JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

El tejido monumental caravaqueño es uno de los atractivos para los peregrinos y turistas que visitan la ciudad a lo largo del Jubilar 2017 y siempre. Su estado de conservación es aceptable en cuanto a los edificios públicos si bien es manifiestamente mejorable el apartado de los edificios de propiedad privada.

Entre sus ejemplares más importantes hay que mencionar el convento e iglesia del Carmen, en la Glorieta local, edificio fundado por S. Juan de la Cruz tras la Real Provisión de la Administración del rey Felipe II, de 16 de mayo de 1586, en la que se concedió licencia para la erección del inmueble. La fundación carmelita masculina caravaqueña fue fruto de la voluntad divina, manifestada al Fundador en el transcurso de un éxtasis sufrido mientras celebraba misa en la iglesia del Monasterio de S. José, en fecha de difícil precisión. De ello da cuanta la priora del convento femenino de la C. Mayor Ana de San Alberto, en su declaración como testigo, ante el tribunal que actuó en el largo proceso de beatificación de aquel, concluida en 1675, bajo el pontificado de Clemente X.

Sobre el lugar elegido para la fundación, da cuenta él mismo en el “Libro de su vida” afirmando que fue “a un tiro de piedra de la casita harto pobre que alquiló a unos moriscos”, a la vera del humilladero (Templete después) de la Vera Cruz. La construcción del convento e iglesia fue larga si tenemos en cuenta que toda ella se hizo de limosnas, en estilo barroco conventual, en el que predomina la mampostería en los muros, lejos de la suntuosidad de la piedra de sillería, reservada a los templos catedralicios y parroquiales. El edificio, erigido sobre terreno ofrecido por la madre de un religioso, contó en principio con un pequeño oratorio, suficiente para las necesidades de la vida monástica, pero incapaz para alojar a los fieles que demandaban los servicios religiosos a los que los frailes nunca se negaron. De ahí que se planteara, en los últimos años del S. XVI, la necesidad de erigir un templo nuevo, de mayores dimensiones, de acuerdo con las necesidades de un creciente barrio que en torno al convento crecía paulatinamente.

El arquitecto que diseñó la nueva iglesia fue el mismo que años atrás había planificado el resto del edificio conventual: Fr. Alberto de la Madre de Dios, lego carmelita, autor entre otros edificios del convento de Sta. Isabel de Madrid, del transcoro de la catedral de Burgos, de los conventos de MM. Carmelitas Descalzas de Cuenca, del Espíritu Santo de Toledo; de S. Alberto de Ocaña y del templo de la Vera Cruz de Caravaca.

La iglesia del Carmen comenzó a construirse en 1597 y, como era habitual en la época a que me refiero, el proyecto inicial sufrió varios modificados. Durante la ejecución de la misma aparece en la documentación otro arquitecto o maestro de cantería: Damián Pla, quien trabajó en el templo de la Stma. Cruz y que en 1615 contrató con el prior a la sazón, Fr. Francisco de S. José, la hechura del basamento y antepechos altos del claustro, con piedra del “Caravacón” y de la “Cueva de los Negros”.

El templo ocupa un amplio espacio (menor que el proyectado inicialmente), de 29´ 30 m. de largo y 13 m. de ancho. Tiene planta de cruz latina, bóveda de medio cañón con lunetos, cúpula sobre pechinas en el crucero, y coro alto a los pies. Durante el S. XVIII se inició su ampliación intentando abrir una capilla en el crucero, dedicada a Sta. Teresa. La obra quedó inconclusa y se ha terminado en los primeros años de nuestro siglo. La portada fue encargada al cantero moratallero Cristóbal de Liébana, en 1628, colocándose a ambos lados de la imagen de la titular, los escudos de armas de D. Rodrigo de Mora y su esposa Dª. Mencía Monreal Chacón, patronos del convento desde 1622, quienes colaboraron económicamente en la conclusión de la obra a cambio de que ellos y sus descendientes fueran enterrados en la cripta de la iglesia.

En 1635 la obra estaba concluida y la comunidad eligió la fecha del 3 de junio para su bendición e inauguración, a falta de algún detalle que en el espacio de un mes de subsanó. Se hizo coincidir el acontecimiento con la fiesta de la Stma. Trinidad que, como se sabe, tiene lugar en el calendario litúrgico cristiano el domingo siguiente a Pentecostés (este año el 11 de junio), en ceremonia que imaginamos solemne y aparatosa como corresponde a la época barroca en que tuvo lugar.

Como consecuencia de las leyes desamortizadoras del ministro Mendizábal, los frailes tuvieron que abandonar el convento doscientos años después, en 1835, aunque la iglesia permaneció abierta al culto como adyutriz de La Concepción, hasta el retorno de los religiosos en 1904, gracias a las gestiones del alcalde Julián Martínez-Iglesias. En 1936 se volvió a desacralizar, convirtiéndose el convento e iglesia en cárcel, para abrirse de nuevo al culto al terminar la guerra civil, a partir de 1939 aunque bien diezmado su patrimonio cultural.

En los años sesenta del pasado S. XX, la fachada sufrió una desafortunada restauración. Se sustituyeron las primitivas puertas de madera por las actuales, metálicas, fabricadas por el herrero local y vecino del convento José María Corbalán (colocadas el 4 de febrero de 1965), yendo a parar las originales a un anticuario de Polop de la Marina (Alicante), donde muchos años después pude contemplarlas personalmente, muy dignamente colocadas en su tienda de antigüedades. También entonces se chapó su paramento con plaqueta de ladrillo, imitando su anterior aspecto de ladrillo visto (que con buena fortuna desapareció en la restauración de 2006), y se sustituyó la antigua vidriera emplomada.

En 1982 la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, tras el informe favorable de la Rl. Academia de Bellas Artes de S. Fernando, incoó expediente de declaración monumental, siendo declarado BIC, con categoría de Monumento, por el Consejo de Gobierno de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia el 30 de abril de 2009 (BORM de 2 de mayo siguiente). Sobre las obras de rehabilitación y transformación del convento en moderno y confortable hotel entre los años 2005 y 2006, no me ocupo por cuestión obvia de espacio y por estar su recuerdo en la mente de los lectores.

El 3 de junio de 2017, la iglesia del convento acaba de cumplir 382 años de antigüedad.