Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

El 9 de marzo de 1962 el Consejo de Ministros aprobó el cambio de nombre de nuestra ciudad, pasando a denominarse Caravaca de la Cruz. Los trámites se habían iniciado un año antes, el 13 de febrero de 1961, cuando el alcalde don Amancio Marsilla Marín presentó una Moción proponiendo “al Ayuntamiento la iniciación del oportuno expediente para que el nombre del Municipio sea en adelante Caravaca de la Cruz en vez de Caravaca”. Previamente, el 3 de enero de 1961, el ayuntamiento se había dirigido al Director del Archivo General de Simancas, solicitando información histórica para sustentar la argumentación de la solicitud.

El alcalde fundamentó la moción en que “Desde hace largo tiempo viene llegando a la Alcaldía el eco de diversos sectores se la Población referentes al deseo de que el actual nombre del Municipio sea alterado de forma tal que sin variarlo en su actual contextura quede ligado de un modo especial a la Sagrada Reliquia por la que fundamentalmente es conocido en nuestra Patria, dando así carácter formal a lo que viene siendo un hecho tradicionalmente sentido. Y como estas expresiones del vecindario son dignas de considerarse por cuanto la Santísima y vera Cruz representa el símbolo mas característico de Caravaca, es su Patrona, en su honor se celebran las Fiestas Mayores en el mes de Mayo, constituye el lazo de unión espiritual de todos los caravaqueños, siendo objeto de especial devoción durante siglos, preside las actuaciones públicas genuinamente locales, está presente en todos los hogares y es, en fin, el signo luminoso que expande su luz a todos los ámbitos de la Ciudad”, siendo aprobada por unanimidad en la sesión plenaria celebrada el 23 de marzo de 1961, considerando el “deseo del vecindario de que la Santísima y Vera Cruz, Patrona de la Ciudad, y por la que fundamentalmente es esta conocida, quede incorporada de un modo formal al nombre de la Población”, quedando facultado el Alcalde para iniciar la tramitación del correspondiente expediente, que fue redactado por el Secretario del Ayuntamiento D. Mariano Funes Martínez, siendo asimismo suscrito por el Juez de 1ª instancia, el comandante del Guardia Civil, el párroco arcipreste de la Parroquia de El Salvador, la Hermandad de Labradores y Ganaderos, el delegado local de la Vieja Guardia de Franco, los alcaldes pedáneos de las poblaciones pertenecientes al término municipal de Caravaca, la Jefatura local del Movimiento, la Delegación comarcal de Sindicatos, la Diputación Provincial y la Junta municipal de enseñanza primaria, abriéndose un periodo de información pública “para oir a cuantas personas o Entidades deseen ser escuchadas en el expediente tramitado”.
También tuvo gran relevancia la publicación en 1961 de la novela “Caravaca de la Cruz” de Gregorio Javier, que causó gran sensación entre sus paisanos, popularizando los términos que terminarían por dar nombre a la ciudad.
El expediente, se remitió a la Director General de Administración Local del Ministerio de la Gobernación, quien a su vez lo hizo a la Real Academia de la Historia para que informase sobre la conveniencia del cambio, resultando su dictamen negativo, pues aunque reconocía la existencia de la piadosa tradición de la aparición milagrosa de la Vera Cruz desde la conquista castellana del reino musulmán de Murcia, no estimaba pertinente la modificación del topónimo porque “nada ganan las arraigadas devociones populares al incorporar su recuerdo a los nombres de los municipios”, comparando con cierto sarcasmo el caso de Caravaca con el hipotético de que Zaragoza hubiese querido llamarse Zaragoza de la Venida de la Virgen en carne mortal.
No obstante, conocido su contenido en trámite de audiencia, el ayuntamiento acordó oponerse al dictamen y presentar las correspondientes alegaciones ante el Director General de Administración Local, lo que se hizo el 20 de noviembre de 1961, en las que se afirmaba que “si el cielo quiso premiar la lealtad, el heroísmo y la fe de esta Ciudad dándole una Cruz superior a todas las cruces de la tierra, la Cruz de Caravaca, justo y razonable es también que Caravaca quiera llamarse Caravaca de la Cruz”. A petición de la referida Dirección General se adjuntó una amplia información histórica recopilada por el entonces cronista oficial de Caravaca don Manuel Guerrero Torres, en la que se incluía los dictámenes de la Sagrada Congregación de Ritos concediendo el culto de latría a la Stma. y Vera Cruz así como copia de un sello impreso en las Ordenanzas de Caravaca de 1739 en el que el escudo de la villa aparece rodeado de la leyenda “Caravaca de la Cruz”. Guerrero Torres fue públicamente felicitado por “el gran celo y dedicación que puso en su momento y los profundos conocimientos que en lo que afecta a la historia local puso igualmente de relieve”.
Pese a la oposición de la Academia, el expediente continuó su tramitación, siguiendo lo establecido en el Reglamento de Población y Demarcación Territorial de la Entidades Locales., siendo aprobado en el Consejo de Ministros el 9 de marzo de 1962, como ya queda dicho, lo que fue comunicado oficialmente al Ayuntamiento de Caravaca mediante una carta del subsecretario del Ministerio de la Gobernación el 10 de abril, siendo las Fiestas de ese año cuando por primera vez se utilizó el nuevo nombre. Concluidas estas, el Ayuntamiento comenzó a dirigirse a todas las instituciones, organizaciones, entidades y empresas para que en adelante utilizaran el nuevo nombre de Caravaca de la Cruz.