José María EGEA SÁNCHEZ

Cuando la niña Bell Burnell suspendió el examen para pasar a secundaria, sus padres la enviaron a la Mount School en York Inglaterra. Bell, que había sido una gran apasionada de la lectura, quedó muy impresionada por un maestro de Física que le enseñó que:

No tienes que aprender montones y montones de datos; tan sólo aprende unas pocas cosas clave, y… entonces podrás aplicarlas y construir y desarrollar sobre ellas”

Guiada por su pasión y su trabajo accedió a Cambridge donde descubrió pequeño patrón en los registros de las lecturas de las estrellas, se trataba de un pulso regular, aproximadamente uno por segundo. El descubrimiento de Bell fue merecedor de un premio Nobel en 1974, sin embargo el galardón fue otorgado a su director de tesis Antony Hewish…

La historia de la ciencia está repleta de injusticias, de méritos castrados por una sociedad empeñada en mantener en la sombra a la figura de la mujer. La historia la hace quien la cuenta, hoy nadie habla de las conocidas como “calculadoras de estrellas” de Harvard. Estas mujeres, comenzaron la tarea cuidadosa de catalogar todas las estrellas que eran fotografiadas y clasificaban sus espectros. Por trabajar siete horas diarias durante seis días a la semana, cobraban entre 25 y 35 centavos por hora, sueldo muy inferior al de un obrero medio de la época.

Lo cierto es que en los datos oficiales, la ciencia, a pesar de tener nombre de mujer sigue siendo cosa de hombres, al menos en los que a premios, aplausos y honores de refiere. Para los libros de historia han pasado desapercibidas, casi inexistentes, pero lo cierto es que sí existieron, estuvieron allí gritando “eureka” antes que nadie, empecinadas en sus laboratorios aun sabiendo que no contarían para los flases de las cámaras cuando sus hallazgos vieran la luz, conscientes de que su trabajo no era valorado, ni remunerado por igual, lo que les otorgaba aun más valor.

Tenemos hoy la imperiosa necesidad de avanzar en el reconocimiento del papel de la mujer en la ciencia, por cuestiones de justicia y equidad social, pero a demás porque se lo debemos a ellas, estamos en deuda con esas mujeres a las que la historia negó el reconocimiento del brillante trabajo que desarrollaron, dedicar este día a conmemorar el papel de la mujer en la ciencia es luchar por una sociedad futura que reconozca por igual el trabajo entre hombres y mujeres, pero también es un homenaje a todas aquellas científicas relegadas al ostracismo.