Francisco Fernández García
(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

El escaso desarrollo de la medicina, unido a la poca cultura de la población y la ancestral idea de considerar epidemias, plagas y desastres meteorológicos como una especie de castigo divino, influyeron notablemente en que nuestros antepasados recurrieran habitualmente a la protección divina para combatirlos, circunstancia que bien supo aprovechar la iglesia para mantener bajo su influencia a una población que lo único que buscaba era sobrevivir y superar las dificultades. En Caravaca, al igual que en el resto de villas y lugares del reino, fueron muy frecuentes este tipo de manifestaciones religiosas, siendo la Stma. y Vera Cruz el principal destino de las plegarias de los vecinos para sobreponerse a las contrariedades. Además de la Cruz, otras dos fueron las advocaciones a las que los caravaqueños dirigieron mayoritariamente sus plegarias y agradecimientos: la Virgen de la Encarnación, de la que ya nos ocupamos en otra ocasión anterior, y el Cristo de la Misericordia, protagonista del presente. La nómina de imágenes religiosas utilizadas en Caravaca para este tipo de ceremonias fue muy amplia, pues además de las mencionadas, también se utilizaron las de San Sebastián, San Roque, San Francisco, San Antonio, Nuestra Señora de los Dolores, Nuestra Señora de la Rogativa, etc.

El Cristo de la Misericordia en 1926

El Cristo de la Misericordia en 1926

El Cristo de la Misericordia es una talla de madera policromada, muy conocida por los caravaqueños, no solo por haber sido una de las que mas suscitaron la devoción popular, si no también por ser el titular de la Cofradía del mismo nombre, cuya existencia se remonta al menos a principios del siglo XVI, y que en actualidad continúa participando en la Semana Santa caravaqueña recorriendo las calles de nuestra ciudad en la noche del Viernes Santo formando parte de la procesión del Santo Entierro. No se conoce ningún dato sobre su fabricación y autoría, aunque por su estilo barroco se podría fechar a mediados del siglo XVII; también se desconoce cuando se produjo su llegada a Caravaca, ya que hasta 1663 no aparecen las primeras referencias documentales. Con anterioridad a esta fecha, se sabe que en la ermita de Nuestra Señora de la Concepción existía otra imagen de Jesucristo que aparece reseñada en un documento de 1583, en el que se indica que fue llevado “en procesion el Cristo que esta en la dicha yglesia de la Concebçion asta San Francisco”, participando en una rogativa contra la sequía, para lo que dictaron normas muy estrictas acordes con el espíritu contrarreformista: “En las quales dichas proçesiones acordaron se baya por el pueblo onbras mugeres y niños, los onbres aparte y las mugeres de por si, todos en procesion y los niños delante reçando y sin hablar unos con otros rogando a Dios con dibuçion nos perdones nuestras culplas y probea del agua neçesaria para los frutos dela tierra y sustento que tenemos nesçesidad”. Del mismo modo hay que señalar la existencia con anterioridad a 1532 de una cofradía de la Misericordia, ya que en el acta de fundación de la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción fechada el 21 de febrero de ese año se indica que estaba “nuevamente rehecha enesta villa juntamente con la misericordia”.

La devoción popular dispensada a esta imagen hizo que fuese una de las más solicitadas para las rogativas que por diversos motivos el Concejo decidía en el ejercicio del derecho de patronato que tenía sobre las iglesias y ermitas de la villa. El testimonio mas antiguo de esta actividad lo encontramos en 1663, concretamente en el 17 de mayo, fecha en la que debido a la sequía el Concejo caravaqueño ordenó la celebración de 3 novenas de misas rezadas “la vna en la capilla del Santo Cristo dela concepción, la otra en la de la Santisima Cruz y la otra en la ermita de nuestra señora de la Encarnación de la partida de las cuevas”, librando para ello 81 reales de vellón. El caso volvió a repetirse 3 años mas tarde, disponiéndose además de las 3 novenas una procesión con “el santo Xripto dela Concepçion”.

Está testimoniado documentalmente que entre 1663 y 1827 esta imagen participó al menos en 26 rogativas, la mayor parte a causa de la sequía, pero también por otros motivos, como el contagio de enfermedades o temporales y lluvias; consistiendo generalmente en el traslado procesional de la imagen desde su ermita a la Parroquial donde se realizaba la ceremonia religiosa y su posterior devolución al templo de origen, aunque a veces se posponía el regreso durante algunos días para la celebración de otras funciones.

