JAIME PARRA

Acaba de salir el nuevo libro de Jesús Navarro Egea, Casas señoriales, pergaminos de historia, colección que publica Tertulia Cultural Hisn Muratalla y que puede hallarse en la villa de Noroeste murciano.

 Se trata de un estudio de las antiguas casonas que fueron habitadas por una aristocracia de corte rural, ligadas en origen al poder y riqueza que rendía la tierra con fuerte influencia en el devenir de la villa, pero que hace mucho que dejaron de ser prácticas para sus dueños.

La calle Mayor, como bastantes otras de la geografía provincial o nacional, y tal como apunta la prologuista del texto, Noli Egea Bañón, era el centro en donde convergía la gente para buscar trabajo, encontrar a un amigo, comprar, tomarse unos vinos o pasear, en ella estaban las tiendas, bares, tabernas, bancos… “la vida”. El autor, recorriendo sus calles ahonda en la historia, ha localizado verdaderas joyas dormidas que mediante la lectura nos invita a visitarlas, a conocer retazos de su pasado y costumbres sirviendo de guía en un paseo por estas estrechas callejas.

Y es que, como otras muchas villas de España, la silueta antigua y pintoresca del pueblo resulta atractiva para propios y extraños, dibuja un pintoresco apiñamiento de moradas recostadas al pie del cerro de San Jorge con piedras ennegrecidas por el paso de los siglos a la sombra del enaltecido castillo o de la iglesia. El marco temporal contempla en especial el intervalo de los siglos del XVIII al XX y se impregna de estilos corrientes en la región como los eclécticos o modernistas.

Por otra parte, la constatación física de la existencia al menos tres ermitas, delimita y consolida el reducto medieval ya apuntado por A. L. Molina y otros entre más investigaciones.

La mayoría de estas casonas solariegas mira a la travesía principal, arrancan sus secciones traseras desde calles altas o bajas adaptándose al nivel del promontorio que sirve de emplazamiento, avizoran horizontes de huertas o montes y rompen la orientación clásica sureña de los asentamientos montañosos.

Como apunte curioso y repetido en otras villas históricas provinciales merece la pena subrayar que las viejas y primigenias viviendas presentaban una extensión muy superior a las que se conservan en la actualidad, ocupaban varias de las que describimos notándose aún elementos arquitectónicos y corredores comunes en huertos, con el paso de los tiempos, por herencias y diversas casuísticas se dividieron, lo que hemos constatado en calles Tomás Aguilera, García Aguilera, Mayor, área del Patio del Convento o cerca de la Plaza de la Iglesia.

El tratado hace una descripción pormenorizada de diversas mansiones, mobiliario y objetos que perduran a la vez que se reseñan distintas y curiosas notas sobre la vida cotidiana de esos caballeros que lucían levitas y pajaritas o señoras con miriñaques, capotas entre diversas prendas. Los anexos nos van a informar desde los regalos de una boda de postín o un vocabulario sobre todo el contenido que ayudará al lector curioso, quizá ávido de indagar en sus raíces, a localizar fácilmente aquel mueble, cuarto, joya o incluso costumbres que conoció o le relataron antecesores u otras personas.