piso de la Escuela de Música y al entrar a la sala de ensayos me doy cuenta que hoy empieza otra fiesta para los miembros de la Banda de Música de Moratalla. Hoy empieza la Fiesta de la Vaca. Nos toca cambiar de tercio. Hay que sacar de la carpeta de calle las marchas de procesión que usamos la semana anterior, y sustituirlas por las partituras que aparecen en la lista que el director ha escrito en la pizarra. Están las de siempre, las irremplazables La Gacela, Ragón Faléz, El Gato Montés, Amparito Roca, Tercio de Quites. Además, hay varias para solistas, unas cuantas nuevas y el Himno a Moratalla. Recuperamos de nuestros archivos particulares las que ya tenemos, y cogemos las nuevas de las carpetas que están sobre la mesa que hay junto al atril del director. Mientras lo hacemos, se escucha su voz pidiendo voluntarios y voluntarias, o designando directamente a los y las valientes que van a interpretar los solos en la puerta del casino. Comienza el ensayo y repasamos los pasodobles de siempre, corregimos algunos vicios arrastrados de años anteriores y le damos la primera vuelta a las piezas nuevas. Los y las solistas ya saben que en el próximo ensayo les toca y que tienen estudiar los solos esa semana.
El ritual se repetirá durante los próximos meses hasta julio. Meses en los que cada viernes por la noche, llueva o truene, con cansancio o sin él, nos dejamos familia, amigos, amigas y nos dedicamos a repasar, a matizar y a estudiar lo que va a ser la banda sonora de la semana grande moratallera. Así ha sido durante los casi dos siglos de existencia de la Banda, y así debe seguir siendo. No me imagino unas fiestas sin vaca. No me imagino unas fiestas sin Banda.
Llegan las 5:30 de la madrugada del 11 de julio. Las campanas y los cohetes me recuerdan que en 15 minutos debo estar en la puerta del Ayuntamiento. La noche se ha hecho cortísima. Muchos y muchas no hemos dormido celebrando la víspera, otros compañeros y compañeras sí se tendrán que levantar. Nos dejamos a amigos y amigas, nos ponemos la camiseta identificativa, cogemos el instrumento, la carpeta y acudimos a la cita. Cientos de persona en grupos van en la misma dirección. Personas de todas las edades. Es el primer acto oficial, La Diana. Para mucha gente el más esperado y somos protagonistas. Marca la caja, avisa el bombo y el plato y suena La Gacela, el “Quinto Levanta”, el himno oficioso de nuestro pueblo. La gente nos rodea, no para de saltar y bailar. Se abrazan, ríen, pero no se mueven. Nos retienen durante un largo rato. No quieren que avancemos. No quieren que la Diana se acabe. Al cabo de un rato logramos movernos. Seguimos calle mayor arriba. La gente sigue riendo, bailando y saltando. El tiempo pasa y la hora de entrada del encierro se acerca. Empiezan las fiestas. Las empieza la Banda.
Ya es el día siguiente. Hoy toca por la tarde. He comido en la peña, estoy en plena sobremesa cuando me avisan de que llega la hora. Me levanto, dejo a amigos y amigas en la mesa y comienzo el proceso: me pongo la camiseta de la Banda, cojo instrumento y carpeta y me dirijo a la Plaza de la Iglesia. Hace mucho calor. En el camino me encuentro con compañeros y compañeras en la misma dirección. La gente en las peñas está terminando de comer y se prepara para acompañarnos. Iniciamos el pasacalles con el que avisamos que en breve las reses estarán otra vez por las calles. Suenan los pasodobles de siempre y durante el recorrido se nos va uniendo más gente que baila y ríe. Paramos en la puerta del casino, donde siempre. Es la hora de los solos. ¿A quién le toca hoy?, los nervios les delatan. Volvemos a estar rodeados de cientos de personas. El director levanta las manos, se hace el silencio y comienza a sonar el pasodoble, se lucen los y las solistas y estallan los aplausos. La gente quiere más pero se hace tarde, ya están poniendo la traca y hay que acabar el recorrido. Debemos continuar hasta que todo el mundo sepa que las vacas salen pronto.
Al día siguiente vuelve a tocar Diana, y al siguiente otra vez por la tarde. Así hasta el último día.
Ya es 17, ya termina. Los mansos acaban de recoger la última vaca. Hasta el año que viene no volveremos a verlas correr por las calles. Las peñas salen, siguen las ganas de fiesta. Se escucha una charanga. La gente quema el último cartucho y no deja de bailar. Mientras, van colocando la traca final. Desde la Glorieta hasta la Plaza de la Iglesia. Eso es señal de que hay que irse. Volvemos a dejar a amigos y amigas y nos vamos a casa. Hoy toca uniforme completo. Justo cuando acabe la traca nos toca despedir las fiestas. Nos unimos a los ríos de gente que corre la traca y llegamos a La Glorieta. Todo el pueblo está allí. Ha sido una semana muy intensa. Parece que ha pasado una eternidad desde que dimos el pistoletazo de salida con la primera Diana, y ya toca cerrar. Hoy volvemos a ser protagonistas. Tocamos un par de pasodobles. Hay mucha gente y viene a escuchar a su Banda. Comienza el Himno a Moratalla. Todo el pueblo lo corea. Termina con una gran ovación que se alarga. Quieren más. Quieren que suene otra. Sabemos cual es. Empezamos sin avisar. Todo el mundo salta, todo el mundo ríe, todo el mundo baila. Suena La Gacela, el “Quinto Levanta”, el himno oficioso de nuestro pueblo. Se acaban las fiestas. Las acaba la Banda.