Una de estas rogativas tuvo lugar el domingo 9 de diciembre de 1668. Ese día por la tarde se llevó en procesión el Cristo de la Misericordia desde la ermita de la Concepción hasta la parroquial de El Salvador, donde se quedaría durante 9 nueves días para celebrar un “novenario de missas y las demas depreciaciones que se acostumbran” pidiendo el fin de la sequía que sufrían, librándose de las arcas municipales 100 reales para costear las mismas.

El domingo 27 de junio de 1677 tuvo lugar un ceremonial similar, con rogativa y novena, siendo en esta ocasión el motivo “las enfermedades graues y contagiosas que padeçen los vecinos de Murcia, Cartagena y villa de Totana pidiendo a su diuina Majestad aplique su misericordia ala aflicción que padecen y libre a esta Villa de semejante enfermedad”, por lo que la villa permanecía cercada y vigilados sus accesos desde el 22 de abril. La siguiente, celebrada en 1681, tuvo como motivo rogar el cese de los temporales, tempestades y lluvia que asolaban los campos impidiendo la recolección de la cosecha de cereales y haciendo que se perdiera.

En la mayoría de las ocasiones las rogativas se hacían con una sola imagen, sin embargo hubo ocasiones en las que participaron varias. En 1683 se celebró en abril una rogativa con la Virgen de la Encarnación, trayéndola en procesión desde su ermita hasta Caravaca, decidiéndose que cuando llegase al “vañadero” se le uniese el Cristo de la Misericordia, siendo llevadas ambas imágenes a la parroquial, donde quedarían durante el tiempo que se celebrase la correspondiente novena. En 1684 y 1685 compartió ceremonial con la imagen de Nuestra Señora de la Rogativa, siendo en ambos casos la causa la necesidad de lluvia. En este último, la estancia de la imagen del Cristo fue mas larga de lo habitual, ya que dos días después de realizada la rogativa se ordenó que permaneciese en la parroquial hasta que se hiciese un octavario de misas y acabado este se devolviese a su ermita en procesión general.

El siglo XVIII es el más prolífico en este tipo de celebraciones, contabilizándose hasta 13, todas pidiendo el fin de la sequía y la llegada de la necesaria lluvia para los cultivos. Su mediación y ayuda fueron tan apreciadas en este siglo que aparece citado en varias ocasiones como “milagrosa imagen de Nuestro Señor de la Misericordia”, llegando incluso en 1758 a ser considerado como el último recurso tras haber realizado varias rogativas con la Virgen de la Encarnación sin éxito alguno. El hecho de compartir con esta imagen, según la creencia popular, cierta efectividad en la finalización de las sequías hizo que participase también en varias rogativas conjuntas, como las celebradas en 1732 y 1733.

En noviembre de 1748 “en atención a la graue falta de agua” se ordenó la traída a la parroquial de las imágenes de Nuestra Señora de los Dolores, la de San Antonio y la del Cristo de la Misericordia. En 1790 fue la imagen de San Francisco la que juntamente con “nuestro señor crucificado con el título de la Misericordia” protagonizó la rogativa realizada a mediados de marzo. Tras esta, se abre un largo periodo de tiempo de 35 años en los que no hay noticia de la celebración de este tipo de ceremonias con esta imagen, hasta que en 1824 se volvió a recurrir a ella siguiendo el ejemplo de lo hecho por sus antecesores: “continuando la falta de agua y el clamor de los labradores para que se continue las Rogativas; haviendo noticias seguras en casos semejantes se ha acudido a implorar las misericordias del Señor Crucificado conocido por este nombre que existe en la Yglesia de la Purisima Concepción, lo hace presente al Ayuntamiento para que acuerde lo conveniente”. En esta rogativa participó también la Virgen de la Encarnación, que se encontraba en ese momento en la iglesia de las monjas carmelitas, y “las demas efigies que ha sido de costumbre de tiempo inmemorial en semejantes casos”.

Las últimas rogativas con el Cristo de la Misericordia de las que tengo noticia tuvieron lugar en 1825 y 1827, interviniendo asimismo en ellas la Virgen de la Encarnación, que en este último caso estaba en la iglesia de los frailes carmelitas.

Además de con el nombre ampliamente mencionado de la Misericordia, en el siglo XIX se le denomina también con el poético nombre de Cristo de la Hiedra: “que se traslade tambien ala Iglesia Parroquial el Smo. Cristo dela Yedra, entendido comúnmente por el de la Misericordia”.