Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

El pasado 9 de junio se celebró el Día Internacional de los Archivos, circunstancia que se me antoja propicia para recordar algunas historias y anécdotas sobre nuestro Archivo Municipal, lugar donde desarrollo mi actividad profesional desde hace más de 30 años.


El Archivo Municipal es donde se conserva la documentación resultante de las funciones y actividades desarrolladas por la administración municipal. Desde la creación del Concejo de Caravaca en el siglo XIII, fue necesario destinar un lugar para acomodar los documentos que reglamentaban la vida social y económica de la población. Durante los siglos XVI y XVII el edificio del ayuntamiento estaba situado junto a la Puerta de Santa Ana; en aquella época, el número de documentos no era muy elevado, por lo que se guardaban en el interior de un arca cerrada con tres llaves, una que estaba en posesión del alcalde mayor, otra del regidor mas antiguo y la restante del escribano del ayuntamiento. En ella también se guardaban ocasionalmente objetos de importancia cuya custodia se quería asegurar, como fueron en su día, la llaves del sagrario donde se reservaba la Vera Cruz.
En 1658 la referida arca se localizaba en la planta baja del edificio del Pósito, contiguo al del Concejo, donde, tanto la documentación como el mueble que la contenía, se estaban deteriorando gravemente, al tratarse de una habitación muy oscura y húmeda. Para solucionar el problema, las autoridades municipales encargaron al carpintero Sebastián de la Iglesia la fabricación de una nueva arca, así como el traslado de la misma a las salas capitulares, lo que se efectuó el 29 de noviembre de dicho año bajo la supervisión del alcalde mayor, ordenándose asimismo la redacción de un inventario completo de la documentación existente: «fue al posito della donde esta el arca que a seruido de archivuo delos papeles dela villa y su merced la abrio con vna llaue que tenia y con otra que ysiuio don Pero Muñoz de Robres que la tenia por regidor mas antiguo y aunque tiene tres cerraduras no tenia llaue la otra y abiendo abierto la dicha arca se sacaron todos los papeles que se hallaron enella y los priuilegios escriptos en pergamino y se pusieron en dos costales y se llebaron alas camaras del cauildo y se entraron enel caxon que dentro dela sala capitular ay».
En cumplimiento de la disposición anterior, se depositaron en el interior del arca los documentos de mayor relevancia, quedando el resto almacenado en una habitación del piso superior. Esta sala tampoco reunía condiciones adecuadas, por lo que en 1691 se adoptaron nuevas medidas, comisionando al escribano público para que realizase una inspección de los fondos documentales, con la instrucción de que «los que fuesen de utilidad se uajen al archiuo de madera por el peligro que tienen de perderse respecto delas muchas goteras».
A comienzos del siglo XVIII, el edificio que ocupaba el ayuntamiento llegó a amenazar ruina, provocando la construcción de otro nuevo. Mientras se realizaban las obras, el consistorio se instaló de manera provisional en unas casas alquiladas a D. Pedro Samaniego, «que hazen de testero a la plaza», destinándose una de sus habitaciones a archivo ya que, por aquel entonces, el volumen de la documentación almacenada había crecido considerablemente, acordándose que «se ponga corriente la sala prinzipal de dichas cassas y el quarto cozina que esta inmediato a ella para que sirua de Archibo y que executado se passen todos los papeles pertenezientes a dicho Archibo, y que se abra escalera por uno delos quartos bajos que caen a la Plaza; y se arriende todo lo demas que no aprobechasse a esta villa reseruando un quarto para un portero».
Aunque los documentos estaban redactados en castellano, las diferentes formas de escritura hicieron que, con el paso del tiempo, muchos de ellos no pudieran ser leídos por los oficiales y regidores, dificultando enormemente la gestión administrativa, por lo que en 1740 el ayuntamiento decidió la contratación de una persona para que se encargara de transcribir algunos de ellos: «se abrio el Archiuo y se reconocieron los instrumentos que en el ay y se encontraron entre otros ocho pergaminos escriptos de letra antigua … pero los mas deellos se pueden leer con mucha difilcultad y para que se pueda esta venzer, se necesita de persona que tenga inteligencia para ello, signora que persona enesta villa tenga la que requiere para la copia de dichos instrumentos, lo que pone en considerazion dela villa, para que tome la prouidencia que convenga; Y se acordo que respecto de que la villa los mas inteligentes que tiene entendido ay de letras antiguas son Don Francisco de Robles Marin, presbytero y Don Antonio Muñoz de Robles, el Comisario que esta nombrado, les able en nombre dela Villa, para si quieren, y pueden leer los dichos instrumentos y copiar».
