Vicente e Isabel

En primer lugar, deseo aclarar que lo que voy a escribir no es sólo el homenaje a un amigo, sino el cumplimiento del deber que creo que tenemos de transmitir a la sociedad testimonios vivos y recuerdos que, al haberte marchado han quedaPepe el Máquinasdo en nuestras vidas grabados para siempre.
Por descontado resaltar tu papel en el mundo festero, ya que de todos es sabido tu disposición y entrega para realizar todo aquello para lo que se te ha reclamado. No profundizaré mucho en tu participación en la fiesta, ya que aunque de jovencito perteneciste al Bando de los Caballos del Vino, más tarde fuiste fundador del Grupo Caballeros de Navarra, lo que verdaderamente llenó tu «vida festera» fue la Cabila Ceyt Abuceyt , de la cual también fuiste fundador. También participaste activamente con la Cofradía de la Stma. Y Vera Cruz, ocupando el cargo de Secretario de la Comisión de Festejos, siendo Hermano Mayor D. José Nevado.
Pusiste a disposición de todos ellos tu papelería, como centro neurálgico de recogidas de loterías, cartas, paquetes, etc, siendo un lugar de amenas tertulias.
Todos ellos te echaran de menos, sobre todo tu Cábila, a la que dirigiste muchos años con tu característica forma de desfilar.
Como persona, podría decir tantas cosas bonitas de ti, que no sabría por dónde empezar. No sé si destacar tu estilo sencillo, trato amigable, comportamiento elegante, fiel pariente y amigo, dependiente y amado esposo de tu queridísima Loli, orgulloso y admirado padre de Rocío y Eva, que necesitaría muchas páginas para describir lo que tanto nos unía y no olvidaré jamás.
Sé que me estás escuchando, querido amigo Pepe, porque siempre estás pendiente de las personas que te amamos y apreciamos tu amistad.
Decir que fue un placer conocerte, compartir contigo tantos días con sus respectivas noches, que me cuesta mucho hacerme a la idea de que tu risa ya no sonará en nuestras vidas, que en cada comida o cena falta ese guiño cómplice para tomar un helado de turrón y sobre todo me faltas tú.
Tal vez algún día pueda recordarte sin que algo se desgarre en lo más profundo de mi ser. Tal vez algún día pueda hablar de ti sin que las lágrimas nublen mi vista.
Me resulta extraño hablar de tu muerte pero…¿ puede decirse que una persona ha muerto cuando siempre permanece viva en los corazones en los que tan profundamente consiguió instalarse?. No es momento para filosofar, pero sinceramente creo que morir después de haber vivido y haber servido a tanta gente, no es del todo morir.
Querido Pepe, este es el final de esta carta, pero no de esta historia. No nos despedimos de ti, sino que contamos contigo. Solo decirte que te queremos, que gracias por haber formado parte de nuestras vidas y hasta siempre.
Desde allí donde estés que sigas ayudándonos. Un fuerte abrazo. Vicente e Isabel