FRANCISCO FERNÁNDEZ/ARCHIVO DE CARAVACA DE LA CRUZ

El 9 de diciembre de 1285 el Concejo de Caravaca juró obediencia al Obispo de Cartagena, don Diego Martínez Magaz, comprometiéndose al mismo tiempo a pagar al obispado los impuestos correspondientes, quedando de este modo sin vigor la pena de excomunión con que habían sido castigados los vecinos de Caravaca.

El problema se había originado tres años antes, concretamente en noviembre de 1282, cuando una orden papal anulaba las resoluciones entre el Obispado de Cartagena y las Ordenes Militares para el pago de derechos episcopales en las tierras propiedad de estas últimas. Como consecuencia de esta anulación los vecinos de Caravaca dejaron de pagar los diezmos que sobre determinados productos se habían comprometido algún tiempo atrás, impago que conllevaba la pena de excomunión.

En principio este correctivo afectó poco a los habitantes de Caravaca, ya que la población y su territorio pertenecían desde hacía varias décadas a la Orden del Temple, y era esta orden militar, a través de sus sacerdotes, la que cuidaba y proveía sus necesidades religiosas. Sin embargo la desposesión de la encomienda de Caravaca que sufrieron los templarios como castigo por no hacer frente a una incursión de los musulmanes granadinos que concluyó con la toma de Bullas en 1285, hizo que Caravaca volviera a ser realenga (propiedad de la corona), quedándose desde ese momento sin servicio religioso alguno.

Ante esta situación el Concejo de Caravaca no tuvo mas opción que dirigirse al Obispo de Cartagena solicitando el envío de un eclesiástico para que oficiase las ceremonias religiosas y se ocupase de la salvación de sus almas. El Obispo accedió enviando a Caravaca al clérigo Juan de Vera, como contrapartida el Concejo de Caravaca en representación de todos los vecinos y moradores debía someterse a los dictados del Obispado, jurándole fidelidad y pagando los diezmos que se señalasen. Y esto fue lo ocurrió el 9 de diciembre de 1285, hace ahora 724 años.

El documento de la jura, además de la información del suceso, ofrece también una curiosidad muy interesante para todos los caravaqueños, ya que incluye la descripción más antigua conocida del sello concejil de Caravaca, apareciendo entre las imágenes representadas una cruz. Cruz que toda probabilidad sería de doble brazo, convirtiéndose por tanto en la primera representación gráfica de la patrona de nuestra ciudad y denotando la importancia que la Vera Cruz había adquirido ya en esa época al ser elegida como uno de los elementos más representativos de la población.