El primer intento conocido de organización sistemática de nuestro archivo se produjo en 1777 por mandato de D. Marcos Mayoral, Intendente general del Reino de Murcia, quién el 26 de abril de dicho año remitió una carta al Ayuntamiento ordenando la confección de un «baldufario, su coste y colocazion de papeles de su archivo, todo con la mayor distincion y claridad: acompañando de Zertificacion Jurada por mano de Maestro Ynteligente», encargándose la certificación a Francisco Iniesta y Mata y a Alfonso Melgares Segura, escribanos del rey, públicos y del número de la villa de Caravaca. En virtud de esta comisión, los mencionados escribanos acompañados de los tres claveros inspeccionaron el archivo, que se encontraba en las salas capitulares, el 2 de junio de ese año, informando que en el «Archivo que hay enel, que custodia los papeles, libros capitulares, Pribilegios y demas concernientes a los derechos y regalias dela villa y haviendose havierto dicho Archivo con asistencia de dichos señores para efecto de cumplir con la orden del Señor Superintendente General dela Ciudad de Murcia y su provincia … emos reconocido muy pormenor todos los papeles, libros capitulares, que principian enel siglo el año pasado de mil quinientos cincuenta y dos, los Pribilegios, reales despachos, Provisiones, Alistamientos, Padrones de Reales Contribuciones, Quentas asi de maiordomias, como dela Parroquial de esta villa, dela fabrica dela Santisima Cruz, con otros muchos y dibersos papeles que yncluie dicho Archivo, y emos allado que aescepzion de dichos libros capitulares, y algunos alistamientos los demas se encuentran sin aquel arreglo, que deben tener, pos estar los mas dellos dispersos y sin orden, careciendo de vn yndize, o alfabeto, para la mexor y puntual noticia delos que fuesen necesarios buscar; para cuio efecto se haze preziso cohordinarlos con separazion, y distincion de clases, y para esta operazion y basto trabaxo, que enella se ocupara, asta poner dichos papeles conla conpostura orden y formalidad correspondiente; emos considerado ser necesarios tres mil reales de vellon para pagar alas personas que ande correr con este encargo». Entre las diligencias practicadas aparece también testimonio del mal estado de conservación de algunos documentos «al no estar con arreglo dichos papeles, y estos por falta de aire que los ventile, estando siempre zerrados, y no sacudirles el polbo, se hapolillan, y los insectos, y otros animales nocibos los destruien como no ha muchos años, presencie roido y destruido, en muchas partes uno de dichos protocolos».
El actual edificio del ayuntamiento se inauguró el 3 de enero de 1763, disponiéndose igualmente en él una habitación para que se utilizara como archivo. Según un documento de 1795 el edificio del ayuntamiento estaba compuesto por tres piezas: una para las sesiones y las otras dos para archivo del común y archivo de las escribanías. No obstante, pronto se necesito de mas espacio, por lo que en 1855 se procedió a su ampliación, incorporándole las habitaciones situadas en la parte superior del almudí, que hasta entonces habían servido de escuela de niñas, destinándolas a despachos, archivo y oficinas del ayuntamiento.
A mediados del siglo XIX se necesitaron nuevas transcripciones de los privilegios y otros documentos antiguos, encargándose en esta ocasión la labor a Agustín Marín de Espinosa, quién lo concluyó a principios de abril de 1856, siendo retribuido por ello con 460 reales. Su trabajo fue tan satisfactorio que al año siguiente se le encargó la «coordinación de cuantos documentos, legajos y Capitulares existen en el Archibo de este Ayuntamiento … a condición de formar a su tiempo los correspondientes indices por orden de ramos en la forma mas combeniente», asignándole por su trabajo la cantidad de 1.200 reales, realizándose todo el proceso bajo la supervisión de la secretaría municipal.
A lo largo del siglo XX el archivo ha sido atendido de manera intermitente. En 1905 fue nombrado archivero D. Pedro Ruiz Leante, que fue sustituido a finales de 1906 por el polifacético ingeniero Antonio de Béjar Ciller, a quien se le asignó un salario de 900 pesetas anuales.