FRANCISCO ROMERO

Emocionado tras ver la nueva colección de cruces de Caravaca adquirida recientemente por la Junta de Cofradía saliente, me ha hecho meditar sobre la importancia de personas que colaboran siempre en silencio y con tesón dentro de dicha institución. Si bien es verdad que un logro así necesita de la conjunción de voluntades por parte de todos los miembros de las juntas de gobierno, hay individuos cuyo afán hace concienciarse a quienes les rodean de la importancia de alcanzar tales logros. Mi estimado amigo Antonio Celdrán es uno de ellos. Desde que vine a este pueblo siempre le vi apasionado con el tema de la Cruz, recuerdo vivamente su activísima participación en la la primera y única exposición monográfica realizada sobre este tema, evento que daría lugar a una magnífica actualización sobre los diversos modelos de representación de la Cruz de Caravaca a través de los siglos, así como a la publicación de un interesantísimo catálogo. Antonio, siempre visitando, pidiendo favores y aportando todo su capital humano, fue un activo responsable, desde su anonimato, en el desarrollo de la exposición, algo reconocido públicamente en la inauguración. A cuantos participábamos en las tareas de Cofradía continuamente nos «torpedeaba» con la necesidad de hablar con un importante anticuario caravaqueño afincado en Barcelona, de la importancia de su colección de cruces, de la imperiosa obligación de contactar con él y sus herederos antes de que tal colección tomara giro lejos de nuestra ciudad. Me alegro de que este logro haya acaecido siendo él miembro de la junta de Cofradía, pues como diría un santo moderno, posee una «una santa desverguenza» y una «santa cabezonería», virtudes que permiten actuar audazmente por intereses espirituales de una manera que en la vida privada, quizás, no se atreva uno a emplear. Celdrán siempre estuvo en ese mundo de los llamados «fontaneros» de la Cofradía( como los sacristanes, hombres del carro, del palio, bordadoras, limpiadoras, etcétera) que en los momentos claves, sin apenas hacer ruido y conocedores al dedillo de su compromisos, permiten que las ceremonias de la Cruz brillen de la manera que lo hacen. Quienes hemos sido testigos alguna vez de sus visitas a la Cruz para limpiar el estuche que la guarda, comprobamos con qué cariño y respeto efectúa esta voluntaria tarea, año tras año. Repito que la reciente adquisición de patrimonio es mérito de toda la Junta, pero, sin duda, habrá tenido mucho que ver este buen cofrade en que se adquiera semejante patrimonio.