NOEMÍ GARCÍA MARÍN/PEDAGOGA Y ORIENTADORA ESCOLAR

La escuela es la institución que tiene el encargo social de educar a las jóvenes generaciones para que puedan desarrollarse plenamente a nivel personal y social, es por ello, que esta educación debería de ser permeable a su entorno, es decir, desarrollar un currículum escolar contextualizado, entender los comportamientos, deseos y expectativas del alumnado y sus familias así como del profesorado.

Imaginia

Esta permeabilidad permite que la escuela pueda contribuir a la mejora de la comunidad desde la perspectiva del derecho universal a la educación, de los derechos humanos y de ciudadanía, así como de formar a jóvenes que tendrán en sus manos la responsabilidad de contribuir a crear una sociedad más o menos igualitaria, justa e incluyente.

Para ello, en la recientemente aprobada LOMLOE, se adopta un enfoque de igualdad de género a través de la coeducación, promoviendo en todas las etapas el aprendizaje de la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, la prevención de la violencia de género y el respecto a la diversidad afectivo-sexual, introduciendo a su vez en la ESO la orientación educativa y profesional del alumnado con perspectiva inclusiva y no sexista, fomentando así el respeto mutuo y la cooperación entre iguales.

Además, esta ley incluye la igualdad entre mujeres y hombres como contenido de la asignatura de Educación en Valores Cívicos y Éticos, que forma parte de las materias de tercer ciclo de primaria y de educación secundaria obligatoria. Además, establece que los centros incorporarán medidas para la igualdad en los planes de acción tutorial y de convivencia. También fija la necesidad de incluir y justificar en su proyecto educativo las medidas para favorecer la igualdad en todas las etapas educativas, incluyendo “la educación para la eliminación de la violencia de género, el respeto por las identidades, culturas, sexualidades y su diversidad, y la participación activa para hacer realidad la igualdad”.

Por otra parte, señala que las administraciones educativas impulsarán el incremento de alumnas en estudios de ciencias, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas y en las enseñanzas de formación profesional con menor demanda femenina. Asimismo, establece que las administraciones educativas “promoverán que los currículos y libros de texto y demás materiales educativos fomenten el igual valor de mujeres y hombres y no contengan estereotipos sexistas o discriminatorios”. Estos contenidos, a su vez, se incluirán en la formación inicial del profesorado.

Entonces, como padres y educadores ¿Qué podemos hacer para promover la igualdad de género?

Primero “eliminar los prejuicios, las ideas preconcebidas y hábitos sexistas” fomentando el razonamiento crítico. Bajo el lema “todos pueden hacer todo”, empezando en el ámbito doméstico y continuando en la escuela, enseñando a los niños a compartir las tareas, no solo entre ellos, sino con los padres. Además, “afrontar las diferencias de género” asumiendo que niños y niñas son diferentes tanto a nivel fisiológico como en su estructura cerebral, enseñando las ventajas de estas diferencias y asumirlas. Asímismo, “evitar el acceso a los estímulos sexistas” impidiendo en la medida de los posible la sobreexposición a estos contenidos (muchas veces presentes en los medios digitales) y desarrollar un sentimiento crítico. “Utilizar el juego como base de la enseñanza en equidad” fomentando los juegos inclusivos, en los que el rol masculino o femenino no intervenga, así como la promoción de equipos mixtos. Por último, y no menos importante “ofrecer patrones de conducta ejemplares desde la infancia” por lo que en casa debe existir un clima de equidad de género que será reforzado en la escuela.