Eugenio Díaz Laborda/Economista
Hace dos semanas, en este mismo periódico, leí que el PSOE de Cehegín había presentado una moción para declarar al municipio «libre de fracking». No me sorprendió, ya había leído algo parecido en el programa electoral del PSOE de Caravaca. Lo realmente fascinante es que la moción se presenta cuando aún no se sabe si tenemos petróleo o gas en formaciones compactas en la zona, ya que no se ha realizado exploración alguna.
Las razones que se esgrimían en el artículo en cuestión sobre el por qué de la presentación de esa moción, todas ellas basadas en riesgos medioambientales y socioeconómicos, son, como poco, cuestionables.
En los últimos 60 años en EE.UU. se han perforado más de un millón de pozos con esta técnica y no se ha encontrado ni una prueba de contaminación del agua de los acuíferos. La perforación hidráulica se hace a más de 2.000 metros, por lo que hay capas de roca solida entre los depósitos de gas y petróleo y las capas freáticas, lo que hace prácticamente imposible la contaminación. Además, los pozos se construyen con al menos 4 capas protectoras de acero y hormigón. La composición media de los líquidos inyectados es: 90% agua (se puede tratar y reciclar), 9,5% arena y 0,5% productos químicos (pueden recuperarse en el proceso de extracción). Más aún, para los que se preocupan por el consumo de agua, en EE.UU. ya hay empresas que ofrecen fracking sin agua, utilizando gas, o también utilizando agua reciclada.
Según un informe emitido en 2012 por el Consejo Nacional de Investigación de EE.UU. «los temblores causados por el hombre de intensidad suficiente para constituir un problema son muy infrecuentes». En el mismo informe se indica que «sólo dos casos de terremotos en todo el mundo, uno de magnitud 2,8 en Oklahoma y otro de 2,3 en Inglaterra, pueden atribuirse remotamente a la fracturación hidráulica». Recuerden, un millón de pozos perforados sólo en EE.UU.
En la moción del PSOE de Cehegín contra el fracking también se dice que la práctica conlleva «graves riesgos socioeconómicos», algo que francamente no entiendo. Con una tasa de paro en España del 22,37% y del 24,77% en la Región de Murcia, no sé cuál es el «grave riesgo» que puede suponer una actividad que atraería una gran inversión y a un gran número de personas de alto poder adquisitivo para trabajar en la zona. Para que se hagan una idea, en EE.UU. la industria del fracking ha generado más puestos de trabajo que todo el resto de industrias en su conjunto. De hecho, un representante de una importante gestora de fondos de inversión americana, me comentaba hace poco más de un año que según sus cálculos, tres cuartas partes del crecimiento económico de EE.UU. se debía a los efectos directos e indirectos del fracking en la economía americana.
A todo ello hay que sumar que desde 2007 (momento en que empieza la revolución del fracking) en EE.UU. los precios del gas natural han caído un 50%, mientras que en Europa han subido un 25%. Esta no es una cuestión menor. Tengan en cuenta que el gas se utiliza para generar energía eléctrica y que los costes energéticos suponen el 30% de los costes totales de la industria en Europa. No hay que ser un genio para darse cuenta de la competitividad que nos estamos dejando por el camino. También la espectacular caída que ha experimentado el precio del barril de petróleo durante el último año se debe al fracking en EE.UU., unido a las mejoras de eficiencia a nivel mundial.
Se estima que en Europa hay suficientes reservas de gas de esquisto (el que se extrae mediante fracking) para cubrir 90 años de demanda. En España hay reservas para 40 años. Y estas cifras aumentarán conforme aumente la productividad.
El fracking es una tecnología probada que se desarrolla de manera eficiente y segura en más de 10.000 pozos anuales en Estados Unidos. Junto con las energías renovables que ya no necesitan subvención, ayudaría a Europa en su objetivo de reducir las importaciones y las emisiones de CO2 hasta 2050, ahorrando 900.000 millones de euros.
Por tanto, la solución para mitigar los riesgos del fracking no es prohibirlo sin más. Lo que hay que hacer es regular los aspectos medioambientales en colaboración con la industria, permitiendo la innovación.
EE.UU., Reino Unido, China, Polonia y un otros países están utilizando, o van a utilizar, el fracking para explotar sus reservas de gas y petróleo y, por mucho que les pese a algunos, vivimos en un mundo globalizado en el que todos competimos contra todos. Quedarnos de brazos cruzados y no explotar nuestros recursos naturales es un lujo que no nos podemos permitir.
Nota: La información para la elaboración de este artículo se ha extraído del libro «La Madre de Todas las Batallas» de Daniel Lacalle y Diego Parrilla.